Fabrice Aragno • Director de Le Lac
“Lo que aprendí de Godard es a confiar en el momento y dejar que las cosas sucedan”
por Martin Kudláč
- El cineasta suizo analiza la influencia de los pintores y cómo su enfoque espontáneo refleja el entorno crudo e impredecible en el que se gestó su película

El cineasta suizo Fabrice Aragno ha presentado su última obra, Le Lac, en la competición oficial del Festival de Locarno. La película explora el poder simbólico del lago Lemán a través de la combinación de la estética de la pintura con la narración cinematográfica para evocar emociones invisibles. Cineuropa se ha sentado a hablar con Aragno sobre el proceso de creación del largometraje, su decisión de captar la imprevisibilidad del entorno y la profunda influencia de Jean-Luc Godard tanto en el proyecto como en su manera de dirigir.
Cineuropa: En Le Lac, difuminas la frontera entre ficción y documental. ¿Era algo intencionado?
Fabrice Aragno: No tenía una intención concreta para este proyecto. Simplemente intento ser fiel a mi propia sensibilidad, igual que hacía cuando trabajaba con Jean-Luc Godard o en mis películas anteriores. Siempre se trata de expresar las cosas a mi manera. Al principio, me pidieron crear una pieza para un museo sobre un pintor que pinta el lago Lemán. Muchos artistas famosos, como Gustave Courbet, J. M. W. Turner o incluso Albrecht Dürer, han pintado el lago. Dürer incluso lo representó en Melencolia I, y esa idea me fascinó. Cuando me propusieron hacer algo cinematográfico, me di cuenta de que podía utilizar el lago como si fuera una pintura. Muchas películas de Godard se rodaron cerca de él, pero siempre desde la orilla. Lo que me impresionaba era cómo esos pintores utilizaban el lago para expresar emociones invisibles, sentimientos interiores difíciles de transmitir. Los hacían visibles a través de su arte. El lago, con la verdad de su luz, de su clima y de sus cambios constantes, se convirtió en un símbolo de todo eso. Pero la película no trataba solo del lago; quería introducir personajes, igual que haría un pintor: personas que pasan a formar parte de la imagen. Es parecido al cuadro romántico de Caspar Friedrich de un hombre en la cima de una montaña contemplando un paisaje inmenso. El personaje del cuadro conecta al espectador con las emociones que transmite. Mi objetivo era situar a las personas dentro de este paisaje, fundirlas con él. Al principio, el proyecto era como un impulso, un deseo de sumergirme en la pintura, de experimentar los colores y movimientos del lago de una forma visceral.
¿Cómo afrontaste los aspectos técnicos de rodar en una pequeña embarcación?
Teníamos un equipo muy reducido: dos directores de fotografía, uno de ellos con un ayudante de foco, y yo me encargaba del sonido. Contábamos con micrófonos nuevos, lo que ayudó mucho a la calidad de producción. La imprevisibilidad del clima, de la luz y del sonido añadía emoción. Un día rodamos una escena sin saber qué tiempo haría, y eso generó una sensación surrealista y espontánea. Todo consistía en capturar esos momentos sutiles de luz, sombra y presencia.
¿Cómo afectó la experiencia del rodaje al tono emocional del largometraje?
La experiencia de estar en el barco, rodeados por un clima imprevisible y una luz en constante cambio, influyó profundamente en el tono emocional. No se trataba tanto de construir una narración controlada como de reaccionar a lo que sucedía en cada momento. El entorno se convirtió en un participante activo, influyendo en el flujo emocional de la película. Estábamos constantemente inmersos en el presente, dejando simplemente que los momentos ocurrieran.
¿Cuánto tiempo estuviste desarrollando el proyecto?
Empecé a trabajar en él en 2016, mientras colaboraba también con Godard en El libro de imágenes en 2018. En 2019 hice el cortometraje Lakeside Suite y lo presenté en el IFFR. Después de varios rechazos, abandoné el guion tradicional y opté por un “no-guion”, algo más parecido a un collage de ideas, que presenté a la Cinéfondation de Cannes. El proceso también se vio afectado por la COVID-19 y por la pérdida de Godard en 2022.
¿Cuándo empezó a acelerarse el proceso?
Comencé a trabajar con los actores en 2023, y ahí fue cuando tuvo lugar la auténtica carrera de cinco días. La regata es un acontecimiento real con dos personas en un barco, y no puedes detenerte sin ayuda externa. Tras dos días de competición, te sientes agotado y es tu cuerpo el que toma el control, agudizando los sentidos. Ya no eres un personaje, simplemente eres un ser humano: un hombre-animal o una mujer-animal. Es una sensación cruda y auténtica.
Estuviste con Godard en sus últimos días. ¿Cómo influyó eso en tu trabajo?
Estuve con él hasta el final. Murió en sus propios términos y, en esos últimos momentos, seguía completamente centrado en el cine. Me explicó el guion de su última película como si fuera otro proyecto más. Fue algo íntimo y me hizo replanteármelo todo, especialmente mi propia película. Tras su muerte, decidí abandonar mi antiguo guion y trabajar con mis notas, porque sentía que encajaban mejor con el proyecto. Lo que aprendí de él es a confiar en el momento y dejar que las cosas sucedan en lugar de controlarlas. Ese enfoque moldeó mi propio proceso cinematográfico.
(Traducción del inglés)
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