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SAN SEBASTIÁN 2021 Fuera de competición

Alejandro Amenábar • Director de La Fortuna

“¿Por qué no volver a aquellas emociones experimentadas en el cine siendo un niño?”

por 

- Abordamos al cineasta español, que presenta en el festival donostiarra su primera serie, producida por Movistar +, basada en una novela gráfica y rebosante de aventuras

Alejandro Amenábar • Director de La Fortuna
(© SSIFF/Ulises Proust)

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consta de seis capítulos de 45 minutos, está protagonizada por Ana Polvorosa, Álvaro Mel, Karra Elejalde y Stanley Tucci, y detrás de su empaque está la dirección de Alejandro Amenábar, secundado por Fernando Bovaira (Mod), AMC y Movistar +, plataforma que la estrenará el 30 de septiembre. Unos días antes se presenta, sin entrar en la competición, en la sección oficial del 69º Festival de San Sebastián.

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Cineuropa: Tras acudir con tus películas anteriores a este certamen (Regresión [+lee también:
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), ahora lo haces con una serie: ¿has sucumbido a este formato?
Alejandro Amenábar: El formato lo ha ido pidiendo el proyecto de un modo natural. Cuando cayó en mis manos el cómic El tesoro del Cisne Negro, de Paco Roca y Guillermo Corral, enseguida quise adaptarlo y lo primero en que pensé, porque lo había hecho hasta ahora así, fue en un largometraje. Pero cuando nos metimos en harina, el coguionista Alejandro Hernández y yo nos dimos cuenta de que quizás encajaría mejor una serie de dos episodios, luego tres y finalmente seis. Ha sido un proceso muy orgánico para mí. Hemos podido desarrollar más aspectos del cómic solo apuntados y profundizar en algún personaje.

Viendo La Fortuna se rememora el cine de aventuras clásico.
Sí, ¿por qué no volver a aquellas emociones vividas de niño y adolescente? El germen era un tebeo de aventuras, de componente “tintinesco” y con aroma del cine de James Cameron y Steven Spielberg. Quería impregnar de todo ello la serie, que es un cajón de sastre donde caben muchas cosas: incluso a ratos es una película de juicios, como tantas que admiro.

También tiene componentes políticos, con esa rivalidad diplomática entre países.
Mientras dure la guerra hablaba de la convivencia: tenemos que convivir gente de distinto signo político, y esa diversidad es la base de nuestra democracia. Aquí quería apuntarlo con la relación de los protagonistas, que tienen diferentes ideas políticas y se van impregnando el uno del otro. También está la exploración del mundo latino y el anglosajón, con sus luces, sombras y contrastes: mostrar lo que puede ser una reunión en España y lo que puede ser en Norteamérica. Conozco ambas culturas, que he vivido por mi profesión y en cuyo viaje del protagonista a EEUU me reconocía, con su sensación de alienación.

¿Qué tienes en común con Álex, el protagonista, aparte del mismo nombre y eso que apuntas?
Cuando vemos una historia de héroes, tendemos a identificarnos con ellos. Aparte, cuando leí el cómic original sentía que esa lucha entre David y Goliat yo también la viví, porque desde muy joven me encontré con una gran responsabilidad, haciendo una película con estrellas de Hollywood (Tom Cruise y Nicole Kidman), y lidiando con los hermanos Weinstein: es algo que yo puedo transmitir bien.

¿Cómo se logra equilibrar la épica de las escenas históricas reconstruidas en la serie con la intimidad de los sentimientos más profundos de los personajes centrales?
La gracia está en la mezcla. Ya desde Mar adentro [+lee también:
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, que habla de grandes temas como la Vida, la Muerte y la Dignidad, buscábamos que estuvieran expresados en minúsculas, para que la gente conectara y los codificara. Luego en Ágora [+lee también:
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, que era un peplum, también hablaba de astronomía y del fin del mundo clásico, por lo que había que contar una historia a diferentes niveles. En el caso de esta serie, era un proyecto de multicapas, donde se podía hablar del drama de Álex y estar metido al poco rato en una trama de thriller internacional, pero el nexo común siempre es la conexión del público con los ojos de los protagonistas. En el momento que vives el viaje de Álex, puedes explorar sin problemas todos esos mundos.

En la serie vemos cómo los modernos piratas norteamericanos capturan la chatarra submarina y, reconvertida en tesoro, se enriquecen con ella. Quizás en España no poseemos los medios para hacer lo mismo y ellos sí saben explotar algo que tenemos ahí y no acabamos de sacar a flote…
Insisto mucho en el término cultura: algo enterrado en el fondo del mar es más que un montón de monedas, un pecio que representa la historia de un país o incluso una fosa común. La serie muestra, con este caso, que no vale todo: aunque tengas los medios para rescatar un tesoro, no se trata de expoliarlo. Los pecios, estén o no enterrados, corresponden al país al que pertenecen.

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