Igor Bezinović • Director de Fiume o morte!
"Hoy estamos siendo testigos de cómo se produce el miedo, de que la idea de la guerra es inevitable"
por Valerio Caruso
- El director croata habla sobre su última película, un documental que se resiste a la creación de mitos y a cambio hace del cine un acto cívico colectivo

En Fiume o morte!, el cineasta croata Igor Bezinović revisita el período de la ocupación de Rijeka por parte de Gabriele D’Annunzio mediante un enfoque participativo y colectivo que convierte la historia en una herramienta para reflexionar sobre la Europa contemporánea. A partir de su formación en filosofía, sociología y activismo político, Bezinović construye una película que rehúye la mitificación y propone la creación cinematográfica como un acto cívico compartido. Ganadora del Tiger Award en el IFFR el pasado enero, la película representa ahora a Croacia en la carrera por los Óscar y está nominada en las categorías de Documental Europeo y Película Europea en los European Film Awards.
Cineuropa: Tu trayectoria no es la de un cineasta “clásico”. Estudiaste filosofía y sociología antes que cine. ¿Cómo influyó eso en tu trabajo, concretamente en Fiume o morte!?
Igor Bezinović: Estudié filosofía y sociología antes de matricularme en la Academia de Arte Dramático de Zagreb, cuando empecé a interesarme por los documentales activistas y políticos. Ese bagaje ha influido profundamente en mi manera de pensar el cine. Mi círculo más cercano sigue estando compuesto en gran medida por gente de las humanidades, de la escena artística y política de Croacia y la antigua Yugoslavia. Formar parte de una red intelectual tan amplia ha marcado mi trabajo de forma decisiva. Para mí, el cine nunca está aislado del pensamiento social, político o colectivo.
¿Qué te motivó inicialmente a abordar la figura de Gabriele D’Annunzio y la ocupación de Rijeka?
Ya cuando tenía veintipocos años empecé a notar que a D’Annunzio se le recordaba de forma muy distinta en Italia y en Rijeka, mi ciudad natal. En Rijeka, su nombre siempre se mencionaba en un contexto negativo, mientras que en Italia veía libros publicados sobre él, así como calles y plazas que llevaban su nombre, a menudo de manera celebratoria. Esta contradicción me intrigó. Empecé a interesarme seriamente por el tema durante mi semestre de intercambio en Padua, pero el proyecto comenzó oficialmente en 2015, cuando solicité financiación para el desarrollo. Pasaron muchos años hasta que yo mismo pude comprender el tema y desmitificarlo, tanto histórica como personalmente.
La película adopta una forma muy específica, combinando intérpretes no profesionales, recreaciones y participación colectiva. ¿Cómo llegaste a este formato?
Al principio no tenía una idea formal clara. Durante años leí mucho, me reuní con historiadores, visité lugares históricos e intenté construir mi propia comprensión de unos acontecimientos que nunca me habían enseñado en la escuela. Pero me costaba encontrar la forma cinematográfica adecuada. Finalmente, tomé tres decisiones clave. Primero, contar la historia de manera cronológica. Segundo, basarla estrictamente en hechos y fotografías, reconstruidos en ubicaciones reales. Y tercero, la opción más exigente: implicar directamente a la ciudadanía de Rijeka, haciendo que la película fuera participativa y colectiva. Quería que la historia se contara desde la perspectiva de una comunidad, no desde arriba.
¿Cuáles fueron los principales retos de trabajar con actores no profesionales?
La película tuvo dos grandes desafíos: comprender el material histórico y trabajar en el presente con intérpretes no profesionales. Muchas de las personas implicadas estaban descubriendo esta historia por primera vez. Abordé el proceso casi de forma pedagógica, explicando a cada participante qué significaba su papel y qué intentaba transmitir la escena. Estuve constantemente preocupado por que alguien pudiera sentirse incómodo o desconectado del proceso. Al final, la respuesta superó todas las expectativas. La película se convirtió en el documental croata más visto de todos los tiempos y en la película más vista de la historia en los cines de Rijeka. Los participantes se sintieron orgullosos y emocionalmente implicados: percibieron la película como propia. Lo que más me alegra es oír a otras personas decir que ojalá también hubieran participado.
En la película evitas emitir un juicio autoral explícito y dejas que los hechos hablen por sí solos. Después de toda esta investigación, ¿cómo ves personalmente a D’Annunzio?
Creo que los actos de D’Annunzio hablan por sí solos y con suficiente fuerza. La manera en que se cuenta la historia ya refleja mis valores, que son firmemente antiautoritarios y antiaristocráticos. D’Annunzio despreciaba la democracia, rechazaba los procesos colectivos y era profundamente narcisista. Me parece asombroso que alguien pudiera declarar la guerra a su propio país y luego ser recompensado con el título de “Príncipe”. Es un caso histórico único y profundamente perturbador. Para mí, es una figura peligrosa, no solo en términos históricos, sino también simbólicos, y que puede servir como advertencia para el futuro.
La película resuena claramente con el clima político actual. ¿La concibes como una advertencia para la Europa contemporánea?
Absolutamente. Además, hay que llamar a las cosas por su nombre: fascismo. El sistema en el que operó D’Annunzio se basaba en cuatro pilares: militarización, propaganda, nacionalismo y capitalismo. Alguien financió la ocupación, alguien se benefició de ella y alguien también se beneficiará de las guerras futuras. Hoy estamos siendo testigos de cómo se produce el miedo, de que la idea de la guerra es inevitable, de que son necesarias más armas y más militarización. Esto me preocupa profundamente. Espero que la película pueda funcionar como una advertencia y ayudarnos a reflexionar sobre lo que está ocurriendo ahora mismo en Europa.
(Traducción del inglés)
¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

















