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CANNES 2025 Fuera de competición

Thierry Klifa • Director de La mujer más rica del mundo

"Esta es la historia de una chica que descubre que su madre es capaz de amar, aunque no la haya amado nunca a ella"

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- CANNES 2025: El cineasta francés habla sobre los orígenes y lo que trata en su nuevo largometraje, que ficcionaliza el caso Liliane Bettencourt

Thierry Klifa • Director de La mujer más rica del mundo
(© 2025 Fabrizio de Gennaro para Cineuropa - fadege.it, @fadege.it)

El cineasta francés Thierry Klifa ha presentado su nuevo largometraje, La mujer más rica del mundo [+lee también:
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, fuera de competición en la 78.ª edición del Festival de Cannes. La película ficcionaliza un caso real que marcó profundamente la opinión pública, tanto en Francia como a nivel internacional: el caso Liliane Bettencourt, en el que la hija de Liliane Bettencourt solicitó su tutela tras las colosales sumas de dinero entregadas al fotógrafo François-Marie Banier. En una mesa redonda, el cineasta explicó que, “como todo el mundo”, se sintió fascinado por este caso, “pero si me hubiera limitado a poner imágenes a lo que se contó en los periódicos, no me habría interesado, no habría habido cine. Lo que más me atraía era lo íntimo, y eso nadie lo ha contado, nadie lo conoce. Hubo que escribir personajes, darles otros nombres e imaginar sus vidas. Lo que se mediatizó fueron las sumas de dinero, las figuras políticas implicadas y el caso judicial. Todo lo que, en el fondo, no me interesaba. Mi verdadera intención no era otra que contar la historia de amor y desamor, de ese trío formado por la madre, la hija y el fotógrafo, atrapados en una maquinaria infernal. Muy pronto dejamos de lado el caso real para contar una historia novelesca. Al final, para mí, es también la historia de una hija que descubre que su madre es capaz de amar, cuando nunca la ha amado a ella. Marianne, en ese sentido, es una mujer poco convencional, que asume no tener instinto maternal. Seguramente contrajo un matrimonio de conveniencia y tuvo un hijo porque era lo que tocaba. La llegada de Pierre-Alain es como la de un perro rabioso que hace aflorar las frustraciones; todo estalla como una olla a presión. Y Marianne encuentra en ello un camino hacia la emancipación”.

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El caso Bettencourt está marcado por la desmesura de las cantidades implicadas y por la violencia simbólica del proceso judicial. Está muy lejos de las preocupaciones del común de los mortales, y el tratamiento de la historia refleja el carácter excesivo de la situación y de sus protagonistas. “Lo que me apasionó desde el principio —continúa Thierry Klifa— fue la dimensión shakespeariana de la película. Había tanto tragedia como farsa, y ambas se entremezclaban. El tono fue a la vez fácil y difícil de encontrar. Todo se amplifica con el dinero. Los personajes están dotados de una auténtica exuberancia, de un toque de locura. De todos modos, no iba a hacer llorar con los multimillonarios, así que mejor reírse. Además, la mayoría de los personajes son a menudo malvados y crueles, pero también muy ingeniosos. Su sentido de la réplica hace reír, y su crueldad también. Pero también nos reímos de su ridículo, de su exceso. Ese lado de bigger than life y su más que desahogada situación económica solo podían prestarse, en mi opinión, a la risa”.

Quedaba encontrar el reparto que encarnara estos excesos, ese mundo de privilegiados accesible a muy pocos, especialmente el trío en el centro de la historia. En el papel del fotógrafo Pierre-Alain, un homosexual extravagante que seduce a la empresaria y heredera por su audacia y su franqueza, Laurent Lafitte sobreactúa con deleite, acaparando ruidosamente la escena. Marina Foïs tiene un estatus más ambiguo: es la filia dolorosa, la que expresa el sufrimiento, primero con la mirada, luego con las palabras, antes de alcanzar la hybris definitiva: el juicio. Ella es sin duda la actriz trágica del conjunto. Por último, había que encontrar a la mujer más rica del mundo, a la actriz a la altura del superlativo. “Isabelle Huppert era una elección obvia; pensé en ella mientras escribía, tenía que ser ella. Sabía que lo haría de una forma totalmente inesperada. Lo que propone es muy sorprendente: juega con muchos registros, la seducción, la frialdad; es a la vez poderosa y neurasténica. Brusca, dura, cruel, pero también amable. Había mucho que interpretar en este papel para una actriz, pero no debía ser ni predecible ni cliché. Hay que decir también que ni Isabelle ni yo somos realmente partidarias de una hiperpsicologización de los personajes; los seguimos en la acción. A Marianne la descubrimos mucho durante la preparación, preguntándonos cómo iba a peinarse, vestirse, maquillarse, cómo eso iba a reflejar quién es y, al mismo tiempo, influir en quién es. Y también durante el rodaje. Si sé de antemano lo que va a hacer un actor, más me vale quedarme en mi habitación de hotel y no ir al plató. El primer día, cuando empezó a actuar, no sabía qué iba a proponer. Es interesante poder dejarse sorprender, saber recibir lo que ella ofrecía”.

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(Traducción del francés)

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