VENECIA 2025 Semana Internacional de la Crítica
Imran Perretta • Director de Ish
"Sé exactamente cuándo perdí mi inocencia: cuando me metieron por primera vez en un coche de policía"
por David Katz
- VENECIA 2025: El director británico comparte la conexión personal con su primer largometraje, mientras que reflexiona sobre la belleza de sus localizaciones de las afueras de Londres

Para cualquier millennial que haya crecido en el Reino Unido, resulta fácil recordar la obsesión de los medios de comunicación de derechas con el multiculturalismo y la cohesión social en los años 2000. Imran Perretta, un cineasta muy “londinense”, con raíces en las escenas artísticas y musicales de la ciudad, ha decidido responder a esa obsesión con su primer largometraje, Ish [+lee también:
crítica
entrevista: Imran Perretta
ficha de la película], estrenado en la Semana Internacional de la Crítica de Venecia. La película, que sigue a dos preadolescentes en Luton (una zona situada fuera de la capital), cuyo idilio veraniego se ve interrumpido por la vigente política gubernamental de detenciones y cacheos que apunta de forma desproporcionada a jóvenes musulmanes, se revela como una audaz renovación del realismo social británico al que estamos acostumbrados. El director nos habla de la impactante resonancia personal de la historia y defiende sus llamativas elecciones estéticas.
Cineuropa: ¿Podrías hablarnos de los orígenes de la película? ¿Por qué te resultó natural elegir una historia que evocara tu propia juventud?
Imran Perretta: Siempre se dice que tu primer largometraje ha estado en tu cabeza toda la vida. Probablemente ese sea el caso de Ish. Cobró un enfoque más nítido al hacer mi última película, The Destructors, concebida para un espacio expositivo en dos canales. Uno de los testimonios o relatos de esa obra conectó conmigo y me recordó a una época concreta de mi juventud, en torno a los 12 o 13 años, que es la edad de los dos protagonistas de Ish. Es un momento muy febril en la adolescencia por muchas razones, pero especialmente para mí, en una etapa muy temprana de la era post-11-S, en la que había mucha vigilancia sobre jóvenes como yo. En realidad, las películas de iniciación tratan sobre la pérdida de la inocencia. Sé exactamente cuándo perdí mi inocencia: cuando me metieron por primera vez en un coche de policía. Me resultó muy natural ahondar en aquella época de mi vida.
Has hablado de la pertinencia de la película en el marco de las conversaciones actuales sobre la masculinidad y la salud mental masculina. ¿Qué te motivó a explorar esta cuestión?
Con la distancia que da el tiempo, siempre me ha interesado cómo se comportan los chicos entre sí, o al menos los jóvenes de un origen similar al mío. Existe una sociabilidad particular en la que encontramos cuidados, amor y amabilidad, pero que también puede ser ligeramente brutal. Y, aunque puedan parecer opuestas, en realidad son formas de relacionarse increíblemente matizadas, como un tipo de lenguaje emocional concreto. Dado que estos chicos crecen en un entorno hostil, lo que podría confundirse con violencia puede ser en realidad una expresión de amor y cuidado.
La discriminación antimusulmana y el racismo también son dos de las preocupaciones centrales de la película. ¿Por qué era importante mostrarlo a través de los ojos de chicos de esa edad?
La respuesta es muy sencilla: porque es lo que me ocurrió a mí. Al ser objeto de alguna forma de violencia estatal, tomé plena conciencia de cómo me veía el Estado y, por lo tanto, el mundo. Fue una auténtica confrontación existencial para mí en ese momento. Quise mostrar que, cuando sucede algo así, puede cambiar de forma fundamental no solo las relaciones, como la estrecha amistad entre estos dos chicos, sino también el sentido de uno mismo.
La elección de rodar en blanco y negro, y la movilidad del trabajo de cámara, la distinguen de otras películas realistas británicas contemporáneas. ¿Cómo creaste esa sensación de tactilidad y “vitalismo” en lo visual?
Creo que la decisión de hacer fotos fijas preliminares en película influyó en la imagen final. Creo que los lugares a menudo te dicen cómo quieren ser representados. Al repasar aquellas imágenes, comparando nuestras tomas en color con las de blanco y negro, Luton sencillamente pedía el blanco y negro. Tiene que ver con la escala y la monumentalidad que ofrece el blanco y negro. Luton es, en muchos sentidos, un lugar al que no se le tiene demasiado cariño. Como en muchas partes de Londres, hay bastante decadencia urbana. El color parecía acentuar negativamente esas cualidades, de un modo que, a mi juicio, menospreciaba un lugar que me resulta muy bello, tanto estética como culturalmente.
Por los proyectos cinematográficos que puedas abordar en el futuro, da la impresión de que te gustaría seguir explorando la vida musulmana británica y su conexión con la geopolítica en un sentido más amplio.
Mi práctica como cineasta es una práctica política. Mi proyecto vital es crear una suerte de canon en torno a vidas que se parecen a la mía en lo cultural y lo político.
(Traducción del inglés)
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