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CANNES 2016 Quincena de los Realizadores

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Wolf and Sheep: como un lobo en el redil

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- CANNES 2016: La joven cineasta Shahrbanoo Sadat propone un film a la vez contemplativo y locuaz que nos revela un Afganistán secreto y todavía virgen

Wolf and Sheep: como un lobo en el redil

En muchos aspectos, Shahrbanoo Sadat es una cineasta única en su especie. En primer lugar, Sadar es una directora y productora afgana que trabaja en Afganistán, si bien su primer largometraje, Wolf and Sheep [+lee también:
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—programado en la Quincena de los Realizadores del 69º Festival de Cannes—, ha contado con el apoyo de una productora danesa y otros socios europeos. En segundo lugar, cabe mencionar su edad, pues esta pupila de Cannes, seleccionada en la misma sección en 2011 con el cortometraje Vice Versa One, se convirtió en 2010, con solo 20 años, en la participante más joven de Cinéfondation, donde trabajó precisamente en la película que acaba de estrenar. Por último, el mundo al que nos invita en esta obra a un tiempo bucólica y locuaz (nos) resulta completamente novedoso. Ciertamente, Wolf and Sheep nos descubre una comunidad de campesinos pobres y pastores que viven en montes inhóspitos, en una provincia aislada de un país de gran acervo en el que las tradiciones y mitologías antiguas perduran, intactas aunque también frágiles ante la amenaza que pende siempre sobre la aldea, como una loba nocturna que se acercara, lenta pero inexorablemente, al redil.

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Desde las primeras escenas, que invitan al recogimiento, hasta el final, que se precipita trágicamente, el film, acompasado todo el tiempo por el tintineo de las campanillas que llevan las ovejas, está impregnado de esa mezcla de apacibilidad no malograda e inquietud. El papel central de los niños en este relato a la vez armonioso y fragmentado (sin resultar brusco) corresponde a una contradicción del mismo orden, dando a la cinta un halo de inocencia, pero también de responsabilidad. En efecto, sin haber perdido un ápice de la algazara jovial de la infancia, las chiquillas pastoras que aparecen aseguran tomarse muy en serio su rol de guardianas de los rebaños, de la misma manera que los chicos, que por lo demás son unos pilluelos, se enfrentan a los rigores del mundo fabricando hondas. Aunque viven en total libertad, sin ser vigilados por los adultos, respetan de manera bastante estricta —pero sin ninguna clase de maniqueísmo, es decir, sin la violencia y la intolerancia que suelen acompañar a las prácticas de segregación— los roles que les asigna la tradición, incluyendo la regla tácita que dicta que los chicos y las chicas no deben juntarse.

Si el ambiente que reina en esta aldea en la que cada uno se dedica apaciblemente a sus actividades cotidianas es ciertamente sereno, al menos hasta el anochecer, no estamos ante una película tranquila: Wolf and Sheep (vendida en el extranjero por Alpha Violet) es una obra extremadamente locuaz. A lo largo del día, a medida que pasamos de un grupo al otro —de las chicas a los chicos, luego a las mujeres y a veces a los hombres, que aparecen bastante menos que los otros miembros de la comunidad a pesar de ser los miembros que poseen más riqueza (contabilizada en reses, pues la noción de dinero se ignora por completo en la aldea)—, oímos sus incesantes charloteos. Durante la primera mitad de la película, estos consisten principalmente en una retahíla de fábulas, siempre protagonizadas por animales, que explican los misterios del mundo. Más tarde, una vez que el espectador se ha familiarizado con los personajes principales, las animadas conversaciones se convierten en comadreos que revelan las relaciones entre los diferentes grupos, dotando de una coherencia humana a este universo pastoril. De esta manera, se configura ante nuestros ojos un unísono. Entre tanto, por desgracia, la loba carnicera se acerca paso a paso, inevitablemente.

(Traducción del francés)

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