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BERLÍN 2017 Berlinale Special

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Últimos días en la Habana: luces y sombras de Cuba

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- BERLÍN 2017: Con la historia de dos amigos que esperan el fin, cada uno a su manera, en una Habana que ya no es sino la sombra de sí misma, Fernando Pérez declara su amor a Cuba, su alma y su gente

Últimos días en la Habana: luces y sombras de Cuba
Patricio Wood y Jorge Martinez en Últimos días en la Habana

El boletín informativo que escucha Miguel (Patricio Wood) al principio de la película se pronuncia claramente sobre la cuestión: Cuba ya no es lo que era, pero todavía no sabe qué será. En esa tierra de nadie en la que el tiempo queda en suspenso, Fernando Pérez nos lleva de paseo, en Últimos días en la Habana [+lee también:
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, presentada en la Berlinale como proyección especial, por dos Habanas que coexisten: una ciudad alegre en la que se es feliz con poco (una bicicleta, unas ganas de bailar que contagian a todos los clientes de una tienda) y una capital abandonada a su suerte, cuya arquitectura, en el pasado fastuosa, se cae a pedazos. 

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Las dos facetas de la isla son representadas en este film por dos amigos de infancia, ahora con cuarenta y muchos años, que comparten el mismo apartamento, al menos por un tiempo. Primero conocemos a Miguel, taciturno y siempre agobiado, que friega platos en un restaurante y cuida a su amigo Diego, contando los días y las horas que faltan para obtener su visado para “Yuma” (el apodo que dan los cubanos a Estados Unidos) y acariciando una postal de “Yanquilandia” que cuelga de la pared de la cocina, su fiel aliada en una anodina rutina. Diego (Jorge Martínez), por su parte, vive otros “últimos días”: confinado a su cama, pasando por la fase terminal del sida, este homosexual que ha tenido que aferrarse a su vitalidad e independencia para afrontar el rechazo de su familia trata todavía de aprovechar al máximo una vida que tendrá que dejar, por más que le pese, y a la que ha amado con todas sus fuerzas; esto es así hasta tal punto que el espectador disfruta cada momento que pasamos junto a este moribundo divertido y tierno, de una traviesa ironía. 

Y, mientras que esperamos junto a los dos hombres, descubrimos, a lo largo de las visitas al enfermo y de las expediciones de Miguel al exterior, a otros personajes y fragmentos de la Cuba actual, donde la gente llega a no sentirse contradictoria al reclamar dinero e invocar la religión, criticando al mismo tiempo a los sospechosos de haber traicionado a la revolución. Algunos se marchan (quizás para hacer lo mismo en otra parte) o eligen salir adelante como sea (como la novia del hermoso mulato, que prefiere vender su cuerpo en La Habana a quedarse estancada). Otros no se van, como la sobrina Yusisledi (Gabriela Ramos), una adolescente descarada que no tiene pelos en la lengua, sino cariño en venta, y lleva ya en sí misma a la siguiente generación. Es ella la que un día logra reunir en casa de Diego a toda la “familia” que hemos conocido durante el film, ella es quien ha elegido Pérez como habitante temporal de este mundo en transición, con su alegría de vivir, que pervive a pesar de todo, pero también con su canciones tristes.

La cinta ha sido producida por el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (que se encarga además de las ventas internacionales) y las compañías españolas Besa Films y Wanda Visión

(Traducción del francés)

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