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RÓTERDAM 2018

Alberto Gracia • Director

“Para mí, todo es ficción”

por 

- Con su segunda cinta, La estrella errante, el cineasta gallego Alberto Gracia regresa al festival de Róterdam, que ya visitó con su premiada ópera prima O quinto evanxeo de Gaspar Hauser

Alberto Gracia • Director

Alberto Gracia (Ferrol, 1978) vuelve al Festival de Róterdam cinco años después de presentar aquí su ópera prima, O quinto evanxeo de Gaspar Hauser [+lee también:
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, que fue premiada por la crítica. Ahora, en IFFR 2018, estrena mundialmente La estrella errante [+lee también:
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entrevista: Alberto Gracia
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, de cuya gestación y concepto habló con Cineuropa.

Cineuropa: ¿Contento de repetir en Róterdam?
Alberto Gracia: Sí, el festival es como mi segunda casa. Como mis películas son un poquito artys, como plataforma de lanzamiento este es el mejor sitio. No confiaba mucho en una película hecha con cuatro duros, pero al final les ha gustado. En Róterdam me dieron el premio FIPRESCI con O quinto evanxeo... Luego el film tuvo un circuito muy pequeño, pues era una película bastante complicada: esta de ahora es más entretenida, en el sentido en que divierte, es más cinematográfica.

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El planteamiento de ambos films es completamente distinto, partiendo de la fotografía, que ahora es en color en lugar del blanco y negro: ¿buscas nuevas narrativas, salió así, te apetece algo distinto…?
Las tres cosas: a nivel de rodaje y de preproducción fue puro azar. Por decirlo de una forma un poco pedante: fue una filosofía trágica de rodaje, abocada al desastre, porque fue bastante desastroso tanto la preproducción como el rodaje. Fue una manera de rodar donde yo estaba más ausente que presente, dando más cabida a la vida y no tanto a uno mismo como autor: no me dije “¡Cuántas ideas buenas tengo y mira qué película voy a hacer!”, sino que mis compañeros de rodaje me preguntaban “¿Tú sabes lo que estás haciendo?” Y yo tampoco les iba a mentir: “Pues no tengo ni idea, la verdad”, les decía. Sí que quería hacer una película sobre no muertos, donde la imagen electrónica de televisión se solape con la del cine, algo coherente con la naturaleza abstracta de la imagen digital. Siempre tiro de guiños meta cinematográficos, es decir, está plagada de guiños a la historia del cine como a la propia naturaleza de la imagen; tanto los personajes como la película hablan de la búsqueda, de la relación con la imagen, tanto entre ellos mismos, como yo con la película y el público con el resultado.

¿Fue el grupo musical Los Fiambres, que aparece en la película, la motivación o la semilla inicial?
La inicial es Rober Perdut, el cantante de la formación, cuya entrevista descubrí a posteriori: el montaje está condicionado por esa entrevista. Yo veo en ella muchas referencias simbólicas al imaginario colectivo: para mí la pieza central sería ya la entrevista que le hacen a Rober, en televisión, donde se ve que está absolutamente perdido y hace que quien esté enfrente esté perdido también. Para mí esa entrevista es La estrella errante. La estructura parte a partir de ahí: rodé influenciado por el psicoanálisis y por las primeras grabaciones científicas. Son las dos ramas olvidadas por la historia del cine: no me gusta el documental porque es algo más cercano a la propaganda que a la propia esencia de la imagen cinematográfica, y tampoco me gusta la corriente hollywoodiense de guion cerrado. A través de la ficción se puede llegar mucho más lejos que a través de un documento puro, así que lo manipulo y salen estos híbridos: para mí todo es ficción. Donde se debate el cine es entre verdad y ficción.

El sonido está más presente también que en tu anterior film: transporta y evoca más que la propia imagen.
La película se iba a llamar Eco, como la ninfa que estaba enamorada de Narciso, quien no era capaz de verla porque estaba enamorado de su propia imagen y ella desaparece y queda abocada a repetir las frases finales de lo que escucha: ya no es persona, sino simplemente una caja de resonancia. La paradoja de la era visual es que cuando todo es imagen, el sonido manda, que es lo que realmente fascina: la película tira por ahí. Eso te mantiene enganchado al extrañamiento de la imagen.

A los personajes del film… ¿los conocías o tuviste que buscarlos?
Mi colega más antiguo de los dos es Nacho Alonso, un artista fotógrafo vigués que trabaja mucho con retratos, y a Rober Perdut lo conocí en Madrid: me fascinó su imagen, su presencia. Fue difícil rodar con él, porque es muy disperso.

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