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EL CAIRO 2020

Florian Zeller • Director de El padre

"Anthony Hopkins es el mejor actor vivo"

por 

- Florian Zeller, el dramaturgo francés con las obras más exportadas del mundo, nos habla de sus primeros pasos como director con El padre, brillantemente interpretada por Anthony Hopkins

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, que se estrenó en Sundance y obtuvo el Premio del Público en San Sebastián, abre hoy la 42ª edición del Festival Internacional de Cine de El Cairo. Se trata del primer largometraje de Florian Zeller, el dramaturgo francés más interpretado del mundo, que ha decidido adaptar su propia obra para convertirla en una película de habla inglesa, protagonizada por Anthony Hopkins y Olivia Colman

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Cineuropa: ¿Por qué decidiste convertirte en director de una película en lengua inglesa, Le père, que además es la adaptación de una de tus obras? 
Florian Zeller: La obra fue escrita en francés, en Francia, en 2012; y ha viajado por muchos países, sobre todo gracias a Christopher Hampton, el traductor de mis obras en Inglaterra. Por lo tanto, ya tenía experiencia trabajando con actores que hablan otra lengua y eso me brindó grandes experiencias. El público venía a vernos después de cada representación para contar y compartir sus propias historias. Yo sentía que era una especie de catarsis. A menudo, frente a experiencias difíciles o a miedos intimidantes, tenemos la impresión de que somos los únicos que experimentamos este tipo de problema. El arte también está ahí para recordarnos que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, que todos estamos conectados a esta humanidad dolorosa, conectados los unos con los otros, y que hay una especie de consuelo agradable en dicha sensación. Fue en ese momento cuando tuve el deseo consciente de hacer una película, para acercarme más a esas emociones. Cuando empecé a soñar con esta película, me venía a la cabeza constantemente el rostro de Anthony Hopkins, y decidí hacerla en inglés para trabajar con él. Evidentemente, yo sabía que era un sueño difícil de cumplir porque yo soy francés, porque era mi primera película y porque hablamos de Sir Anthony Hopkins. Trabajé en el guion con la intención de enviárselo y por eso el personaje se llama Anthony. Se lo envié a su agente, esperé unas semanas y un día, un número desconocido apareció en mi teléfono. Era su agente, que me llamaba para decirme que Anthony Hopkins quería verme. 

¿Hasta qué punto modificaste la obra mientras escribías el guion junto a Christopher Hampton? 
Mantuvimos el principio narrativo que daba singularidad a la obra, es decir, contar la historia desde dentro, lanzar al público hacia un laberinto de incertidumbre, ponerlo en la posición activa de intentar comprender lo que ocurre, como si experimentara lo que es perder el propio rumbo. Era una manera de jugar con esa sensación de desorientación y eso, me parecía, era una trayectoria bastante cinematográfica: estar en el laberinto mental del personaje. Eso venía de la obra, pero yo no quería grabar una obra de teatro, por lo que quería trabajar en el decorado y en la forma visual de contar la confusión de una persona, sobre todo en el apartamento, como si fuera uno de los personajes principales. 

Mi convicción inicial es que el público es muy inteligente. Yo no quería ponerle las cosas demasiado fáciles, quería que la película fuese como un puzzle, que el espectador se vea obligado a jugar con las piezas, a probar diferentes combinaciones para intentar comprender lo que ocurre: ¿Quién es este personaje que acaba de aparecer y quién finge ser alguien que no es? ¿Y esta escena que parece ir antes no debería ir después? El espectador participa activamente en la elaboración de la historia porque yo creo que es un placer especial, en todo caso es el mío como espectador, no limitarme a ver una historia ya contada. Su singularidad reside en que todas las combinaciones no funcionan ni lo harán jamás, pues siempre faltará una pieza del puzzle. Para que, en un momento dado, el cerebro se vea obligado a dejarse llevar, a aceptar que no puede comprender todo, de repente pasa una cosa: podemos comprender la historia en otro plano más emocional. Es decir, a pesar de dicha complejidad narrativa, llegar a una línea de simplicidad casi extrema, de pura emoción, en un entorno que todos tenemos en común, esa vibración de amor y de miedo.  

¿Cómo has equilibrado los aspectos cómicos y de suspense con un tema tan trágico como la demencia senil? 
Yo sólo quería que, al cabo de tres minutos, el público pensara: de acuerdo, lo entiendo, esto trata de la demencia senil y estamos en la cabeza del personaje principal. Por eso la película se abre hacia un tono diferente, que roza el thriller, y Anthony Hopkins es el mejor vehículo para dichas sensaciones, pues es el maestro de la ansiedad, de la incertidumbre. Él es como una falsa pista donde la película entra en un territorio de angustia para evolucionar hacia varias emociones diferentes hasta llegar al drama más íntimo y psicológico de este personaje que lucha contra la demencia senil. Y en esa trayectoria, intenté explorar diferentes facetas, incluyendo a veces el humor porque en la pérdida de referencias también hay situaciones divertidas.    

¿Esta experiencia ha contribuido a que te interese la dirección cinematográfica? 
Es una aventura magnífica e intensa. Para mí, Anthony Hopkins es el mejor actor vivo. La forma en que se entregó a esta película; su valentía, ya que es poco común que un actor de 83 años decida interpretar a un personaje opuesto a lo que ha hecho hasta ahora, sin ninguna reserva, sin ninguna red, con una generosidad excepcional, eso me impresionó mucho. Y ver también a Olivia Colman, que es una de las actrices más humanas, más puras y más brillantes que conozco. Fue mágico tener la oportunidad de trabajar con ellos. Conservo un recuerdo maravilloso y feliz, y lo único que deseo ahora es hacer otra película.

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(Traducción del francés)

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