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SOLEURA 2016

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Pipeline: la libertad de perderse

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- El primer largometraje de Gabriel Bonnefoy, presentado en la sección Panorama suizo de las Jornadas de Soleura, es un viaje liberatorio de la búsqueda de sí mismo

Pipeline: la libertad de perderse
Una escena de Pipeline, de Gabriel Bonnefoy

Gabriel Bonnefoy ha presentado el estreno mundial en la 51ª edición de las Jornadas de Soleura Pipeline, un primer largometraje misterioso e hipnótico de sabor deliberadamente independiente. La suya es una búsqueda reivindicativa de independencia ligada al proceso creativo, libre de cualquier forma de limitación o constricción. Una necesidad de inmediatez y espontaneidad que lo ha llevado a producir su largometraje fuera del sistema clásico de producción y financiación. Pipeline ha visto la luz gracias al crowdfounding, en una especie de esfuerzo común a favor de la libertad artística. Una película fuera de los esquemas que refleja la voluntad de Gabriel Bonnefoy de crear urgentemente, capturando un huidizo “aquí y ahora”. Pipeline aparece impregnada de una energía en ciertas ocasiones autística, tan incontrolada como increíblemente espontánea.

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Elliot (un sobrecogedor Antonin Schopfer) es un hombre de treinta años de edad y aspecto hipster al que mandan a Alaska para llevar a cabo labores de manutención en el trans-Alaska Pipeline. Circundado por una naturaleza salvaje que parece fagocitarlo, Elliot pierde poco a poco el contacto con la realidad. Olvidado el objetivo real de su viaje, nuestro joven barbudo arranca una aventura humana a caballo entre el equilibrio y la locura. La naturaleza inexplorada se convierte en su nueva casa, en una especie de refugio atípico en el que encontrarse por fin a sí mismo. Pipeline es una película misteriosa, única en su búsqueda de un vocabulario estético espontáneo y onírico. A pesar de las referencias más directas a películas como Gerry, de Gus Van Sant, Pipeline recuerda la libertad formal de la corriente cinematográfica independiente americana (neoyorquina) Mumblecore, donde la locura de personajes aparentemente “normales” toma el lugar de lo real. Un sentimiento de soledad y desorientación inunda fuertemente el primer largometraje de Gabriel Bonnefoy. Elliot desea abandonarse totalmente al paisaje misterioso y desolado que lo rodea, consciente del peligro pero decidido a emprender un viaje existencial que ya se ha vuelto necesario.

La magnética y sensual banda sonora de L’Ironie Du Son, Fabio Poujouly y Guillaume Peitrequin y el trabajo de sonido de Nicolas van Deth envuelven las imágenes gracias a una mezcla perfecta de sonidos electrónicos y ambient decididamente acertados. El minucioso trabajo de sonido, la música y la voz de los protagonistas se amalgama de manera hipnótica con las imágenes que siempre van de lo real hacia lo irreal (¿existe realmente la chica que lo acompaña, interpretada por Pauline Schneider?). La voz fuera de campo del protagonista de esta atípica road movie iniciática desgrana uno por uno sus pensamientos (y sus emociones), único hilo conductor de un viaje que adquiere cada vez más similitudes con un autopsicoanálisis. La poesía que acompaña las imágenes, en ocasiones como un misterioso claroscuro, transforma la progresiva locura del protagonista en algo grandioso. Gabriel Bonnefoy nos lleva a reflexionar sobre el concepto de libertad, humana y artística, y sobre el significado de la palabra “locura” en una sociedad que nos desea a todos artificialmente iguales. Un film al que es preciso abandonarse lo antes posible. 

(Traducción del italiano)

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