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CANNES 2021 Cannes Première

Kornél Mundruczó y Kata Wéber • Director y guionista de Evolution

"Queríamos hablar sobre cómo funcionan el trauma y la memoria"

por 

- CANNES 2021: El director húngaro y su guionista explican su prodigiosa e impactante obra experimental dividida en fragmentos, presentada en la sección Cannes Première

Kornél Mundruczó y Kata Wéber  • Director y guionista de Evolution

Por sexta vez en la Selección Oficial de la Croisette, el cineasta húngaro Kornél Mundruczó, acompañado por su guionista Kata Wéber (el dúo acaba de cosechar el éxito internacional con Fragmentos de una mujer [+lee también:
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entrevista: Kornél Mundruczó y Kata Wé…
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), habla de la sorprendente Evolution [+lee también:
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ficha de la película
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, proyectada en el programa Cannes Première del 74º Festival de Cannes.

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Cineuropa: Evolution trata un tema importante, pero duro y delicado de abordar. ¿Qué te motivó a hacerlo?
Kornél Mundruczó: Hubo muchos motivos personales. Cuando empezamos el proceso, no sabíamos si finalmente se convertiría en una película. No es una ficción porque todo proviene de la familia de Kata, de amigos y de otras familias. Recolectamos y reunimos todo eso. Además, la madre de Kata estaba enferma y teníamos miedo de perderla, así que ella la entrevistó, y eso constituye la inspiración de la película. Cuando nos mudamos a Berlín hace dos años, empezamos a hablar mucho de nuestra identidad y queríamos hacer una película sobre ese tema. Pues Evolution no es una película sobre el Holocausto, sino sobre nuestra identidad contemporánea. Sin embargo, tuvimos que mirar hacia atrás para comprender por qué la identidad es ahora tan fluida.

¿Por qué decidiste seguir a los miembros de una misma familia en tres momentos diferentes?
Kata Wéber: Nuestro planteamiento está en la tercera parte, en nuestra época, pero necesitábamos puntos de referencia. No era necesario contar la historia de todos los personajes, pero necesitábamos elementos para poder comprender lo alarmante que es el presente. La estructura permite, o al menos eso pretendemos, que los espectadores rellenen los huecos. De esta manera, se deja lugar a la imaginación. Queríamos hablar de historias personales, de cómo funcionan el trauma y la memoria, sin que sea factual o narrativo. Los fragmentos permiten medir el impacto de los acontecimientos históricos en la vida de las personas. Y estas historias son complejas y ambiguas: siempre hay amor entre las personas, pero también odio, y debemos comprender las consecuencias que tienen estas dos grandes fuerzas en la vida de las personas. Con los fragmentos, pudimos entrar más en los detalles, casi documentales, que constituyen la vida de una persona. Y eso también nos permitía hablar de este nivel inconsciente de miedos que transmitimos de generación en generación.  

¿Cómo definirías los tres fragmentos?
K. M.: El primero es el trauma. Es algo muy delicado saber cómo grabar bien en Auschwitz. Teníamos algunas referencias de la historia del cine, pero teníamos que encontrar nuestra propia manera de hacerlo: estar en el interior de una persona, a un nivel casi irreal más cercano a nuestros miedos y a nuestros traumas que la realidad factual de un campo de concentración. Buscamos que el público pueda comprender físicamente que hay un superviviente: un niño. El segundo capítulo es un gran retrato del pasado comunista. En una familia de Europa del Este, había que aceptar el hecho de que pasamos de una dictadura a otra, y esta historia se reconstruye desde el punto de vista de la minoría judía durante la era comunista: ellos no se fueron del país pero, ¿qué tipo de vida llevan? Pero la última parte se desarrolla en la actualidad o quizás en el futuro: la gran consecuencia para todo el mundo es que el pasado, el comunismo o la Segunda Guerra Mundial fueron errores, y que lo que hay en la actualidad es muy complejo. El antisemitismo, la islamofobia, el populismo, lo políticamente correcto: es tanta la presión para una identidad joven, para un adolescente. ¿Qué elegir? ¡Hay tantas propuestas, pero nada de libertad! Es muy difícil para un joven. Es lo que hemos intentado elaborar y cuestionar en esta parte, en un Berlín contemporáneo, en una metrópoli contemporánea.

¿Es la película más libre que has hecho a nivel artístico?
K. M.: No tener la presión del mercado y trabajar de forma completamente libre, en Europa y sobre este concepto experimental, fue muy bueno. También habíamos decidido que cada uno de los tres fragmentos tuviera su propio lenguaje cinematográfico no convencional. Pensábamos que la temática era lo suficientemente fuerte para unificarla en un todo, en una película. Creo que hubiera sido difícil financiarla en el mercado. Sólo tuvimos 13 días de rodaje, siete en Budapest y seis en Alemania. No sabíamos si la estructura iba a funcionar, pero hacerlo era muy estimulante. Es casi una anti película (risas).

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(Traducción del francés)

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