Radu Jude • Director de Dracula
"Me gusta trabajar con los mitos"
por Savina Petkova
- El cineasta rumano habla sobre utilizar imágenes "malas" generadas por IA, sobre el legado de Drácula y sobre rodar con un iPhone en Sighișoara

Tras su segunda película en el circuito de festivales este año, después de Kontinental ‘25 [+lee también:
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ficha de la película] (presentada en la Berlinale), el director rumano Radu Jude lleva al vampiro más famoso del mundo a Locarno. Dracula [+lee también:
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ficha de la película], estrenada a nivel mundial en la competición oficial del certamen suizo, utiliza técnicas de découpage y pastiche, además de imágenes eróticas vampíricas generadas por IA, para replantearse cómo quienes ostentan el poder hoy en día se asemejan a chupasangres, tal y como se desprende de su conversación con Cineuropa.
Cineuropa: ¿Por qué ahora es un buen momento para Dracula? ¿Hay algo del espíritu de la época que quizá estés abordando?
Radu Jude: No pensé en ello mientras hacía la película, pero al terminarla sí lo sentí así. Por ejemplo, ya estrené una película este año en Berlín [Kontinental ‘25], y hubo un debate sobre si esperar hasta el año que viene para mostrar Dracula, para asegurarnos de que las dos películas no se canibalizaran. Pero insistí, porque de verdad sentía que ambas pertenecen a este momento, aunque de maneras distintas, claro está. No quiero trivializar las grandes tragedias de nuestro tiempo, pero se puede pensar en Vladimir Putin y en Netanyahu como los vampiros más horribles desde Hitler.
¿Te encontraste con alguna reacción en contra, dado que Dracula no solo es, al parecer, un símbolo político, sino también un reclamo turístico, y además se basa en la historia rumana?
¡Es literalmente un icono! Hace unos meses, el partido fascista lo utilizó como rostro de su campaña. En Rumanía, creo que, como poco, va a suscitar sentimientos encontrados. Pero me gusta trabajar en torno a los mitos. Al principio, lo que me parecía difícil era cómo ofrecer algo que fuera, al menos en parte, nuevo, porque el mito del vampiro y de Dracula está más que trillado en Occidente, sin depender tanto de elementos locales.
Y, a propósito, rodasteis en Sighisoara y con un iPhone. Debió de ser un rodaje muy reducido, con más reparto que equipo técnico, ¿no?
Sí, teníamos un equipo muy, muy pequeño y sin iluminación adicional. Rodar con un iPhone fue, de hecho, de gran ayuda, porque filmamos durante un boom turístico y parecía que eran solo unos estudiantes rodando. Nadie presta atención cuando no parece un equipo de cine “de verdad”.
Eres un cineasta que siempre está experimentando con las nuevas herramientas disponibles, y la IA desempeña un papel destacado en Dracula. ¿Sientes que ya has agotado esa posibilidad, al menos por ahora?
Bueno, ante todo, creo que siempre ha habido una relación muy estrecha entre el cine y la tecnología, lo que significa que cualquier herramienta puede usarse para crearlo. Y un pintor puede usar un pincel grande o pequeño, pintar con las manos, pintar al óleo y así sucesivamente. Debería ser igual en el cine y, en cuanto a las posibilidades, nunca se agotan. Especialmente en lo referente a la IA, esto no ha hecho más que empezar, ya que todavía no hay reglas.
¿Qué fue lo más útil de la IA en esta película?
Adopté un enfoque distinto eligiendo las imágenes malas. La esperanza depositada en la IA es que cree imágenes mejores y más bonitas, así que nosotros elegíamos cada vez las malas. Como sus algoritmos mejoran cada vez más con el tiempo, y la aportación humana es enormemente importante, insistí en utilizar la primera imagen que aparecía [a partir del prompt]; ese era el principio fundamental. Trabajé con un compositor muy apasionado por la IA y, en un momento dado, me preguntó si quería esperar otro mes [antes de continuar], hasta que estuviera disponible una nueva versión de la IA. Pero dije que no, porque eso también marcaba el momento particular en el que estamos ahora, en medio de esta primera generación de IA.
Parte de la película adapta la primera novela rumana de vampiros, y otras partes remiten directamente a adaptaciones muy conocidas, como la película de Francis Ford Coppola. ¿Hubo alguna diferencia entre tu manera de abordar las fuentes locales y las extranjeras?
Ahora mismo estoy leyendo un libro sobre arte moderno titulado A Fine Disregard, de Kirk Varnedoe, donde defiende una tesis sobre los intercambios culturales que van y vienen a lo largo de la historia. Por ejemplo, la primera novela corta rumana con vampiros en realidad intentaba imitar una fuente occidental, y eso es lo que la hace interesante. Del mismo modo, sostengo que Dracula es una película muy local, rumana, pero me inspiré en la vanguardia de Roger Corman y Ed Wood, y en la literatura de Boccaccio y Rabelais. Además, ¡el iPhone con el que rodé no es una herramienta rumana!
(Traducción del inglés)
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