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Lluís Miñarro • Director de Love Me Not

“Me gusta incomodar creativamente al público”

por 

- Lluís Miñarro ha inaugurado, en la capital de España, Filmadrid 2019, con su segunda película de ficción, Love Me Not, que vivió su estreno mundial en el último festival de Róterdam

Lluís Miñarro • Director de Love Me Not
(© Helena Becerril/Filmadrid)

Lluís Miñarro es uno de los productores más atrevidos del cine español, impulsor de la carrera de talentos como los de Albert Serra o Sergio Caballero, además de ganador de la Palma de Oro de Cannes (con Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas [+lee también:
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).
En sus dos películas de ficción, en las que ha ejercido de director – Stella cadente [+lee también:
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entrevista: Luis Miñarro
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y Love Me Not [+lee también:
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entrevista: Lluís Miñarro
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- también ha huido de miedos y etiquetas, enarbolando con orgullo travesura y picardía. Con la última de ellas abrió el pasado jueves, 6 de junio, la edición número cinco de Filmadrid (más información aquí), pretexto para charlar amigablemente con él.

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Cineuropa: ¿Cómo ha sido acogido por el público tu último film en festivales tan variados como Róterdam, Las Palmas, Moscú, D’A de Barcelona o ahora Filmadrid?
Luís Miñarro: Todo ha sido muy interesante, sobre todo en Moscú. Como Love Me Not aborda el tema del imperialismo, la gente la interpretó por ese lado e incluso comparaba la bandera inventada que sale en la película con la suya. Y alguien me dijo que encontró en el film la libertad de otros artistas españoles, como Picasso; en el fondo, lo encontraron muy español… y en el plano sexual lo asociaban con Almodóvar.

De hecho, en Love Me Not se perciben referencias pictóricas…
Sí, hay una decisión cromática que representa el periodo en que transcurrió la historia de Salomé: el azul celeste y el albero de la tierra, muy utilizados en el antiguo Egipto. Además, surgen algunos recuerdos pictóricos míos a la hora de componer las imágenes, algo que ya pasó en Stella cadente.

En aquella película reinterpretabas un momento histórico. En Love Me Not también ubicas la acción en otra fecha de la Historia, más reciente.
Me gusta intentar ver la vuelta –como si fuese el forro de una chaqueta– de la historia: siempre intento buscar qué hay en el otro lado, para así entender la vida. Aunque, a veces, cuando levantas la alfombra, te puedes encontrar cosas feas.

¿Y por qué ubicarla en esa guerra concreta?
Esa contienda me afectó mucho: nada de lo que hay en el film está ahí por casualidad. Los soldados Hiroshima y Nagasaki no se llaman así por azar. Y que Lola Dueñas aparezca, en un sueño, como la loba capitolina representa al imperio romano. Al ubicar el mito de Salomé en el presente hay una necesidad de señalar, indirectamente, la situación mundial, pero con detalles: aún vivimos con las leyes del imperio romano. Luego sufrimos las dos guerras mundiales y, visitando un museo en Nagasaki, me impresionó mucho que, aunque Japón pedía la rendición, los americanos tiraron las bombas atómicas, quizás no sólo para experimentar, sino para avisar al resto del mundo sobre quién mandaba. Ese momento marcó ya nuestro presente. Y situé la acción de Love Me Not en Irak porque se ha puesto al revés esa parte del mundo, primero Afganistán y después Siria: por proximidad geográfica, esos problemas nos llegan a Europa. 

Resulta difícil encuadrar además tu película dentro de un género cinematográfico concreto…
Sí, por eso está dividida en dos partes y un epílogo, con cierta teatralidad, sobre todo en la segunda parte, más melodramática. Me gustaba hacer una especie de western en su primera parte, con la fraternidad entre los dos soldados, que son como El Gordo y el Flaco, personajes contrapuestos típicos del cine mudo, representando dos maneras distintas de entender el mundo. La segunda parte es como un melodrama sirkiano.

Al maestro Douglas Sirk le dedicas el film.
Sí, por su capacidad de sublimar la esencia del melodrama: en Love Me Not es evidente con ese final, con la nieve cayendo sobre ciudad de México, algo imposible. Esa especie de abstracción, presente en los films de Sirk, me interesaba introducirla en mi película. 

El surrealismo aparece aquí como en Stella cadente: ¿Lluís Miñarro no se pone etiquetas ni corsés, ni como director ni como productor?
Así es: yo respondo de mis vivencias personales. Te lo digo de verdad: mi vida es así y, a veces, me cuesta casi distinguir qué es realidad o qué es sueño. Le doy mucha importancia a éstos: escribo los que he tenido durmiendo, durante la noche, porque son reveladores e incluso son vivencias que has experimentado, que te afectan orgánicamente. De ahí que también enlace con Calderón o Cervantes en la manera de pensar: por eso tiene la película aspectos buñuelianos, pues todos poseemos una imagen distinta de la realidad. Eso lo aplico al cine: me gusta incomodar en el sentido creativo, para que el espectador reflexione o se plantee algo; es una necesidad –incluso una responsabilidad– de toda disciplina artística, el provocar un tipo de reacción, la que sea.

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