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Italia / Francia

Damiano Michieletto • Director de Primavera

"Los dos protagonistas tienen la necesidad de validación, de tener algo y a alguien que los haga sentirse apreciados"

por 

- El multipremiado director de ópera habla sobre su primera experiencia como director de cine, sobre el poder de la música y sobre las historias italianas con buena recepción en el extranjero

Damiano Michieletto • Director de Primavera
(© Fabio Lovino)

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supone el debut en el largometraje de Damiano Michieletto, un galardonado director de ópera que ha trabajado con algunos de los teatros más importantes de Italia y del mundo. La película, que gira en torno al encuentro entre una joven música con talento que vive en un orfanato y el gran compositor Antonio Vivaldi, se estrenará en Italia el 25 de diciembre de la mano de Warner Bros y ya ha sido adquirida en 50 países de todo el mundo.

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Cineuropa: Un estreno mundial en Toronto, un premio del público en el Chicago Film Festival y un notable éxito en ventas internacionales. ¿Qué tiene tu película que atrae al público internacional?
Damiano Michieletto: Creo que lo que atrae es que se trata de una película con gran alcance, que engancha al espectador con un relato directo y emocional. Y también está la música, que se convierte en un vehículo no solo para transmitir la época en la que se ambienta la historia, sino también para explorar una determinada humanidad. No es un biopic ni una película histórica en el sentido más estricto; es una película que utiliza una historia situada en el pasado para explorar una condición femenina que sigue siendo actual. A nivel internacional, creo que el hecho de ser un relato profundamente italiano es precisamente lo que la hace especial. Está rodada en Venecia y cuenta con un personaje icónico como Vivaldi, que en realidad no es el protagonista. Es una película que mezcla la tradición italiana con una historia concreta vinculada a un tema femenino que espero que resuene también entre las generaciones más jóvenes.

Precisamente, el personaje del célebre compositor barroco queda en segundo plano frente a la huérfana.
La protagonista es Cecilia. Es la historia de una joven huérfana que está sola y resignada a su destino: el abandono, una herida que en cierto modo logra sanar gracias al encuentro con un hombre que la ayuda a descubrir su talento. El personaje de Vivaldi aparece en un momento clave, la guía a través de la música y favorece ciertos cambios. La parte central de la película funciona como una pieza musical: una música nunca escuchada antes que irrumpe, crea confusión y termina por darle voz. Aun así, Cecilia no es una mujer libre, sino alguien atrapado dentro de un sistema que ya ha decidido su futuro, ya que las normas del orfanato son claras, por lo que intenta escapar a su control.

En un momento de la historia, la relación entre Cecilia y Vivaldi podría haber derivado en algo romántico, pero no ocurre. ¿Qué es lo que une a estas dos personas?
Les une el hecho de que son dos seres muy distintos que se acercan con cautela y comparten una misma sensibilidad. Ambos arrastran heridas maternas y sienten la necesidad de validación, de encontrar algo o a alguien que les haga sentirse apreciados o que dé sentido a sus vidas. Es una conexión entre dos almas que se encuentran a través de la música, y nada más. Que no es poco; al contrario, es lo que los mantiene vivos.

Todo transcurre en una atmósfera sombría e inquietante. ¿También ocurre así en el libro Stabat Mater de Tiziano Scarpa, en el que se inspira libremente la película?
El libro es una especie de largo monólogo interior de Cecilia, que escribe cartas a su madre, y tiene un tono bastante lúgubre. Ella sufre pesadillas, pero eso no lo mantuvimos en la película. Lo que sí conservé fue ese tono de sufrimiento y drama que impregna el libro de Scarpa, aunque añadimos personajes, escenas y una trama que el original no tenía. También nos tomamos ciertas licencias creativas: la película se apoya en todo lo que investigamos sobre la vida en los orfanatos de la época, cómo comían los niños, dónde dormían y cómo era su día a día.

La fotografía de la película tiene un carácter extraordinariamente pictórico. ¿Hubo algún artista del siglo XVIII que te inspirara?
Nadie en particular, pero mi directora de fotografía, Daria D'Antonio, y yo buscamos un determinado tipo de estilo en las imágenes, intentando a la vez evitar toda retórica o embellecimiento, tratando de transmitir la realidad de un entorno pobre, depurado y sin adornos, como un orfanato. A menudo filmamos con luz natural y no hicimos demasiado en la fase de posproducción: solo lo mínimo para hacer justicia a las imágenes que habíamos rodado a la luz de las velas o en situaciones oscuras, apuntando siempre a la luz oblicua en los rostros, los contrastes, los contraluces, el claroscuro. Luego trabajé mucho el montaje con Walter Fasano para dotar de un determinado ritmo a las secuencias, también a las musicales. Hay muchas escenas que duran varios minutos sin diálogo. Y ahí todo depende del tempo y de las imágenes.

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(Traducción del italiano)

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