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ABYCINE 2022

Mikel Gurrea • Director de Suro

“Las historias tiran de mí”

por 

- El cineasta vasco habla de su ópera prima tras la excelente acogida que ya tuvo en los festivales de San Sebastián y Zúrich

Mikel Gurrea • Director de Suro
(© Abycine)

No se puede negar que Mikel Gurrea (San Sebastián, 1985) ha llegado por la puerta grande. Tras competir en la Sección Oficial a concurso del reciente Festival de San Sebastián con su primer largo, Suro [+lee también:
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, recogió allí los premios de la Asociación de guionistas vascos, Irizar y FIPRESCI. El sábado pasado presentó su film en Albacete, en la edición número 24 de Abycine, recién llegado del Festival de Zúrich. En el Gran Hotel de la meca manchega del cine independiente nos reunimos con él.

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Cineuropa: Suro está producida por compañías del País Vasco y Cataluña, donde se rodó.
Mikel Gurrea:
Sí, es dos tercios catalana y el otro, vasca. Vivo entre estas regiones pues, aunque nací en una, me fui a estudiar y establecí vínculos en la otra. Tal vez la siguiente aventura me lleve a Extremadura, pues son las historias las que tiran de mí. Yo tenía vínculos con la tierra donde hemos rodado la película por una pareja cuya familia era de allí y se ha convertido en un lugar importante en mi vida.

¿Te has inspirado entonces en experiencias propias?
En 2010, cuando acabé la carrera y no sabía qué hacer, acepté la propuesta de los familiares de mi pareja de entonces para trabajar como temporero en la campaña del corcho, en el norte de la provincia de Girona. Allí descubrí un universo rico en texturas y sonidos, muy cinematográfico y que nunca había visto filmado. Allí también tuve las primeras sensaciones contradictorias: venía de parte de unos propietarios, pero yo no lo era; hablaba catalán, pero soy vasco; y era temporero pero me iría pronto, mientras para los trabajadores aquélla era su vida.

Un poco intruso…
Mi lugar era de visitante. Es el germen de esta historia.

Pero el gran tema de la película es la contradicción.
Sí, es lo más humano que hay. Vivimos en un tránsito entre la imagen que tenemos de nosotros mismos y lo que hacemos: una negociación constante, un sincerarse o no continuo entre si lo que hacemos refleja lo que creemos o no.

Pero a veces ser fiel a ideas y principios puede ir contra los sentimientos.
Sí. Lo más difícil y lo más necesario es renovar cada día el pacto contigo mismo y comunicarlo a la persona con quien compartes vida: ¿qué es lo que creo, quiero, me sienta bien, lo que puedo hacer? Y hacer un acto de comunicación que les falla a los protagonistas, que no se comunican ni consigo mismos ni con el otro. De ahí surgen los conflictos de Suro.

También abordas, de forma no directa, temas como la ambición y el capitalismo.
Al plantear la historia de una pareja que va a refundar su vida –que es un reflote– en un ambiente masculinizado, todas esas capas de clase y género iban a salir. La película no tiene voluntad didáctica, sino de propuesta de cuestionamiento.

Ya estuviste aquí, en Abycine Lanza 2018, con este proyecto. ¿Cómo ayudan este tipo de laboratorios?
Son espaldarazos muy importantes, pues ofrecen un marco de trabajo, un acicate, espacio y medios para desarrollar la película, cuando es solo proyecto y estás muy solo. Sirven como avales de lugares que ya tienen un prestigio; te sirve para tejer relaciones como colaboradores que confían en ti y luego las instituciones también confían en el proyecto porque ya estos eventos te han avalado.

Han sido casi cinco años levantando Suro.
El primer guion lo acabé en 2016. Es verdad que estábamos listos para rodar en el verano de 2020, pero pasó lo que nos pasó a todos... Y como este film es estacional y solo se podía rodar durante la pela del corcho en estío, saltamos un año.

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. Es inevitable hablar del campo, pues el cine español vuelve a mirar en esa dirección.
Parece que lo hemos hecho por la pandemia, con la idea de éxodo de la ciudad, pero en el caso nuestro se gestó antes del covid-19. En los sesenta ya pasó con toda la ola hippie. Es algo universal y cíclico: tiene que ver con que nos hemos desconectado de lo natural y eso genera inquietud. Y en España todos tenemos algún vínculo familiar con lo rural, por lo que hay curiosidad y deseo de llevar ficciones a ese terreno: ver qué sucede cuando los personajes están en contacto con los elementos naturales, porque en la ciudad es más fácil vivir de la idea y la teoría. Ese es el choque de mi película.

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