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BLACK NIGHTS 2019 Competición

Fatos Berisha • Director de The Flying Circus

"Vivíamos en un mundo surrealista, y el humor era una forma de sobrevivir y preservar nuestra cordura"

por 

- Charlamos con el director y guionista kosovar Fatos Berisha sobre la absurda y surrealista The Flying Circus, presentada en competición en Tallin

Fatos Berisha  • Director de The Flying Circus

En su nuevo largometraje, The Flying Circus [+lee también:
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entrevista: Fatos Berisha
entrevista: Fatos Berisha
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, el conocido director y guionista kosovar Fatos Berisha narra un viaje por carretera, absurdo e inesperado, del que también formó parte. La película, ambientada al principio de la guerra de Kosovo, sigue a una compañía de teatro de Pristina que representa una obra inspirada en Monty Python, y que tiene que cruzar la frontera de forma ilegal para participar en un festival de teatro en la vecina Albania. Antes de su estreno en la 23ª edición del Festival de Cine de Tallín Black Nights, hablamos con Berisha sobre su historia personal, su relación con la película, la situación absurda de Kosovo durante aquella época y cómo la cultura puede ser la mejor forma de representar a una nación.

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Cineuropa: The Flying Circus narra una historia inesperada. ¿En qué te inspiraste para contarla y qué dificultades implicó?
Fatos Berisha: Inspirarme para narrar esta historia fue bastante fácil porque formé parte del increíble viaje que retrato en la película. Sin embargo, lo más difícil fue escribir el guión. Me llevó muchos años decidir si hacerlo o no, y fui el último del grupo de teatro itinerante en intentar captar esta historia y plasmarla en un papel. Mientras tanto, los demás lo intentaron pero no consiguieron acabar un guión similar. Después de completar mi guión, me di cuenta de que el motivo que me llevó a embarcarme en este viaje fue ser testigo de esta historia para después escribirla. Debo mencionar que oficialmente no formaba parte de la obra, sino que acompañé a los actores para ayudarles con las luces y los sonidos, ya que los técnicos del teatro tenían miedo de embarcarse en un viaje tan peligroso.

El viaje que emprende el grupo se desarrolla en un entorno bastante absurdo, que encaja con el universo de Monty Python. ¿El contexto de la época era tan absurdo?
Es bastante exacto. Era como vivir en un mundo absurdo, aunque quizás la palabra “surrealista” sea más exacta. Y probablemente, el humor era una forma de sobrevivir y de conservar la sensatez. En los años 80, nos criamos viendo comedias británicas en la TV, y la película tiene muchas influencias de Monty Python’s Flying Circus, al igual que la obra de teatro. Vivir en ese entorno surrealista entre las Guerras de los Balcanes y la posterior década de apartheid que precedió a la Guerra de Kosovo: mi escritura está influenciada por todos estos acontecimientos porque es una comedia. Quizás por eso necesitaba tiempo para tomar distancia de los acontecimientos y empezar a trabajar en el guión.

¿Cuánto se ajusta la película a la realidad y cómo afectó el cierre del teatro Dodona de Pristina?
La película se basa en hechos reales, y el cierre del teatro de Dodona también fue real. Lo mismo ocurrió con el resto de instituciones públicas gestionadas o utilizadas por albano-kosovares. El cierre del teatro de Dodona no ocurrió por motivos económicos o artísticos, sino que fue parte de la estrategia del régimen del dictador serbio Slobodan Milošević en los años 90. Fue un apartheid único en el centro de Europa, que convirtió a los albano-kosovares en ciudadanos de segunda o de tercera clase.

¿Cómo fue trabajar con tus actores en una road movie tan exigente?
Me encanta trabajar con actores. Trabajo en teatro y TV y trabajar con actores, en especial ensayar, es algo que disfruto y que me sale de forma natural. Ensayamos durante un mes antes de grabar porque The Flying Circuses es una road movie y su programa es duro puesto que incluye grabar en tres países. Quería que mis actores –Armend Smajli, Tristan Halilaj, Afrim Muçaj y Shpëtim Selmani– se aprendiesen todos sus diálogos antes de empezar. Eso nos ayudó mucho durante el rodaje, y los ensayos también me ayudaron a dar los últimos retoques al guión y a adaptar algunas de las escenas.

En tu película se oye la frase: “La cultura es la mejor representación de una nación”. ¿Tú crees en ella? ¿Cómo se aplica a Kosovo en la actualidad?
Kosovo es un país joven que tuvo un nacimiento complicado, en términos médicos. Tuvimos que reconstruir simultáneamente nuestras vidas y el Estado. La cultura proporciona una gran atmósfera que puede ser utilizada por los estados que buscan reconocimiento. En particular, las películas son un gran medio para contar historias.

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(Traducción del inglés)

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