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Roser Aguilar • Directora

"Agradezco a mis productores que no desistieran"

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- Cineuropa habla con la cineasta catalana Roser Aguilar tras la presentación de su segundo largometraje, el drama personal Brava, que compite en el 20º Festival de Málaga

Roser Aguilar • Directora
(© Festival de Málaga)

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tiene en Laia Marull su protagonista absoluta, dirigida por la cineasta catalana Roser Aguilar, que vuelve a estrenar tras Lo mejor de mí [+lee también:
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(2007). Con ese film opta a premio desde la sección oficial del 20º Festival de Málaga. Allí, la cineasta ha recibido a este corresponsal.

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Cineuropa: Parece que todas las películas que se estrenan en este certamen han tenido una gestación demasiado larga...
Roser Aguilar: Sí, en el caso de Brava, ha sido como un embarazo de nueve... años. Ya tenía ganas de llegar aquí y enseñarla. Ha sido laborioso: por un lado, yo no tenía prisa en plantearme las cosas y empecé en 2009 a escribir el guión. En 2012-13, parecía que iba a salir adelante, pero se paró; luego ha tenido que renacer, lo cual se lo tengo que agradecer a mis productores, que no desistieron, pues otros se hubieran ido corriendo.

Porque la historia que cuentas no es fácil, ni cómoda.
Efectivamente: por eso no es normal que hayan apostado por mi película, que no va a ser un taquillazo. Que sea incómoda tiene ese precio; ya me lo dijo un amigo, a quien le encantó: “no es el tipo de películas que se llevan ahora, ni es un thriller ni una comedia costumbrista... ¿donde te has metido, Roser?”

Quizás porque te gustan films de personajes, donde un suceso inesperado les vuelve la existencia del revés.
Sí, me van las películas de autor, que surgen de mis inquietudes personales. Otra cosa es el encargo, de hecho he estado a punto de hacer un par de ellos, pero por cosas de la vida tampoco han cuajado. Pero lo que sale de mis tripas es así: he salido intensa.

El cine tiene que ser también eso: un vehículo para abordar asuntos peliagudos.
Sí, es muy legítimo, pero en la práctica, cuando vas al mundo de la industria, a los productores, las televisiones y las distribuidoras, eso es muy impopular; tienen toda la razón y lo sé, pero mi trabajo no es pensar en eso, sino sacar la película adelante e intentar que se sume la gente al carro. Pero no es lo que se espera, y más en épocas como ésta, donde no hay mucho margen para apostar.

Y en este tiempo sin estrenar, ¿te has dedicado a otras tareas?
Sí, a la docencia. Me están ofreciendo ahora trabajos en publicidad. Vivir del cine es muy complicado, pues es un oficio mal valorado y peor remunerado, con procesos muy lentos.

En Brava abordas lo paralizante que puede resultar el miedo.
Eso es lo terrible. Nos estamos anestesiando hacia un montón de cosas, como la violencia de género. Ya está pasando que mucha gente está empastillada para soportar la vida. Y eso me da miedo.

¿Te has asesorado con psicólogos sobre el shock post-traumático?
Sí, hablé con dos psiquiatras diferentes y con psicólogas especializadas en mujeres que han padecido agresiones sexuales, y me hablaron de los síntomas de la disociación: tienen pesadillas y huyen del lugar donde sufrieron. Y de repente, en un momento de intimidad, les pueden asaltar los fantasmas en forma de agresividad. Eso lo hemos abordado en el rol protagonista, quien, huyendo, va hasta el final. Algo que nos puede pasar a todos.

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