Andrei Epure • Director de Don’t Let Me Die
"Quería componer un testimonio visual para archivar de alguna manera una vida vivida en la anonimidad y la indiferencia"
por Vittoria Scarpa
- El director rumano habla sobre su primer largometraje, que, mezclando realidad, sueños, comedia y terror, reflexiona sobre la estela que dejan las personas al morirse

Tras su estreno mundial en el Festival de Locarno, el primer largometraje del director rumano Andrei Epure, Don’t Let Me Die, se ha proyectado en la competición del Linea D'Ombra Festival de Salerno. Aprovechamos la ocasión para hablar con el cineasta sobre su película, que llegará a los cines rumanos el 5 de diciembre de la mano de Independenta Film.
Cineuropa: Tu película amplía un cortometraje que presentaste en la Semana de la Crítica de Cannes, titulado Intercom 51. ¿Qué te hizo pensar que esta historia merecía un formato más extenso?
Andrei Epure: Rodé Intercom 51 en tres días y, en cierto modo, solo quería prolongar la sensación que tuve al hacer el corto. Sentía que no debía abandonar tan pronto este universo ni a estos personajes. Me interesaba crear una especie de espacio liminal y también componer un testimonio visual que permitiera archivar, de alguna manera, una vida vivida en la anonimidad y la indiferencia, como una especie de elogio fúnebre. El reto era construir una especie de retrato, pero a través de la ausencia, únicamente con las cosas que quedan tras la muerte. Casi parece que está más presente después de muerta que cuando estaba viva. Y quizá de ahí provenga precisamente la fuerte atracción que siente Maria. Tal vez, a pesar de estar tan cerca, nunca tuvo el valor de acercarse a Isabella y saber más sobre ella. De ahí esa curiosidad morbosa que la impulsa a investigar y a cargar con este duelo de una manera tan profunda.
La película es mitad comedia negra y mitad cine de terror. Las escenas diurnas están más centradas en cuestiones burocráticas, mientras que las nocturnas resultan mucho más inquietantes y oníricas. ¿Cómo diste con el tono?
Creo que este tipo de comedia negra y de terror también sintoniza con la idea de estar entre dos mundos. En cierto modo, la película decide por sí misma cómo avanza. Cuando pienso en el estilo de una película y hago una lista de planos, me gusta dejar elementos que también tengan el potencial de sorprenderme. Además, cuando trabajo con comedia negra, intento inyectarle un poco de terror para ver cómo pueden comunicarse entre sí. Creo que esta le debe mucho al Teatro del Absurdo, en especial a Eugène Ionesco. Fue una inspiración para mí porque decía que el humor funciona mejor cuando da un poco de miedo.
Hay algunas escenas que se repiten con pequeñas variaciones y ciertos objetos que aparecen varias veces. ¿Cuál es la idea detrás de ello?
Creo que todo empezó porque en Rumanía se dice que, cuando alguien muere, durante 40 días vaga por todos los lugares que visitó en vida. Después “asciende”, o lo que sea. Me parecía interesante este tipo de demora tras la propia muerte, y quise trasladar esa repetición al más allá. Tuve la idea de utilizar algunos objetos como separadores entre la vida y la muerte. Elegí la puerta, por supuesto, pero también el portero automático, tanto como objeto como, sobre todo, por su sonido.
En tu película, los entornos transmiten más que los personajes y el espacio está mayoritariamente desprovisto de presencia humana.
Intentaba darle cierta planitud y prestar tanta atención al fondo como a lo que estaba en primer plano. Por supuesto, los personajes son centrales, pero buscaba jugar con la perspectiva. De esta forma, hay momentos en los que se percibe un ligero cambio de punto de vista, porque empiezas con la protagonista y mantienes su mirada a lo largo de la película, pero luego aparecen también esta disonancia y estas fugas.
En un momento dado, un personaje dice: “Creemos en la comunidad y en la empatía”, pero la realidad que se muestra es bastante distinta, porque parece existir una absoluta ausencia de conexión humana.
Intenté crear personajes tan absorbidos por sí mismos que no les quedara capacidad para ver o pensar en los demás. No es exactamente indiferencia hacia los otros, sino un exceso de ensimismamiento.
La inspiración original de la película parte de una historia real vivida por tu coguionista y productora Ana Gheorghe.
Es algo que vio en su infancia. Para ella no se trataba solo de un cadáver que veía por primera vez, sino también de la reacción, o la falta de ella, de la gente ante la muerte. Además, a nadie le importaba realmente esta mujer, porque en realidad nadie sabía cómo había sido su vida. En cierto modo, la vida de Maria se parece a la de esta mujer, así que funciona como una especie de advertencia. Quizá empieza a temer que esa muerte sea el reflejo de la suya.
(Traducción del inglés)
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