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José Luis Garci • Director de El crack Cero

"Soy fiel al cine que he aprendido"

por 

- Con El crack Cero regresa a la cartelera española José Luis Garci, un cineasta que ama el cine clásico, recuperando a los personajes de su anterior éxito El crack

José Luis Garci • Director de El crack Cero

José Luis Garci (Madrid, 1944), vuelve a la actualidad, tras siete años sin rodar, con El crack Cero [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: José Luis Garci
ficha del filme
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, precuela de El crack, de 1981. Filmada en esta ocasión en blanco y negro, regresa a los mismos personajes, pero con actores nuevos y con un espíritu aún más apegado al celuloide clásico.

Cineuropa: ¿Ha costado mucho levantar esta película?
José Luis Garci:
Sobre todo porque me pilla con cierta edad: ya soy un tipo fatigable. Cuando era joven y tenía vigor, la cosa era distinta, pero ahora todos esos temas de derechos de antena, bancos y el Ministerio me cansan. En cambio, lo que menos cansa es el rodaje, porque cinco semanas se pasan en un momento, y en el montaje me lo paso maravillosamente bien. La he producido con José Alberto Sánchez, quien se ha encargado de todo ese mundo de la postproducción, que es muy estresante para mí porque soy una persona analógica. Ahora me cuesta mucho tirar solo del carro.

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La imágenes que aparecen en El crack Cero de una Gran Via madrileña repleta de cines. ¿Se filmaron en el pasado y las has recuperado ahora?
Sí. No son de archivo, son mías: rodadas de otras películas como Solos en la madrugada, El crack, El crack Dos, La herida luminosa... Las hemos recuperado y las que eran en color, las hemos pasado a blanco y negro. Y las que eran en scope, como Tiovivo c.1950, las hemos ajustados al formato de El crack Cero. Sería imposible que apareciera en el film la Gran Vía ahora, pues entonces había allí catorce salas de cine y ahora hay solo tres: antes era una calle cosmopolita que recordaba a Nueva York y Times Square, y ahora, que tampoco está mal, recuerda a Blade Runner.

La Gran Vía ha cambiado y el cine también lo ha hecho en estas últimas décadas, pero tú sigues siendo fiel a ti mismo. ¿No te han influido el tiempo ni las modas?
No, yo soy un hijo de las películas de los años cuarenta y cincuenta, de las salas de barrio. Yo no fui a la escuela de cine y lo aprendí mirando los melodramas de Douglas Sirk, los westerns y las películas de terror. Tengo una formación que ahora es clásica, pero entonces era de las películas que me gustaban. Soy fiel a lo que he aprendido: es absurdo que yo ruede una película con drones, porque no sabría.

El crack y su secuela fueron filmados en color. ¿Por qué la precuela la has rodado en blanco y negro?
Pues para hablar de un tiempo especial, como era el final de una época –el franquismo– y el comienzo de la transición española, que todavía arrastraba esta tonalidad del NO-DO. En esta precuela, de género negro, la atmósfera y el clima, de un tono especial, se consigue mucho más fácil utilizando el blanco y negro, que te da facilidad para moverte con los tejidos, con la ropa, con una textura mejor, y con los muebles, la luz, las lámparas, dando una sombra especial, ayudando a recuperar la luz de Perversidad o La mujer del cuadro.

Sorprenden los valores arraigados de tus personajes, que no aceptan el maltrato a las mujeres o el abuso a los menores... Hay una frase que se escucha que reza: “Si un crimen no queda castigado, el mundo se vuelve peor“...
Sí. El cine negro permite emplear ese tipo de frases y diálogos. Cuando hice El crack yo era aficionado al policiaco catalán, a películas como A tiro limpio, de Francisco Pérez Dolz, o las de Julio Salvador. Esos cineastas me animaron a hacer cine negro aquí en España.

¿Tienes intención de seguir rodando?
No me atrevo a decir nada. Lo veo difícil, no creo... Yo no tenía ansiedad por rodar. Hacía un programa de radio, donde hablaba de fútbol y boxeo; he escrito varios libros; he paseado, oído música y he tomado copas con mis amigos y no lo necesitaba ni lo echaba de menos. Esto ha sido una unión de casualidades, a nivel personal y sentimental. Cuando hacíamos el programa de televisión ¡Qué grande es el cine! mucha gente me dijo que le sirvió para descubrir a Michael Powell o a Dreyer. Lo que me gustaría ahora, con esta película que se estrena, es no defraudar a la gente que vio aquel programa: que aquella pasión por el cine que sentíamos siga viva, pues he hecho una película como las que veía de niño en el cine y me reconfortaban.

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