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Kornél Mundruczó • Director

"El caos, la tensión y la presión"

por 

- CANNES 2017: El cineasta húngaro Kornél Mundruczó desvela las claves de Jupiter’s Moon, con la que compite en Cannes

Kornél Mundruczó • Director
(© Adrian Barci / Jupiter's Moon)

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, una obra deslumbrante que mezcla lo fantástico y lo milagroso con la inmigración en una sociedad al borde del estado policial y que lleva al director húngaro, ganador del máximo galardón de Un Certain Regard en 2014, a participar por tercera vez en su carrera en la competición del 70º festival de Cannes.

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Cineuropa: ¿Cómo se le ocurrió esta idea de un refugiado que puede volar?
Kornél Mundruczó: Cuando tenía 14 años, leí un libro titulado The Flying Boy y me dije: ¿debo creer en esto o no? Quise crear una historia en la que uno se preguntara siempre lo mismo de la misma manera: ¿debo creer en lo que veo o no? Es la relación personal que mantiene el espectador con lo que está mirando; así se abre un territorio de libertad para el público. Fui a un campo de refugiados hace cuatro años, antes de la crisis, y salí de allí conmovido. Pasé tres semanas rodando vídeos allí. Es un tema complejo pero todo aquello me parecía de un cruel… Y vi cómo un espejo me devolvía la pregunta: ¿qué significa ser europeo? Y me abría una cuestión moral: ¿qué podemos tener y qué no podemos tener? Al final, los dos elementos se mezclaron en un “y si un refugiado pudiera volar”.

El ritmo de la película es trepidante. Sin embargo, sus anteriores trabajos eran mucho menos acelerados. ¿A qué se debe?
Quería adoptar un lenguaje cinematográfico que reflejara el caos, la tensión y la presión que siento cada día en Budapest actualmente. Quería que no hubiera un segundo de pausa. La cámara y los actores se desplazan sin cesar para que no haya momento para reflexionar. ¡Presión, presión, presión! No hay respuesta y la película cae más veces de las que vuela. Esta velocidad también era esencial con una historia parecida a un cuadro del infierno a lo Jérôme Bosch, puesto que cuando nos acercamos nos perdemos en los detalles. Quería llevar esa idea al cine, que el espectador saliese de la película sin haber podido pensar en al historia y que fuera entonces cuando las imágenes empezaran a encajar. Evidentemente, hay una historia, la del doctor, pero intenté cubrirla permanentemente con música polifónica. Y si hay un mensaje, es que esa presión corresponde a nuestro entorno y nuestro miedo actuales. No sé si podemos escapar de ellos pero estar todo el rato allá arriba puede ser un medio de conseguirlo.

¿Qué puede decirnos justamente de los efectos especiales empleados para los diferentes vuelos de la película? ¿Fue complicado?
Pensaba que nada podía ser más difícil que trabajar con 200 perros como hice en Dios blanco [+lee también:
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pero hacer volar a un personaje lo fue mucho más. Sin embargo, era importante para la película y aquello fue objeto de un encendido debate: ¿había que mostrar el vuelo de manera frontal o solamente las reacciones? Opté por la primera posibilidad, ya que interpela al espectador, obligándole a pensar si lo encuentra o no creíble y comprometiéndolo físicamente, no intelectualmente, en la película. Por lo demás, estoy muy contento con el resultado en términos de calidad visual.

¿Fue difícil encontrar la financiación para la película?
Muy difícil. Y eso que no es una película cara. Me gusta el cine y crear escenas con multitudes y movimiento. Por ejemplo, me gusta mucho el Akira Kurosawa joven. Lo que quiero decir es que concibo el cine como un espectáculo y eso implica dinero. El presupuesto de esta película fue de cuatro millones de euros, lo que resulta bastante restrictivo para una película de este tipo. Ahora nos planteamos la cuestión de si ir a rodar una película a estudios estadounidenses con Bradley Cooper y un guion realmente bueno pero aún sin el 100% de la financiación. También tengo intención de cerrar una trilogía, puesto que había intentado hacer Jupiter’s Moon en el Reino Unido hacía ya años pero, cuando me harté de esperar, volví a Hungría para rodar Dios blanco, que sigue los pasos de la idea de Jupiter’s Moon. Ambas películas comparten raíces pero Jupiter’s Moon es más sombría y más ruda para los espectadores. Espero terminar la trilogía con la adaptación de la novela Hielo, del ruso Vladimir Sorokin.

¿Cómo piensa que se recibirá su película en Hungría?
No lo sé pero siento mucha curiosidad por descubrirlo. Todo es muy contradictorio, como mi país; a algunos les entusiasmará y otros se mostrarán radicalmente contrarios. La cinta intenta ser valiente y corre muchos riesgos para resultar provocadora. El arte, cuando es auténtico, es provocación. Como cuando descubrí a Fassbinder o como cuando uno está en un museo, se topa con una obra y se dice: "¿pero esto qué es?". Querer hacer arte en el cine actualmente es muy peligroso porque todo el mundo quiere ver la tele en el cine.

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(Traducción del francés)

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