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Alberto Morais • Director

“No creo en el concepto de familia”

por 

- El cineasta vallisoletano Alberto Morais compite en el festival de su ciudad natal con su tercera película de ficción, La madre, un film áspero, crítico y sin concesiones

Alberto Morais  • Director

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llega a Valladolid tras su premiere en el último festival de Montreal y días antes de su estreno, este viernes, en salas españolas. Es el tercer largometraje de Alberto Morais tras Las olas [+lee también:
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, interpretado por Laila Marull, Nieve de Medina y el muy joven Javier Mendo

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Cineuropa: ¿De qué inquietud tuya surge esta película?
Alberto Morais:
Se me ocurrió cuando explotó la Unión Soviética y su economía: cerraron los centros de menores y los orfanatos, y los niños dormían en el metro de Moscú. Vi un documental sobre ello y me impresionó. Eso se juntó con que no creo en el concepto de familia, muy manoseado, que remite a muchos dolores y genera frustraciones. También intento retratar mi tiempo, algo que han hecho antes muchos cineastas, desde Chaplin. Me gusta abrir pequeñas ventanas de lo cotidiano a través de las cuales el espectador pueda ver sucesos que existen, pues a veces nos auto engañamos y vivimos en un mundo donde creemos que no suceden barbaridades. Pongo de manifiesto esta guerra económica en la que vivimos, donde una clase está ganando a otra.      

¿Estamos sufriendo la tercera guerra mundial?
Exacto. Pero no se hace a través de las armas, pues supondría la aniquilación de los seres humanos, algo que no interesa a quienes se enriquecen. Me interesa más la gente que lo pasa mal que los poseedores de grandes yates, quizás porque estoy más cerca de aquellas víctimas. Nos enseñaron de niños que la historia es progresiva, pero hoy se dan grandes involuciones, como el trato a la inmigración, por eso me interesaba que en la película un inmigrante acogiera a un español. Y no quería moralizar, no creo en la etiqueta del cine social, porque el que hay es como un colchón para una progresía de clase media que así limpia sus culpas católicas. Yo prefiero incomodar.  

¿Es la familia una gran cárcel?
Sí, en Celebración está todo eso. Y en Fresas salvajes: me siento más cerca de estas películas o de Pasolini que de los Dardenne, con quienes me vinculo más con la puesta en escena, pero ese punto de vista desde un solo personaje se ha tomado mucho antes de que lo hicieran los hermanos belgas, en el género documental, por ejemplo.

¿Qué significó el paso del entonces proyecto de La madre por el Atelier de Cannes?
En la locura del Mercado de Cannes, focalizan la atención sobre un proyecto y los interesados se acercan: esto posibilitó la producción asociada con Paulo Branco y la colaboración de Eurimages: es un potenciador financiero. Así también entró Rumanía como coproductora.

¿Por qué tanto interés por los jóvenes y los ancianos en tu cine?
Me interesan los estratos sociales más vulnerables, desposeídos de sus derechos. Hay también algo atávico en unirte a tu propia madre: Miguel, el protagonista, se da cuenta de que no puede cambiar las cosas, que no hay solución; por eso el film refleja un fracaso, pero somos educados para creer que los problemas tienen solución, cuando a veces el remedio está en alejarse del problema.

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