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Entrevista - Venice Days 2014

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Laurent Cantet • Director

Laurent Cantet • Director

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El director francés Laurent Cantet ha rodado su sexta película, Regreso a Ítaca, en una terraza de La Habana, en donde cinco amigos reviven su juventud en Cuba, y las esperanzas y sueños que tenían en la época.

Cineuropa: ¿Por qué optó por rodar en La Habana?

Laurent Cantet: Llevo unos diez años yendo a Cuba con regularidad. Al principio fue para hallar localizaciones para Hacia el sur, que terminé rodando en Haití, y luego para presentar mis películas en festivales o para ver a gente que conocí durante mis vacaciones. Algo difícil de definir me sedujo desde el principio, como cuando uno se enamora. Cuba es también un lugar un tanto mítico para toda gente de izquierdas con un mínimo de compromiso; tiene un aura muy fuerte, aunque yo y muchos otros la pongamos en tela de juicio ahora. También es un sitio extraño, donde uno tiene la impresión de que comprende sólo una parte, de que siempre quedan cosas por descubrir.

Tuve la oportunidad de que me propusieran dirigir un cortometraje en la película 7 días en La Habana, por lo que pude conocer a un escritor cubano del que había leído toda la obra: Leonardo Padura. Empezamos a trabajar en este proyecto de corto y le propuse pensar en la historia de un exiliado que regresa y vuelve a verse con su grupo de amigos, inspirándome libremente en un extracto de uno de sus libros. Rápidamente comprendimos que los 15 minutos no iban a ser suficientes y dejamos de lado la idea durante un tiempo. Después, nos volvimos a ver y desarrollamos el guion hasta hacerlo un largometraje que conservara su forma inicial, pues yo pensaba que la forma teatral que teníamos en mente era la más eficaz. Pensábamos que desarrollando el guion íbamos a dilatarlo, a pasearnos por las calles de La Habana para encontrarnos ese ambiente tan especial, pero quise que nos quedáramos en una terraza, que hay que imaginar como una especie de balsa sobre La Habana: a un lado el mar, un agujero negro en el momento en que cae la noche y frontera y principio de otro mundo para un cubano; al otro lado, la ciudad, sus tejados y toda la vida que se desarrolla bajo ellos. De un plumazo, es la ciudad la que entra en el decorado.

¿Cómo construyó los personajes?

Hubo varias fases de escritura. Al principio, la redacción de las secuencias con las ideas generales. Hicimos sesiones de improvisación rápidas con actores que no necesariamente son los que al final aparecen en la cinta. Era para mí una manera de descubrir actores cubanos, de hacer un casting sin que resultara demasiado fastidioso. En estas sesiones pude comprobar que lo que teníamos que decir no era minucias. Los actores me dijeron enseguida: "es nuestra historia, ¡hay que contarla!". Una vez que el guion estaba escrito, hicimos muchas lecturas. Cada cual tenía la posibilidad de cuestionarse sobre lo que aparecía escrito. Yo no estaba allí para dar mi punto de vista sobre Cuba sino para dar la palabra a los cubanos.

¿Tuvieron problemas para rodar?

No. La película la hicimos de manera totalmente oficial. Entregamos el guion en la oficina que se encarga de todo lo que tiene que ver con el cine en la isla. Pasó por las manos del ministro de cultura, naturalmente, y nos dio la autorización para filmar. Después, no tuvimos el menor contratiempo ni el menor control. Leonardo Padura me decía que la cinta llegaba en el momento adecuado para poder hacerla. Esto también prueba que el país está cambiando, que se quiere reflexionar un poco sobre el pasado reciente, difícilmente cuestionable hasta el día de hoy.

¿Es una película sobre la desilusión?

Era importante que fuera una historia cubana porque justamente lo que quería era oír esas historias de la boca de quienes las han vivido, en cierto modo. Sin embargo, la cosa superaba el marco cubano hasta llegar a cada uno de nosotros, a todo aquel con un mínimo de compromiso y movido por un ideal. La cinta es espejo de toda esta generación, que Padura califica como generación perdida; esta generación nacida prácticamente con la revolución, que creyó mucho en sus valores y se implicó en ella. Tengo amigos, por ejemplo, que pasaban todas sus vacaciones haciendo cursos de alfabetización en el campo. Esta gente invirtió mucho y esperaban desempeñar un papel; sin embargo, cuando tuvieron edad para llegar a puestos de responsabilidad, el país les cortó las alas. Era el final de la URSS, que era de donde venía todo a Cuba. Como el bloqueo norteamericano continuó, el país se arruinó por completo y empezó lo que llaman "el periodo especial": un momento muy duro en el que la gente, literalmente, moría de hambre. Esta generación entendió de golpe que no podría desempeñar jamás ningún papel y perdió todo compromiso. El film relata estas desilusiones, traiciones, compromisos… que cualquiera pudo hacer. También habla del miedo; un miedo que impidió a unos pintar, a otros escribir, a otros incluso vivir. Un miedo que el personaje de Amadeo, que regresa del exilio, por fin ha logrado superar, lo cual constituye, sin duda, uno de los mensajes casi optimistas de la obra.

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