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Djo Munga • Director

Viva Riva!: los hijos de Sergio Leone en Kinshasa

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Djo Munga • Director

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desembarcó la semana pasada en Europa con motivo de su selección en el festival de Berlín, después de haber causado sensación en Toronto. Esta película de cine negro, sexy y chispeante en Kinshasa, ha seducido al público que abarrotó las salas de cine berlinesas deseando descubrir este ovni congolés. Cineuropa se reunión con Djo Munga, su director.

Cineuropa: ¿Tuvo claro desde un principio que iría a rodar a Congo?
Djo Munga: Acabé mis estudios en el INSAS de Bruselas a finales de los años noventa. Podría haber hecho mi primer largometraje en Bélgica, pero tenía las ganas y la necesidad de volver a Congo. Sin embargo, esta predilección personal no estaba acompañada por un plan político y logístico. El país estaba arrasado por la guerra civil y sufría una total falta de infraestructuras de producción y de mano de obra cualificada para sacar adelante un proyecto cinematográfico. Empecé a escribir y poco después hice un viaje al país para valorar si era posible rodar allí. Quería mostrar el Congo que yo conocí, moderno y efervescente; evitar un gusto excesivo por el pasado, por una edad de oro, digamos, solidificada. Kinshasa tenía que ser un personaje en la película.

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¿Cuáles fueron sus influencias?
Ya me gustaba el cine antes de iniciar mis estudios; me gustaban las películas populares, el cine de acción. A partir de ahí llegaron los primeros placeres como espectador. Cuando pensé en Viva Riva!, me pregunté qué serviría mejor a mi historia. Me di cuenta que el lenguaje del cine negro era el mejor medio para describir el Congo del que quería hablar. El cine policiaco permite abordar problemas sociales desde una base de pura diversión, ofreciendo al espectador una lectura fácil de la película. La voluntad documental era una de mis intenciones primigenias. En mi imaginario se acumulan las películas que vi en mi juventud: desde el cine de Hong Kong a Brian de Palma. Durante el rodaje, mi productor me decía a menudo que yo era un hijo de Sergio Leone.

¿Lo de rodar en Kinshasa es una apuesta en el plano técnico?
Rodar en Kinshasa era un desafío: había que adaptarse al terreno y a los medios disponibles. Tuvimos que excluir, por ejemplo, la posibilidad de rodar en 35 mm por motivos tanto presupuestarios como logísticos. Teníamos previsto rodar en formato digital cuando oímos hablar del D5. Con el visto bueno del director de fotografía, hicimos algunas pruebas y los resultados nos dejaron boquiabiertos. El proceso de rodaje cambió por completo, lo que no significa que el contraste fuese más sencillo: el trabajo de partida seguía siendo muy complejo, pero al final conseguimos los tonos muy vivos que yo deseaba.

¿Cómo reunió al equipo de la película?
Mi intención era tener un equipo mixto. El trabajo de preparación comenzó tres años antes del rodaje. Formamos a un personal joven, de unas quince personas, listas para trabajar con los quince expertos en cada puesto europeos. La idea era provocar una tendencia hacia la estructuración en la industria audiovisual local. El reparto, fundamentalmente no profesional, es también fruto de un trabajo de talleres montados junto con mi directora de casting. Hicimos una audición a unos 400 actores. Retuvimos a una veintena y los instruimos en dos sesiones de dos años de duración en total.
En lo que concierne a la financiación, disponemos de un modelo económico muy moderno, dirigido por tres empresas. La mía, Suka, establecida en Congo, nos permitió acceder a financiación estampillada del sur (Francofonía, ACP, Fonds Sud...), mientras que Formosa (Francia) nos consiguió la participación, entre otros, de Canal +; por último, gracias a MG Productions (Bélgica) conseguimos las ayudas de la Comunidad francesa de Bélgica. En cuanto a la difusión, la presentación en Toronto el pasado otoño dio la posibilidad a nuestro agente de ventas de encontrar salidas en Norteamérica y en los países anglófonos. La selección aquí, en Berlín, debería –eso espero– traer nuevos socios del mercado europeo.

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