Elsa Kremser y Levin Peter • Directores de White Snail
"Estas dos personas nunca tuvieron el privilegio de ser comprendidas, y por eso necesitan conocerse"
por Veronica Orciari
- Los directores austriacos hablan de su película sobre el aislamiento y la mala salud mental en las ciudades, interpretada por los protagonistas de las historias reales en las que se basa

Hemos hablado con los directores de White Snail [+lee también:
crítica
entrevista: Elsa Kremser y Levin Peter
ficha de la película], Elsa Kremser y Levin Peter, en el marco del Festival de Locarno, donde la película está seleccionada en competición. El largometraje aborda los temas del aislamiento urbano y la salud mental, y se basa en historias reales interpretadas por dos actores no profesionales, que además son los protagonistas de estos relatos.
Cineuropa: Vuestros personajes, Masha y Misha, tienen unas personalidades e historias muy potentes. ¿Cómo los encontrasteis y qué implicó la construcción de sus personajes?
Elsa Kremser: Conocí a Misha hace diez años, en un viaje a un festival de cine, donde me lo presentaron por casualidad. Trabajaba en una morgue a las afueras de Minsk y me la enseñó. Por primera vez en mi vida vi un cadáver, una víctima de suicidio, y fue muy impactante. Poco después me enseñó su apartamento, bastante cerca de los lugares que se ven en la película, donde había muchas de sus increíbles pinturas. Hubo una que me llamó la atención y le pregunté por ella. Era el rostro de una mujer joven que parecía muerta, en cierto modo, pero a la vez viva, con los ojos alerta. Le pregunté por la historia detrás de ese cuadro en particular y me habló de una joven que se había puesto en contacto con él a través de las redes sociales. Había sobrevivido a un intento de suicidio y se había acercado a él diciendo que, de algún modo, sus cuadros la habían mantenido con vida. Siempre habíamos buscado una clave, una vía de entrada, para incluir el arte visual de Misha en la película, y Masha encarnaba a la perfección esa conexión.
¿Cuáles fueron los retos y las ventajas de trabajar con actores debutantes?
Levin Peter: Fue sin duda un reto, pero también una ventaja. Ambos aportaron mucho al rodaje, porque las historias se basaban en sus vidas, en sus emociones. Pensamos que necesitábamos crear una tensión real porque no son actores. No se habían visto nunca antes del primer día que rodaron juntos. Eso fue de gran ayuda: sabían desde hacía años que alguien sería su compañero en la película, así que preguntaban constantemente el uno por el otro. Se preguntaban cómo era el otro; había mucha expectación, fe e imaginación. Así que cuando por fin se conocieron, la sala estaba llena de energía. La química no siempre era la adecuada; a veces las cosas iban en la dirección equivocada y teníamos que reconducirlas, pero siempre había intensidad, nunca vacío ni aburrimiento.
Los colores son muy vibrantes en la película. ¿Podríais hablar de vuestras elecciones en cuanto a la paleta y el apartado visual en general?
E.K.: Siempre fue fundamental capturar la atmósfera de Minsk, especialmente cómo la luz nocturna da forma a la ciudad. Pocos imaginan que una ciudad postsoviética pueda ser tan vibrante, con cada rincón iluminado, pero, para nosotros, ese resplandor se convirtió en una metáfora del propio país.
L.P.: La película transcurre en verano, por eso evocábamos a menudo nuestra propia juventud en esa estación, cuando las noches parecen interminables, los ritmos cambian y los encuentros pueden dar la sensación de durar toda una vida, aunque terminen en unos pocos meses. Ese sentimiento agridulce se expresa mejor en los tonos azules y amarillos cálidos de las noches de verano, que elegimos como paleta principal junto con nuestro director de fotografía, Mikhail Khursevich.
¿Qué papel creéis que desempeña Bielorrusia como escenario de vuestra película?
E.K.: La razón principal para elegir Bielorrusia tenía que ver con nuestro encuentro con Misha, pero en esos diez años la historia del país ha cambiado inevitablemente. Siempre sentimos que debíamos mostrar las vidas de la gente que vive allí y aportar una mirada sobre un país del que no tenemos muchas imágenes, más allá de las de los informativos. A través de Mascha y Mischa, quisimos observar de cerca los retos psicológicos de vivir en Bielorrusia, mostrar hasta qué punto sienten el aislamiento del país y lo difícil que les resulta conectar con el mundo exterior. Todas estas eran preguntas que nos impulsaban y que nos motivaron a asumir el reto de hacer esta película.
Cuando empezasteis a escribir, ¿la imaginabais más como una historia de amor o como una película social? No os inclinasteis demasiado por el romance…
L.P.: La película comienza con dos personas que nunca tuvieron el privilegio de ser verdaderamente comprendidas: nunca se han sentido apreciadas, abrazadas o aceptadas, y por eso necesitan conocerse. Por eso, en mitad de la noche, ella llama a su puerta: en el fondo, sabe que no se trata de ver un cadáver, sino de conocer a alguien que entiende este lugar y que quizá comparta su visión particular, incluso anormal, de la vida y la muerte. Uso la palabra “privilegio” deliberadamente, porque realmente lo es, teniendo en cuenta que a algunas personas les puede llevar toda una vida darse cuenta de que son suficientes tal y como son. Algunas quizá nunca lleguen a sentirlo. Puede parecer algo pequeño, pero en realidad es enorme. También es algo que puede suceder a través de la amistad, del amor, incluso del odio, porque a veces ser odiado puede darte la sensación de que tu existencia importa. Con esto en mente, para nosotros no importaba realmente si era amor o no. Por eso nunca vimos la película solo como un romance: lo que queríamos era mostrar a dos personas experimentando el raro privilegio de ser vistas.
(Traducción del inglés)
¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.
















