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CANNES 2019 Semana de la Crítica

César Díaz • Director de Nuestras madres

“Yo no quería hacer una clase de historia, quería interpretar la historia”

por 

- CANNES 2019: Hemos entrevistado a César Díaz, el director guatemalteco afincado en Bélgica, cuya primera película, Nuestras madres, se ha estrenado este año en la Semana de la Crítica

César Díaz • Director de Nuestras madres

César Díaz, cineasta guatemalteco formado en Francia y Bélgica, ha presentado Nuestras madres [+lee también:
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, seleccionada por la Semana de la Crítica de la 72ª edición del Festival de Cannes. La película trata de la identificación de los desaparecidos en el conflicto que dividió a Guatemala durante casi 20 años.

Cineuropa: ¿Cómo surge el proyecto?
César Díaz: Yo buscaba localizaciones para un documental en una ciudad donde se produjo una masacre durante la guerra civil. Las mujeres de la ciudad enseguida se pusieron a hablar, se creó un ambiente muy íntimo en torno a acontecimientos muy dramáticos. Eso me conmovió. Además, quería contar una historia más personal, que me interesaba mucho: la relación entre una madre y su hijo, la búsqueda del padre; y ahí es donde nace la película. Yo tenía dos temas que debían cohabitar, y tuve que encontrar un equilibrio, hacer vivir y evolucionar estas dos tramas narrativas al mismo tiempo.

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Ernesto y su madre, que se enfrentan a la identificación del padre desaparecido de Ernesto, ¿pretenden representar la Historia?
Yo quería partir del individuo, de la intimidad, para abordar un tema más grande, más universal. Necesitábamos que el espectador conectase emocionalmente; yo no quería hacer una clase de historia. Yo quería un argumento humano y de personajes.

Al principio, quería trabajar con actores amateurs. Pero después comprendí que esta película necesitaba un verdadero trabajo de actor. Eran ellos los que iban a traer la ficción. Además, quería presentar como un documento esta historia basada en un hecho real, que ocurrió en la misma ciudad donde grabamos.

Mi directora de fotografía y yo nos planteamos muchas veces cómo grabar las fosas comunes, los cuerpos o la osamenta. Hicimos varias pruebas y decidimos evitar todo lo que fuese demasiado estético, no era justo con nuestra historia, con nuestro punto de vista. Esta reflexión sobre la forma de articular el “documento” histórico y la ficción estaba permanentemente sobre la mesa. Teníamos mucha responsabilidad, pues se trata de una historia compartida por muchas personas en Guatemala. 

He intentado no victimizar a las mujeres que hemos grabado y que han conocido estas atrocidades. Evitar todo discurso paternalista y restituir su estatus de heroínas. Estas mujeres han permanecido de pie. Están mudas por una fuerza de vida increíble.

¿Ellas son las guardianas de la memoria?
Sí, y son ellas las que todavía sostienen el tejido social del país. Ellas también transmiten el saber. Sin ellas, el país se derrumbaría.

Ernesto, al reconstruir los esqueletos de los combatientes desaparecidos, contribuye a escribir la historia. ¿Cómo grabaste esos planos tan memorables del principio y del final de la película?
Hice muchas localizaciones en el Instituto Médico Legal para comprender el proceso científico. Y cada vez que los veía colocar los cráneos, los esqueletos parecían cobrar vida, como si surgiese la persona. Yo quería retransmitir esa sensación grabando esta operación desde arriba.

Devolverle la identidad a los muertos permite a las familias empezar su proceso de duelo y seguir adelante. También sirve para decir que no murieron por nada, aunque hayan pasado 40 años.

No se conoce el genocidio guatemalteco pero sí se conocen las dictaduras chilena, argentina… Sin embargo, hubo 200.000 muertos y 45.000 desaparecidos, y el mundo lo ignora. ¿Por qué? Porque eran indios. Hay que rehumanizar a las víctimas.

Una vez que nos hemos matado los unos a los otros, ¿qué hacemos con nuestros muertos? ¿Cómo nos curamos nuestras heridas? Nos queda trabajo por hacer en cuanto a la memoria. Para reparar el país, tenemos que empezar por las personas.

¿Cómo trabajaste con los actores?
Trabajamos mucho sobre la relación madre-hijo. Intentamos reconstruir su pasado y las elipsis del guión. De repente, cuando empezaba una escena, ya sabíamos dónde estaban los personajes. Armando Espitia y Emma Dib aportaron mucho y supieron crear una conexión inmediata. A veces, tenía la impresión de que mis personajes vivían solos, sin mí.

¿Es complicado grabar una película en Guatemala?
Es complicado en cuanto a la seguridad. Es un país muy violento. Estábamos acompañados por la policía y protegidos por seguridad privada. Políticamente, no hemos recibido comentarios, pero el guión no ha circulado, y además era una producción franco-belga. Dicho esto, como no había una estructura a nivel cinematográfico, tuve cierta libertad. Además, el equipo, que venía de Francia, Bélgica, México y Guatemala, consiguió establecer un lenguaje común.

(Traducción del francés)

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