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Francia

Ugo Bienvenu • Director de Arco

"Si quieres que pasen cosas buenas, tienes que pensar en ellas primero"

por 

- El cineasta francés habla sobre su notable primer largometraje de animación, una exploración futurista del estado crítico de mundo y los medios humanos de mejorar el porvenir

Ugo Bienvenu • Director de Arco
(© Remembers/MountainA)

Presentada en Cannes y ganadora del Cristal de Annecy, Arco [+lee también:
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ficha de la película
]
, el primer largometraje de Ugo Bienvenu, llega hoy a los cines franceses de la mano de Diaphana.

Cineuropa: ¿Cómo nació el personaje de Arco, el niño arcoíris?
Ugo Bienvenu
: Había recibido muchas propuestas para adaptar mi cómic System Preference al cine, pero las rechacé porque sentía que el cine sufre mucho por la falta de historias originales: las adaptaciones a menudo acaban dando lugar a películas “Frankenstein”. Eso me dio la idea de hacer un largometraje propio y pensé en las películas que me habían formado. Eran las de mi infancia: dibujos animados, pero también Jumanji, Casper, etc. Como quería hacer una película que fuera importante en la vida de quienes la vieran, decidí pensar ante todo en los niños. Por otra parte, soy autor de ciencia ficción y empecé a escribir la película durante la pandemia, cuando el mundo se parecía a una mala película de ciencia ficción. Sentí la responsabilidad de ser constructivo, no solo de criticar la realidad y decir que todo iba a ir mal. Si quieres que pasen cosas buenas, tienes que pensarlas primero. Y un día nació el personaje de Arco: dibujé una cabeza en el cielo, puse una estela de arcoíris detrás de ese pequeño personaje, se lo enseñé a mi compañero Félix de Givry y la máquina del largometraje se puso en marcha.

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¿Qué puedes contarnos de la idea de una historia que incorpore un doble futuro (un 2075 relativamente parecido a nuestra época y un futuro mucho más lejano que recuerda al Jardín del Edén)?
Las películas que me formaron confían en la inteligencia de los niños: Bambi, Pinocho, Brisby, El secreto de NIMH… En mi opinión, el papel de la ficción es fortalecer nuestros músculos emocionales para prepararnos para la realidad y afrontar situaciones críticas similares: si nos perdemos en el bosque, pensamos en Hansel y Gretel y no nos venimos abajo. No quería mentir a los niños: van a vivir en un mundo en el que siempre habrá tormentas e incendios, un mundo altamente tecnológico, marcado por el repliegue y la indiferencia. No obstante, si volvemos a conectar con nuestras emociones y sensaciones, con la experiencia física del mundo, con el compartir, el amor, la amistad y las aventuras humanas; si volvemos a confiar en las cosas pequeñas, quizá logremos salvarnos. Así que la idea del doble futuro era decirles a los niños que, incluso si el mañana no pinta bien, al reconectar los unos con los otros, pasado mañana puede ser mejor. A la hora de construir el futuro lejano del que viene Arco, recurrí a arquetipos y al inconsciente colectivo para que el relato avanzara más deprisa. En todos los relatos ancestrales de la humanidad hay jardines en el cielo y una vida en armonía con la naturaleza. Como se trata de una utopía, tenía que ser algo sencillo y no demasiado definido en la película, porque es un mundo que todos tenemos que inventar por nosotros mismos.

¿Qué tono querías imprimirle a la obra?
Quise aportar dulzura a la película. En la línea de Miyazaki, siento que no cedo a la violencia. Los únicos personajes a los que se abofetea son los robots. No hay grandes villanos: el principal antagonista es nuestro mundo y lo que hacemos con él. Nuestra realidad es compleja: no existe solo el bien y el mal, sino muchas zonas grises entre medias.

¿Por qué elegiste el 2D?
Soy ilustrador y mi mayor alegría es emocionarme con un trazo. Dibujar es una realidad sensorial que pasa por la mano y el cerebro. Se supone que la automatización en animación es más barata, pero Arco costó 140 millones de dólares menos que sus competidoras estadounidenses nominadas al Oscar realizadas de ese modo, y 15 millones menos que la película japonesa más barata. Es curioso observar que nos vendieron el modelo económico del 3D, que supuestamente iba a controlar los costes, pero en realidad hace que se disparen.

La película plantea la cuestión del peso de la tecnología y de la naturaleza humana.
Antes, la tecnología permitía al ser humano liberar tiempo para pensar, idear, soñar e imaginar cómo mejorar el mundo. En las últimas décadas, sobre todo desde la irrupción de los smartphones, se ha convertido en una tecnología que nos aparta de nosotros mismos, de nuestro teatro interior. La idea de Arco es creer en aquello que no puede calcularse. Tenemos un motor poderoso dentro, el inconsciente, la intuición, que nos permite llegar al resultado justo sin cálculo y que puede difundirse. El ordenador, en cambio, lo calcula todo para un resultado más bien limitado, porque es muy rígido y no puede integrar nada que vaya más allá de sí mismo. La inteligencia artificial pertenece al mundo de la no experiencia. Nos reconocemos en nuestras faltas, no en la perfección. Una obra de arte debe ser vibrante, transcribir la energía de la vida. El choque que sentimos ante una imagen o un texto de IA es que no logramos reconocer de dónde vienen, porque proceden del mundo de los muertos, un mundo que se detiene en un punto de referencia finito.

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(Traducción del francés)

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