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BERLINALE 2026 Competición

Anke Blondé • Directora de Dust

"Luc y Geert están en plena caída, y la cuestión es saber cómo lo harán"

por 

- BERLINALE 2026: La directora flamenca habla sobre su segundo largometraje, escrito por Angelo Tijssens y protagonizado por Jan Hammenecker y Arieh Worthalter

Anke Blondé • Directora de Dust
(© 2026 Dario Caruso para Cineuropa - dario-caruso.fr, @studio.photo.dar, Dario Caruso)

Anke Blondé, que durante mucho tiempo fue directora de casting, llamó la atención en 2019 con su primer largometraje, The Best of Dorien B. [+lee también:
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, que ya narraba una historia de derrumbe. Con Dust [+lee también:
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, escrita por el guionista Angelo Tijssens (autor, entre otras, de Girl [+lee también:
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), se inspira en la historia real de dos empresarios flamencos a punto de ser encarcelados por fraude. La película se ha estrenado a nivel mundial en la competición oficial de la 76.ª Berlinale.

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Cineuropa: ¿Cuál es, en tu opinión, el núcleo de la película?
Anke Blondé: La identidad masculina. Son dos empresarios que han perdido su dinero, su poder y su estatus, y que deben enfrentarse a lo que queda de su antigua gloria. ¿Quiénes son cuando todo se derrumba a su alrededor? Se ven obligados a despojarse de sus trajes y de sus máscaras.

¿Cómo reaccionaste al descubrir el proyecto?
Al leer el guion, me sentí inmediatamente atrapada por la historia, que me sorprendió por su humor y su ironía, pero también por su complejidad y su humanidad. Esta historia es como una cebolla, ya que tiene muchísimas capas. Me encariñé enseguida con esos dos machos alfa de los años 90. Y luego Angelo me permitió apropiarme de la historia hasta que se convirtió en mía. Angelo tiene muchísimo talento, es un observador extraordinario y posee un gran sentido del detalle. Estoy muy contenta de que finalmente hayamos conseguido sacar adelante esta película, que tardó mucho en financiarse.

¿Quiénes son Luc y Geert?
|Son productos de la sociedad en la que viven. Han construido su moral en función de su época: cuando eres hombre, tienes que tener éxito, dinero y poder. En el fondo, son hombres arquetípicos, una especie de caballeros con armadura. Cuando llega la crisis, uno estalla y el otro se derrumba por dentro. Uno de los temas de la película es que los hombres no saben qué hacer con sus emociones y sentimientos. Es algo muy masculino, y aún más típico de su región, Flandes Occidental. Siempre hay que “mantener la calma y seguir adelante”. Estoy muy orgullosa de que hayamos logrado transmitir esa particularidad cultural en la película. Nos educan para ser modestos. Estos dos empresarios quisieron volar demasiado alto y acabaron quemándose las alas.

Es, ante todo, la historia de su caída, las últimas 36 horas antes de su encarcelamiento.
Angelo no quería contar la grandeza, sino la decadencia. Sabemos que están cayendo; la cuestión es cómo van a caer. ¿Qué queda de su identidad, abrumada por ese sentimiento de culpa? Han traicionado a mucha gente cometiendo ese fraude. Mi objetivo era que el público pudiera verse reflejado en ellos, en sus dudas. Aunque hicieron mal, quería mostrar su humanidad.

El relato avanza a base de saltos temporales, con numerosos flashbacks.
Quería estar lo más cerca posible de ellos, y por eso en el montaje decidimos “mezclar” la temporalidad del relato. La idea era que el espectador se sintiera atrapado en una especie de bucle, como los propios personajes, que no dejan de revivir los acontecimientos. Se convierte en una obsesión para ellos: Geert está obsesionado con el éxito al que debe renunciar, y Luc con la vergüenza. A lo largo de la película vemos también documentos siendo triturados, lo que se convirtió en un motivo recurrente en el montaje. Y eso nos inspiró para “triturar” también la historia.

La película está ambientada en 1999 y habla de una tecnología del futuro que hoy nos resulta obsoleta; hay cierta ironía en ello.
Estoy a punto de cumplir 50 años; tenía 17 cuando aparecieron los primeros teléfonos móviles, luego llegó internet. Me apasioné por la tecnología, y todo avanzó muy rápido. Sin embargo, hoy estamos en un punto de inflexión, y quizá sea el momento adecuado para contar estas historias. Hemos ido demasiado lejos con los robots. Hay que hablar de ello. No podemos convertir a los seres humanos en máquinas. Es un tema candente. Lo que realmente necesitamos son conexiones humanas, relaciones humanas, conversaciones cara a cara. La tecnología nos ayuda, por supuesto, pero le falta humanidad. Puede sonar un poco ingenuo, pero lo creo sinceramente.

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(Traducción del francés)

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