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TURÍN 2017

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Lorello e Brunello: desafiando la globalización

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- El nuevo documental de Jacopo Quadri, una reflexión filosófica sobre el paso de las estaciones que es un elogio a la idea del regreso a trabajar en la tierra, compitió en el Festival de Turín

Lorello e Brunello: desafiando la globalización

El nuevo filme de Jacopo Quadri, Lorello e Brunello, que compite en la 35ª edición del Festival de Cine de Turín, describe el paso de las estaciones a través de las vidas cotidianas de dos gemelos granjeros de mediana edad, Lorello y Brunello, que viven en la Toscana junto con sus parientes, quienes figuran en la película con sus diversas reflexiones sobre la naturaleza y el tiempo dictadas por una “sabiduría campesina”, y los tópicos ligeramente insípidos de los que proviene dicha sabiduría. Completan la película los pastos, las tierras de cultivo y los animales, que reivindican su lugar e imponen sus propios ritmos sobre el hombre y la película. El documental habla sobre el contraste entre el mundo globalizado y el mundo rural, o más bien sobre el impacto que la invasión del primero tiene sobre el segundo. El director narra el documental en cuatro partes, con las cuatro estaciones que marcan el curso natural de la vida, amenazada por diversos peligros como son las condiciones meteorológicas, una economía capitalista centrada en la riqueza y los lobos que rodean su pequeña granja (que es donde la metáfora se torna un tanto evidente).

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A pesar de su título, el protagonista del documental es Grosseto, en la Maremma, guardián de la sabiduría ancestral, que debe pagar un alto precio para poder soportar los tiempos modernos. Hacia el final del filme, se revelan las dificultades económicas y los problemas de salud que acompañan a toda una vida de trabajo, junto con la amargura del monólogo final de Ultimina, lleno de soledad y remordimientos, que revela la ausencia total de una nueva generación que continúe su oficio. La despoblación de las zonas rurales en Italia es una cuestión urgente ante una sociedad global cada vez más global.

El inmenso esfuerzo de ocupar unas cien hectáreas de tierra, la lentitud de la siembra y la cosecha y la suciedad del trabajo manual en el campo solamente llegan a esbozarse, porque el autor, traicionado por la impaciencia de mostrar un oficio que se ha llevado a cabo a lo largo de varios siglos, llena algo más de una hora y veinte minutos con diálogos cortos que funcionan bien como estrategia narrativa pero que carecen de espontaneidad, indicando un exceso de escenificación. Las pequeñas distracciones que emplean los dos hermanos, como los juegos de piedra, papel o tijera o el comer con amigos se utilizan para marcar el trabajo en los campos, en lugar de como una forma de construir un retrato antropológico general de la comunidad rural que el autor pretende representar.

A pesar de cierta suposición de que el director vuelve para filmar el tan noble y necesario campo, el documental padece de una superficialidad que a menudo acompaña a este tipo de obras. Un intento de darle un toque de poesía al filme sólo tiene éxito en una escena nocturna en concreto, marcada por la música de Philip Glass, y es ciertamente muy poética. Sin embargo, el resto del filme funciona como una descripción no especialmente minuciosa ni consistente de las diversas actividades a lo largo de toda la vida de los dos protagonistas, con escasos intervalos que representan escenas de vida en familia que no contienen ningún misterio concreto, que en realidad sólo sirven para hacer más plana la narración de banalidad diaria. 

Lo que se espera es que la gente siga hablando de la despoblación, el cambio y la migración. Un filme como Lorello e Brunello, aunque no haya sido creado desde un punto de vista típicamente estético, sin embargo ofrece una importante contribución a ello.

El filme fue producido por Gregory Panessa, Marta Donzelli y Jacopo Quadri para Vivo FilmUbulibri, en colaboración con Rai Cinema.

(Traducción por Marta Quirós)

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