Kirk Jones • Director de Incontrolable (I Swear)
"Tenía una mezcla muy potente de humor, emoción y tragedia"
por Fabien Lemercier
- El director inglés habla sobre su emocionante película inspirada en la compleja vida del escocés John Davidson, figura emblemática del síndrome de Tourette

Presentada en Toronto y convertida en un espectacular éxito sorpresa en la taquilla británica, I Swear [+lee también:
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ficha de la película], de Kirk Jones, tuvo su estreno internacional en la competición del 26.º Arras Film Festival, donde se alzó tanto con el premio del público como con el del jurado joven.
Cineuropa: ¿Cuándo oíste hablar por primera vez de John Davidson y de dónde surgió la idea de hacer una película de ficción sobre su vida?
Kirk Jones: Vi el documental John's Not Mad en 1989. Entonces no era cineasta, pero recuerdo haber pensado que su vida era una historia estupenda para una película. Más tarde vi una versión actualizada del documental, cuando John tenía unos 20 años, en la que decía que le gustaría tener novia, pero que cada vez que se acercaba a una chica le escupía a la cara. Me pareció desgarrador. Con cada nuevo documental (descubrí otro cuando tenía 30 años, y luego lo vi recibir una distinción de la reina de Inglaterra) me fui dando cuenta de lo dramática que era su vida, pero también percibía cierto humor en torno a su condición. Así que me puse en contacto con él y le pregunté si le molestaba que yo lo viera así. Me dijo que en absoluto, que el síndrome de Tourette puede ser muy difícil, pero también puede dar lugar a situaciones genuinamente divertidas. Dentro de esa comunidad, ellos mismos se ríen juntos de ello. Entonces pensé: estoy ante un viaje increíble, una condición poco comprendida, pero también una mezcla muy potente de humor, emoción y tragedia. Me fascinaba la combinación de todos esos elementos.
¿Modificaste aspectos de la vida de John para el guion?
Lo primero que hice fue escucharle durante varios días. Le dije: “Cuéntame todo lo que recuerdes del colegio, de tus padres, de la búsqueda de trabajo, etc.”. Después organicé todo el material que me interesaba. Casi todo lo que ocurre en la película es exactamente lo que le sucedió a John, aunque a veces cambié el orden de los acontecimientos y ajusté un poco su edad. Mientras hablábamos, también estudié sus tics e intenté incorporarlos al guion. Además, le di un crédito como productor ejecutivo para que pudiera opinar sobre el guion y la película. Me daba mucho reparo enseñársela cuando estuvo terminada, igual que mostrársela a las asociaciones escocesas y británicas vinculadas al síndrome de Tourette. Era fundamental que la comunidad se sintiera representada. Y lo cierto es que están encantados. Creen que la película puede marcar un antes y un después en la comprensión del síndrome porque la historia se cuenta de forma auténtica. Aun así, podía haber salido mal, sobre todo por el humor y el tono, y no supe cómo reaccionaría el público hasta que empezamos a proyectarla.
¿Cuánto improvisó Robert Aramayo? Ofrece una interpretación increíble como la versión adulta del personaje.
Todos los tics estaban escritos en el guion, pero el primer día de rodaje Rob me dijo: “No esperarás que me ciña al guion con los tics, ¿verdad?”. Y tenía razón. No se pueden guionizar porque surgen de forma imprevisible. Si los actores hubieran sabido cuándo iban a aparecer, habríamos perdido esa energía que genera lo inesperado. Nadie sabía lo que iba a pasar. Seguíamos el guion en lo esencial, pero Rob tenía libertad para introducir variaciones. Eso mantenía en tensión al resto del reparto, que debía reaccionar en el momento. Aun así, sus tics no eran inventados: los había identificado durante su investigación, reuniéndose con personas con síndrome de Tourette.
¿Qué opinas del enorme éxito que ha tenido la película en los cines británicos?
Lo esperaba, en parte por egoísmo, porque es mi película. Pero también porque al cine británico le cuesta encontrar financiadores que confíen en él. Si hubiera fracasado, habrían dicho: “¿Lo ves? No funciona. La gente ya no quiere ver cine británico. I Swear es una buena película, tuvo buenas críticas, pero nadie fue a verla. ¿Por qué iba a invertir dinero en esto?”. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario, y la gente está diciendo: "¿Te acuerdas de The Full Monty? ¿Billy Elliot? Cine británico de verdad". El público sigue queriendo ver ese tipo de películas, ir al cine y comprar su entrada. Así que espero que I Swear ayude a que otras personas puedan sacar adelante películas en el Reino Unido.
(Traducción del francés)
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