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CANNES 2015 Semana de la Crítica

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Ni le ciel ni la terre: el enemigo invisible

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- CANNES 2015: Clément Cogitore firma un primer largometraje sorprendente y muy original dentro del panorama de joven cine francés sobre un grupo de soldados en Afganistán

Ni le ciel ni la terre: el enemigo invisible
Jérémie Renier (centro) en Ni le ciel ni la terre

"Puesto sur a puesto norte", "civil a la vista", avisos, patrullas, largas esperas, intercambios de disparos que atraviesan un silencio que rápidamente recupera sus derechos… es en territorio militar adonde se ha aventurado Clément Cogitore para hacer su primer largometraje, titulado Ni le ciel ni la terre [+lee también:
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y presentado en la Semana de la Crítica del 68º festival de Cannes. El tema del ejército, muy poco frecuente en el cine francés, aquí se aborda de manera bastante original: el marco de la acción es Afganistán y el hilo conductor son unas inexplicables desapariciones de soldados en mitad de los pedregales, el calor y el aislamiento. Los decorados los ha construido con mucho realismo e ingenio un director con un talento contrastado como plástico que sabe claramente crear atmósferas y desbloquear las fronteras entre géneros (la guerra y la fantasía, el suspense y la acción) y los centros de interés (el realismo y el misticismo).

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"¡Las bendiciones son para los muertos! Lo que uno necesita para volver entero a casa es sangre fría". El capitán Antarès Bonnassieu (el intenso Jérémie Renier) dirige con firmeza su regimiento en una misión de vigilancia de un valle entre las montañas afganas, al lado de la frontera con Pakistán. Salvo breves escaramuzas con los talibanes y relaciones a caballo entre lo diplomático y lo alborotado con los habitantes del pueblo, no ocurre nada. Desde las casamatas, se observan los alrededores, buscando lo inesperado tanto de día como de noche, intercambiando mensajes por radio o relatándose historias de recuerdos de Kabul, de cuerpos de soldados pulverizados y repatriados en ataúdes sellados que sólo transportaban un montón de arena. Sin embargo, esta rutina concluye con la desaparición inexplicable de dos soldados que parecen haberse volatilizado. Tras una inútil investigación repleta de acusaciones y amenazas (primero entre los propios soldados, después con los lugareños) y unas medidas de seguridad reforzadas, otra desaparición lleva a Antarès a abrir las negociaciones con los rebeldes talibanes, que también buscan, a la sazón, a hombres suyos evaporados en la naturaleza. ¿Qué ocurre en ese lugar? ¿Por qué los hombres comparten sueños perturbadores en los que los desaparecidos se encuentran en una gruta? Antarès repasa una por una las explicaciones racionales al misterio al tiempo que la angustia metafísica aumenta.

Ni le ciel ni la terre traza un retrato realista del día a día de los militares con la cámara al hombro y explotando a la perfección la amplitud de sus decorados naturales y de tecnologías como la cámara térmica y los visores infrarrojos, con los que sumergen (con una diversidad de agradecer) al espectador en la piel de los soldados. Jugando con el ritmo a la manera de El desierto de los tártaros, el director elabora con sentido una atmósfera amenazadora para hombres (encarnados con solidez, especialmente por Kevin Azaïsy Sâm Mirhosseini) que caminan demasiado asomados al precipicio, llevados por el vértigo y asaltados por creencias y mundos (el occidental y el oriental) demasiado diferentes. Construida sobre el principio de que "cuanto menos digas, mejor", el film (cuyo guion fue obra de Clément Cogitore con la colaboración de Thomas Bidegain) da a conocer a un cineasta que, aunque por desgracia se pierde un poco al abusar del misticismo y las metáforas, no deja de hacer gala de mucha audacia.

Ni le ciel ni la terre es una producción de la francesa Kazak Productions y la belga Tarantula que Diaphana distribuirá en Francia y cuyas ventas internacionales administra Indie Sales.

(Traducción del francés)

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