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LOCARNO 2017 Competición

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Good Luck: el cine como ritual colectivo

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- LOCARNO 2017: Ben Russell presenta a concurso su última película: un viaje a las profundidades de la humanidad entre rituales chamánicos y una brutalidad compartida

Good Luck: el cine como ritual colectivo

El artista y director de cine estadounidense Ben Russell conoce bien el festival de cine de Locarno. Aquí presentó en 2013 A Spell to Ward Off the Darkness [+lee también:
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(en la sección Signs of Life), codirigida con Ben Rivers. En esta ocasión, se enfrenta en solitario a la competición por el Leopardo de Oro con Good Luck [+lee también:
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, una película que ha brindado al público suizo un viaje único, más allá de las apariencias, hasta el abismo.

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La cinta arranca con una canción a cargo de un misterioso grupo musical. La luz desaparece al final de la canción, cuando la mirada de Ben Russell baja a 600 metros bajo tierra, hasta las vísceras de la tierra, acompañada de un grupo de mineros serbios. Good Luck ilumina gracias al cine la vida de quienes normalmente aparecen relegados en la sombra. El segundo grupo de hombres que observa Russell son los buscadores de oro ilegales de Surinam.

Good Luck sumerge al público en la dura realidad de dos grupos distintos de trabajadores mostrándonos lo importante que es el vínculo que los une, a pesar de las dificultades y la precariedad. “Lo que queremos es una vida mejor y un salario más alto y digno”: tal es el sueño de los mineros serbios que hablan con dificultad de sus sentimientos, riéndose de ellos, como si fuera preocupaciones demasiado fútiles como para interesarse por ellas.

Ben Russell no diferencia entre documental y ficción, como queriendo recordarnos que la ilusión del “realismo total” no es más que un objetivo insensato que pierde de vista lo esencial: el cine es, ante todo, una experiencia colectiva que nos permite observar la realidad desde un punto de vista diferente.

El cine de Russell es un cine que interpela al cuerpo y no solo a la mente, como si quisiera despertarnos de un sopor que no sólo nos ha vuelto ciegos sino también incapaces de escuchar nuestras emociones físicas. El cuerpo expresa de manera más directa lo que la mente tarda en elaborar. El cuerpo no miente. Good Luck provoca emociones claramente físicas: la duración de sus planos secuencia parece recordarnos que el tiempo es cruelmente relativo (los mineros trabajan durante más de ocho horas en el abismo de las minas y nosotros, el público, nos cansamos de permanecer sentados observándolos durante poco más de dos horas). Los rostros de sus protagonistas (filmados como si fueran screen tests warholianos de versión proletaria) nos observan reivindicando su presencia, por mucho tiempo que lleven olvidados. Ben Russell provoca al espectador, que, a su pesar, se ve participando en una experiencia de la que no podrá salir indemne.

El director no quiere imponernos una verdad, por así decir, “universal”, sino su verdad personal, su visión del mundo, si bien cuenta con algunas influencias innegables: John Marshall, Jean Rouch, Ben Rivers y Maya Deren y su cine ritual, a caballo entre etnografía y ceremonias ligadas a la profesión. Así, Ben Russell nos propone algo totalmente nuevo y personal. En su último trabajo, los “rituales” no están, como en el caso de Deren, ligados a prácticas ceremoniales sino que hay que buscarlas más bien en el apoyo colectivo de los mineros, en sus gestos repetidos, mecánicos e insistentes, como si quisieran liberarse de sus cuerpos.

Ben Russell, a través de su cine “etno-experimental”, nos abre los ojos ante la forma en que lo absurdo ha invadido nuestra sociedad de consumo, ante el desfase cada vez mayor que se crea entre los que dominan el mundo y quienes aparentemente no tienen derecho más que a una sumisión silenciosa.

Good Luck es una producción de KinoElektron y CaSk Films. Su agente de ventas internacionales es Stray Dogs.

(Traducción del italiano)

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