SAN SEBASTIÁN 2025 Competición
Arnaud Desplechin • Director de Deux pianos
"Hay películas con actores y películas sin actores, pero son todas ficción"
por David González
- El director francés comparte su punto de vista sobre su nueva película, repleta de música, suspense y melodrama, así como el cine en general y la actualidad

Nos hemos sentado a hablar con Arnaud Desplechin, quien, tras sus habituales selecciones en Cannes y Venecia, compite por primera vez en el Festival de San Sebastián con su nueva película, Deux pianos [+lee también:
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entrevista: Arnaud Desplechin
ficha de la película], protagonizada por François Civil y Nadia Tereszkiewicz.
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ficha de la película], que era una película reflexiva y experimental sobre el cine, vuelves a la ficción. ¿Hay diferencias en los procesos creativos entre estos dos tipos de películas?
Arnaud Desplechin: Ambas películas se escribieron en el mismo período de tiempo. Spectateurs ! fue muy liviana de hacer, porque incluía muchos fragmentos; era una película de montaje. Mientras tanto, yo ya estaba preparando Deux pianos. Lo que me gusta es contar historias, así que en realidad no creo que haya grandes diferencias entre ambos tipos de cine. Por ejemplo, hay un gran director que está catalogado como documentalista, que es Frederick Wiseman, pero cuando veo sus películas sobre las instituciones estadounidenses y luego la serie The Wire (Bajo escucha), pienso que la han hecho estudiantes de cine que se han inspirado en él. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Digamos que hay películas con actores y películas sin actores, pero siempre se trata de ficción.
¿Qué te llevó a querer contar esta historia?
La película surgió de una nueva colaboración con el guionista estadounidense Kamen Velkovsky, quien la coescribió conmigo. Yo no hablo inglés y él no habla francés, así que nos entendemos perfectamente [risas]. Me contó la historia de un pianista que regresa a su ciudad natal y ve en el rostro de un niño a su doble. Era como un cuento fantástico. Por mi parte, le conté otra historia: la de una viuda muy joven que acaba de perder a su marido. De repente, teníamos un melodrama y una película fantástica —podríamos decir que el melodrama está lleno de fantasmas—, y me pareció formidable, porque el melodrama es un género que me gusta mucho.
Es una película sobre el amor y la pareja. En un momento de la película, Claude [Nadia Tereszkiewicz] dice que amaba a los dos hombres. Si hubiera menos restricciones en las relaciones, ¿la vida sería más libre para todos?
No sabría decirlo, por mi edad. Nací en 1960, y cuando oigo a mi hijo decir: “sí, pero nosotros tenemos una relación abierta”, pienso: sí, pero eso se dice desde 1968. Tengo la sensación de que, en esta película, el amor necesita realizarse. Hay ocasiones en las que se puede amar a alguien infinitamente, y eso no es posible. A lo que hay que renunciar no es al amor, sino a la posesión. A Claude le gustaba ser «la mujer de...», y de repente se da cuenta de que existe por sí misma y de que ha cambiado. Acabará conquistándose a sí misma, tomando conciencia de que tiene poder, y eso es lo más hermoso que le puede suceder a un personaje femenino. Para mí, es un motivo muy importante en la película.
¿Por qué situar la historia en el mundo de la música? ¿Existe algún vínculo entre las exigencias de la profesión de músico y las del amor?
Sí, pero también hay otra cosa: la soledad. Todos los personajes se sienten muy solos, pero la música calma y suaviza las penas. Me pareció acertado que Mathias [François Civil] fuera músico, porque eso significa que siente amor por algo. Gracias a la música, algo en su interior se reconcilia. Me cuento entre los cineastas que piensan que las películas nos reconcilian con la vida. Por otra parte, la música también cuenta historias, no es solo decorativa. La música añadía cierto suspense a la película.
También dibujas un retrato maravilloso de la comunidad judía en Francia, en un momento que no parece fácil para ellos, dadas las acciones de Israel.
Para la escena del entierro, quería que todos los figurantes fueran judíos. Una de las figurantes me escribió una nota diciendo: “En este momento, es complicado ser judío, pero con usted, tuvimos la impresión de que era algo bueno”. Es el mejor cumplido que me pueden hacer. El mundo vive un momento de guerra que resulta duro, sea cual sea la postura política de cada uno —cada uno tiene derecho a tener sus opiniones—. La situación israelí parece imposible de resolver. Y luego está Ucrania, los aviones que sobrevuelan Estonia, etc., y tampoco tenemos solución para eso. Y entonces, de repente, cuando le hacen una pregunta a la que no le apetece responder, la música irrumpe y le dice que huya. Haz como mis personajes al final de la película: sal corriendo, salva el pellejo. Cuando una pregunta no me interesa, salgo corriendo. Esa es mi postura política: la huida.
(Traducción del francés)
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