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España

Margarita Ledo Andión • Directora de Nación

“El mío es un film anti poder: sobre todo del patriarcado”

por 

- La cineasta y docente gallega obtuvo con este documental de lucha feminista el Premio Especial a la Mejor Dirección de un estreno español en la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla

Margarita Ledo Andión • Directora de Nación
(© Tamara de la Fuente)

Margarita Ledo Andión (Castro de Rei, Lugo, 1951) es cineasta, escritora y catedrática de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Santiago de Compostela. Con su última película, Nación [+lee también:
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, obtuvo el Premio Especial a la Mejor Dirección de la Película Española que tenga su estreno nacional o mundial en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2020. Desde Santiago, la cineasta atiende la llamada de este corresponsal para hablar de este largometraje que hoy, 26 de marzo, llega a las salas cinematográficas españolas.

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Cineuropa: Es inevitable emplear el adjetivo feminista para referirse a Nación: ¿es ésta una batalla que no acaba nunca?
Margarita Ledo Andión:
Así es. El problema es el cambio de mentalidad, algo que no se consigue fácilmente. La película posee el distintivo del ICAA “Recomendada para el fomento de la igualdad de género” y, efectivamente, éste es un camino largo y sinuoso, porque parece que tenemos superadas determinadas cuestiones, pero después en la práctica no es así, porque se trata de cambiar valores incorporados a lo largo de la historia y que están ahí fijados, que salen en determinados momentos, porque aunque creas que no lo eres, actúas como machista. Hasta la mujer, cuando se siente bien en su papel de sumisión, está reproduciendo esos valores incorporados. Y lo que me conmovió de rodar con esas mujeres es que entraron con 14 años a trabajar, en los años 60: en el momento en que empiezan a relacionarse entre ellas, a hacer comunidad, empiezan a organizarse intuitivamente y acaban organizándose sindicalmente. Por lo tanto, son mujeres que ya no van a dar un paso atrás. En cuanto tuvimos la primera paga semanal, empezamos a reconocernos, a construir la autoestima y a ser reconocidas por la familia y por otras personas: así comenzó el sentirse ciudadanas, parte del espacio público, con el derecho a participar en todo.

¿Cómo has conseguido esas filmaciones antiguas que ilustran esos momentos históricos?
Yo coordino un proyecto de investigación sobre cine en lenguas no hegemónicas, que tiene que ver con las políticas europeas de la diversidad, y publicamos tres volúmenes llamados Para una historia del cine en lengua gallega, por lo que entré en los archivos de la televisión pública, donde encontré material que no estaba ni siquiera clasificado: tuvieron que digitalizarlo para que yo lo visionara, encontrando material en bruto que no estaba editado por la propia televisión, con lo cual no estaba organizado según el discurso mediático. Los momentos de enfrentamiento que aparecen en el film implican emancipación para las mujeres: puede que sean derrotadas o no consigan sus derechos, pero en ese momento pierden los miedos y sobrepasan la cerca social. Visualmente trabajé ese material que nos hace vibrar e inquieta desde su imperfección, a la vez que expresa las condiciones de dificultad con que se grabaron.

¿Cómo ha sido el proceso de casting, tanto de las mujeres que protagonizaron los hechos narrados como de las actrices, como la que representa a la esfinge, por ejemplo?
Quería diferentes perfiles femeninos, así que unas tienen uno más de agitación (como la sindicalista) o quien es hilo conductor, esa sibila errante y soltera vocacional, que condensa sobre sí ese perfil de cuidadora y pasadora: transmite a varias generaciones su propia experiencia, que otras recogen. A través de la parte actuada, las participantes se dieron cuenta de que se trataba de una película, porque ellas creían que era un programa o reportaje para televisión: pero no es algo que se queda en una pequeña declaración, sino que forma parte de una obra, y en el momento en que intervenía el performance se dieron cuenta de ello. Es un film anti poder (del patriarcado), ya que la épica de estas mujeres estuvo muy borrada: la épica masculina se recuerda más, incluso en el trabajo.

Hay momentos poéticos en Nación y llama la atención que, en otros, los personajes miran a cámara, buscando la complicidad del espectador.
Esa es una constante de mis películas. La mirada hacia el patio de butacas es ese pequeño gesto que pide a quien te mira que esté en contacto contigo: está buscado así establecer ese hilo invisible con todo lo que forma una película y sobre todo con la pantalla como pasaje y barrera. Sobrepasa la pantalla y establece esa comunidad con las espectadoras: así se constata que la película existe en la pantalla y no de otra manera, reclamando que los cines y las pantallas estén activas.

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