Naomi Kawase • Director de Yakushima’s Illusion
"Para mí, la sensibilidad y las emociones que forman parte de nuestro trabajo van más allá de la palabra"
por Giorgia Del Don
- La directora japonesa explica las razones que la llevaron a contar la historia de una pediatra francesa que trabaja en Kobe, y a elegir a Vicky Krieps para el papel

Yakushima’s Illusion, seleccionada en la competición oficial del Festival de Locarno, aborda el delicado tema de los trasplantes de órganos y la desaparición de miles de personas cada año en Japón. Naomi Kawase explica cómo se conectan ambos temas y la importancia de expresarse a través del cine más que con palabras.
Cineuropa: ¿De dónde surge tu interés por los trasplantes de órganos y por qué decidiste abordar este tema mediante la ficción?
Naomi Kawase: La idea nació del tema de las desapariciones. Aquí, en Japón, vemos miles de casos de personas desaparecidas cada año, lo que llamamos “evaporación”. Ese asunto apareció antes que el de los trasplantes de órganos. Nunca quise explorarlo en forma documental. En cuanto a las desapariciones, la ley japonesa establece que, cuando alguien desaparece, su familia puede declararlo muerto siete años después de su desaparición, algo distinto a lo que ocurre en la mayoría de países occidentales. En relación con la idea de la muerte, si el corazón de una persona sigue latiendo, las familias japonesas pueden decidir si esa persona está muerta o viva, incluso aunque su cerebro haya dejado de funcionar. Igual que ocurre con las personas desaparecidas, son los familiares quienes tienen el control sobre el certificado de defunción. Quería ofrecer una perspectiva nueva y más objetiva sobre estos temas a través del personaje de Corry.
¿Cómo elegiste a tu actriz protagonista, Vicky Krieps?
Teníamos cinco candidatas para el papel, que me presentaron mi productor y mi agente en Francia. Vicky me pareció realmente única. Había otras personas con muchísimo talento, pero Vicky transmitía algo más orgánico, más natural. La energía que tenía me resultó muy atractiva. Se quedó en Kobe para preparar el papel antes del rodaje y también interactuó con los niños del hospital.
Sobre el personaje principal, Corry, desde el principio de la película queda claro —al menos para alguien francófono— que no es una parisina “pura”: su acento no es parisino y no descubrimos que creció en Luxemburgo con sus abuelos hasta que llegamos a la mitad de la película. Sus múltiples orígenes, el hecho de que hable francés con un acento difícil de identificar y que se comunique con sus colegas en francés, inglés y a veces japonés hacen que el personaje resulte aún más misterioso y casi inasible. ¿Estás de acuerdo?
En respuesta a eso, debo decir que, al principio, Corry iba a hablar en inglés, no en francés. Sin embargo, como la película terminó siendo una coproducción con Francia, la mayor parte tenía que estar en francés. Por eso decidimos que hablara en francés, y fue a mitad del proyecto cuando el traductor me explicó que su acento no era parisino. Me sorprendió bastante e intenté trabajar con esa situación lo mejor posible. Aproveché los diferentes orígenes de Vicky Krieps, el hecho de que naciera en Luxemburgo pero viviera en Berlín. Espero que el misterio del personaje al que se refiere haya acabado siendo algo positivo.
La cuestión de la comunicación, o más bien de la dificultad para comunicarse, parece un tema recurrente en tus películas. En esta, en particular, la mezcla de idiomas es muy evidente, e incluso cuando los personajes hablan la misma lengua, parece que les cuesta expresar realmente con palabras lo que piensan. ¿De dónde nace este interés? ¿Tiene algo que ver con tu experiencia personal?
Sí siento que existen diferencias en la manera en que la gente se comunica verbalmente. Quizá en Japón las personas no dicen todo lo que piensan. Mientras que, en Francia, tengo la sensación de que la gente lo dice todo y aún más. Por eso, empecé a sentirme perdida respecto a lo que la gente realmente quería decir y a lo que yo debía entender. Al mismo tiempo, hay personas con las que trabajo que no son japonesas: el montador con el que colaboro desde 2007 es libanés y vive en Francia, y el diseñador de sonido con el que llevo mucho tiempo trabajando es francés, y no tengo ningún problema para comunicarme con ellos; parecen tener una gran sensibilidad. Es posible que las personas se malinterpreten a través del lenguaje hablado, pero también es posible entenderse a través del cine. Siento que compartimos el lenguaje cinematográfico. Apenas hay malentendidos con este tipo de comunicación. Creo que la sensibilidad y las emociones que forman parte de nuestro trabajo van más allá del lenguaje hablado.
(Traducción del inglés)
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