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SEVILLA 2019

Marc Vigil • Director de El silencio del pantano

"El cine que vemos acaba formando parte de uno mismo"

por 

- Con El silencio del pantano, film presentado en el Festival de Sevilla tras haberse estrenado en el de Busan, se estrena en el cine el asturiano Marc Vigil

Marc Vigil  • Director de El silencio del pantano
(© José Antonio de Lamadrid)

Marc Vigil (Avilés, 1975) debuta en el cine con El silencio del pantano [+lee también:
entrevista: Marc Vigil
ficha del filme
]
, adaptación a la pantalla de la novela homónima de Juan José Braulio Sánchez, tras haberse fogueado dirigiendo teleseries como El Ministerio del Tiempo, 7 vidas y Aída. El film, tras su paso por Busan, se podrá ver en el 16° Festival de Cine Europeo de Sevilla dentro de su sección oficial, fuera de concurso.

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Cineuropa: ¿Qué te atrajo de la novela original para estrenarte con ella en la dirección cinematográfica?
Marc Vigil:
A diferencia de muchos amigos míos, en vez de optar por el mundo del cortometraje y empezar con un proyecto personal, lo he hecho distinto: me interesó la televisión porque me daba la opción de enfrentarme realmente a lo que es dirigir, que es como manejar una orquesta, trabajar con actores y gestionar un montón de cosas. He crecido mucho en la televisión y el cine -que me apasiona- lo había dejado de lado. De El silencio del pantano me atrajo que es una película de género y una oferta que me llega en el momento adecuado. Hace años que me tentaron para hacer cine, pero rechacé la opción por falta de tiempo, porque andaba metido en muchas cosas y surgió de repente la ocasión cuando Zeta Cinema me plantea esta novela, que se mueve en el mundo de la corrupción y que tiene algo de reto su adaptación, así que me parece interesante. Fue una buena opción, pues siempre me ofrecían comedias y aquí tuve la sensación de que podía alejarme de un thriller convencional y jugar más con los personajes.

¿Qué se ha tenido que sacrificar y dejar por el camino en la adaptación de la novela al cine?
Muchas cosas, de hecho la película se aleja bastante del libro. Me gusta que su protagonista sea un tipo que está en el lugar y momento equivocados, como en un clásico western. La novela tenía eso: allí hay dos historias, la del escritor y luego la historia que éste escribe. Así que tuve que eliminar lo que está escribiendo, una historia clásica de novela negra, y me quedé con la base: un escritor de éxito que tiene un secreto, descubrimos que asesina gente y todo se le vuelve en contra cuando aparece alguien todavía peor, que viene a por él. Me parecía interesante ese juego y hacer un relato más al estilo de Brian de Palma o Alfred Hitchcock, donde el espectador va descubriendo cosas que le llevan a la conclusión, pero no sabes si lo que pasa es real o es lo que está escribiendo.

La película recuerda en algún momento a American Psycho, de Mary Harron, que adapta el superventas de Bret Easton Ellis. ¿Qué otros cineastas admiras, además de los mencionados antes?
Desde hace muchos años me fascina lo que se está haciendo en Corea. Me gusta también mucho David Fincher, cuyo cine cada vez es más clásico y preciso, pero también me vuelven loco John Huston, Sam Peckinpah o Sidney Lumet. Todo este mundo cinematográfico del que bebemos acaba formando parte de uno: hay una mezcla de todos ellos en lo que intento hacer.

¿Has tenido que cambiar de lenguaje respecto a la televisión o ya no hay mucha diferencia entre el lenguaje televisivo y el cinematográfico?
No he tenido que cambiar la forma de trabajar, porque yo he peleado mucho en la televisión por cambiar la fórmula. Nadie se inventa nada, pero la televisión donde empiezo a trabajar es heredera de la realización de programas y desde el punto de vista narrativo me interesaba poco, pero era aquélla una oportunidad estupenda para rodearme de actores buenos y trabajar con ellos. A medida que creces en la profesión, intentas generar otros códigos o imitar a la BBC y a HBO. Con los años, las cosas han ido cambiando, intentado eliminar el concepto realización y dándole a las series una mirada, es decir, que el director cobre peso y las historias se cuenten a través de sus ojos: poner un foco. Me fui unos años a México y a la vuelta rodé la serie El Ministerio del Tiempo, donde empezamos a jugar con el estilo narrativo, dentro de los medios que teníamos, empezamos a inventar fórmulas más cinematográficas, jugando a todo tipo de géneros y a rodar capítulos que hacían referencia a Ernst Lubitsch o Billy Wilder. Por todo esto no me ha costado adaptarme al cine. Lo difícil ha sido que tienes más tiempo: en la televisión estás entrenado a resolver situaciones porque tienes muchos menos medios. La tele te ayuda a buscar soluciones, y eso es muy bueno para contar historias. Con una película, te metes en una sala de montaje y haces una nueva versión de la historia.

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