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BERLÍN 2016 Generation

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Zhaleika: luchando contra la tradición

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- BERLÍN 2016: La ópera prima de Eliza Petkova muestra un mundo encallado en el tiempo, en el que hay que seguir reglas antediluvianas o sufrir las consecuencias

Zhaleika: luchando contra la tradición
Anna Manolova en Zhaleika

La ópera prima de Eliza PetkovaZhaleika [+lee también:
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—fruto de la colaboración entre dos escuelas de cine, la Deutsche Film und Fernsehakademie y la New Bulgarian University—, se ha proyectado en el ciclo Generation de la Berlinale. Esta producción de bajo presupuesto cuenta con uno de los equipos más jóvenes que hayan sido invitados al festival; el film narra la historia de Lora (Anna Manolova), una adolescente de un pequeño pueblo búlgaro que tiene que enfrentarse a las tradiciones para encontrar su verdadero yo.

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Desde las primeras secuencias, dos cosas son evidentes: Lora vive en un ambiente muy tradicional, en el que tanto la blandura como la rebeldía son despreciadas; pero, para ella, ese mundo no es su hogar. Ante decenas de ancianos que esperan en vano sus pensiones, Lora dice, "Yo no haré cola para cobrar mi pensión. Me la traerán a casa. Así es como funciona en las ciudades normales". Su voz crítica es recibida con asombro por los otros jóvenes, que saben perfectamente que las cosas no cambian tan rápido. 

La vida de Lora cambia cuando su padre, Stoyan (Stoyko Ivanov), muere. Si hasta ese momento, las "excentricidades" de la niña, sus vaqueros rotos y su comportamiento eran un fastidio para su familia, la reticencia de Lora a ponerse la zhaleika, una bufanda que se lleva en señal de luto, provocará la ira de su madre y sus vecinos. Si el queso se ha hecho de la misma manera durante miles de años, ¿cómo se van a consentir otras formas de luto? 

La directora de fotografía Constanze Schmitt ha filmado la película como un documental: a veces da la impresión de que la cámara se ha dejado encendida, capturando vislumbres de la vida real en el pueblo sin nombre. Y resulta efectivo: los viejos harán cola por sus pensiones hasta el fin de los tiempos, mientras que los hombres pasan las tardes (o los días y las noches) en el bar. Es un mundo inamovible, una sociedad de plomo, un metal tóxico que Lora trata de doblegar. Consciente de este conflicto, el espectador se pregunta continuamente si la joven lo conseguirá o si perecerá en el intento. Sin embargo, la historia no se centra en el "si", sino en el "cuándo" y el "cómo". 

Petkova construye la historia a base de contrastes: viejo y joven, ruidoso y callado. Después de una canción tradicional, interpretada por ancianas, muestra a Lora viendo un vídeo en YouTube y cantando un hit con su mejor amiga, Elena (Boyana Georgieva). Los gritos que siguen a la muerte de su padre ceden paso a un plano de las colinas majestuosas que rodean el pueblo, mientras que los comentarios atónitos de los viejos pueblerinos al ver a Lora sin su zhaleika se contraponen a imágenes de un bosque. 

Aunque la historia sufre de una excesiva previsibilidad, el guión escrito por Petkova no permite ningún exceso: el recorrido de Lora parece auténtico, y a esto ayuda el hecho de que un buen número de personajes son encarnados por los habitantes de Pirin. Aunque algunos de ellos no pueden evitar mirar directamente a la cámara —y la Tía Sijka, concretamente, merece el equivalente búlgaro del Razzie—, el rol de estas personas es, más bien, llenar la pantalla con un mundo que respira a un ritmo diferente. Y eso lo hacen a la perfección.

(Traducción del inglés)

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