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GIJÓN 2021

Andrés Goteira • Director de Welcome to ma maison

“Cada uno tiene su locura y la gestiona como puede”

por 

- El cineasta gallego sorprende con un documental visceral e imprevisible, protagonizado por un actor en busca de su director favorito mientras expone egocentrismos y otras aristas humanas

Andrés Goteira • Director de Welcome to ma maison
(© Carolina Santos/FICX)

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fue la –estimulante– carta de presentación de Andrés Goteira (Lugo, 1983), largometraje que pasó por festivales como el de Sitges, una de las paradas del viaje de Igor Fernández, el joven protagonista de su segundo film, Welcome to ma maison [+lee también:
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, que se ha estrenado en la sección Tierres en trance del 59º Festival Internacional de cine de Gijón.

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Cineuropa: Tenías en un proyecto llamado Monstro… (leer más) ¿algo que ver con esta película?
Andrés Goteira:
No, es otro. Welcome to ma maison parte como documental y Monstro es ficción pura, más de género thriller, más cerca de Dhogs que de este film que presentamos en Gijón.

Pero en el origen de este documental sí está Dhogs, cuando fue a Sitges.
Sí, el protagonista de Welcome to ma maison acudió como periodista a aquel festival: nos conocimos allí, es de Lugo como yo, me pareció interesante la entrevista que me hizo y allí nos prometimos hacer un documental, al que luego le dimos esa forma de búsqueda de Nicolas Winding Refn por parte de su mayor admirador. A Igor le flipaba Sitges, era su mundo, el lugar donde se sentía bien.

¿Y qué encontraste en Igor: tu Mister Hyde, un gran amor, tu némesis… para embarcarte en algo tan complejo como rodar con él una película?
Quizás a mi yo más joven, en búsqueda y perdido, que no va hacia los sueños y descontrola un poco. Vi en Igor a alguien apasionado, mucho más sabio en cine que yo, vi cómo hablaba de cine, su ilusión, mezclando el mundo de la investigación y la interpretación, sin problemas para mostrarse ante la cámara: alguien valiente en principio, aunque después se fue alterando un poco esa valentía…

Pero cuando lo conociste, te darías cuenta de que era un auténtico animal cinematográfico, con esos cambios también daría juego a la hora de encontrar conflictos…
Tengo 80 horas de material en bruto de Igor dándome a todos los Igores posibles que hay dentro de su cerebro: al mismo tiempo se interpretaba a sí mismo y a sus ídolos, te daba la intimidad máxima a todos los niveles, y me encontraba con algo muy amplio y complejo. El conflicto final llegó porque Igor vio la seriedad del proyecto y me preguntó ¿qué vas a hacer conmigo? Entonces apareció otro Igor, que se protegía mucho más y ya no me enviaba contenido como hacía anteriormente: es curioso este viaje, del que se ve en la película una pequeña parte del iceberg.

Ha sido entonces un documental vivo, que se ha ido moviendo por donde ha querido…
Totalmente. Se ve condensado mucho de lo que viví yo, pero también varias máscaras y capas de egos: ahí están Igor, yo e incluso algunos espectadores que se ven reflejados; porque hablo con el público de la película y cada persona me da una cosa diferente, y eso me provoca mucha curiosidad.

Además de retratar las muchas caras que podemos tener, el film también habla de las mitomanías… ¿Te interesaba ese delirio que a veces posee al cinéfilo?
Sí, sobre todo la caída del mito: Igor amaba a Nicolas W.R., fuimos a Bolonia a verlo y como no respondió como él imaginaba, ahí empieza otra película. Fue interesante que se produjera esa caída.

Eso enlaza con las expectativas que con frecuencia construimos en cualquier tipo de relación…
Cada uno de nosotros somos auténticos fabuladores: creamos todo tipo de cosas que van a pasar, pero al final pasan otras diferentes. Somos imaginación y si no sabemos controlar las emociones, puede ser un caos. Cada uno tiene su locura y la gestionamos como podemos: por eso la película ha sido útil para Igor, para mí también y para algún espectador sensible que empatiza o puede sentirse identificado.

La película, a la que no vamos a poner etiquetas, es también meta cine, pues habla de la relación entre director y actor, casi de pareja, por lo intensa que puede llegar a ser.
Sí, así fue, de principio a fin, incluso hubo ruptura entre Igor y yo, pero volvimos, mas ya no con la fase de enamoramiento, sino más distante. Eso nos hizo madurar a los dos.

Entonces, ¿cómo está ahora la relación?
Muy bien, una vez acabada la película, empiezas a recibir comentarios y aprobaciones, y no te autoanalizas tanto, porque no hay posibilidad de modificarla: lo aceptas y ves que no era para tanto mostrarse desnudo ante la cámara; lo ves de otra manera y todo es más amable, empezando así la segunda vida de esta relación nuestra.

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