Mahamat-Saleh Haroun • Director de Soumsoum, the Night of the Stars
"Cuando todo se uniformiza, lo que importa son las voces y las músicas diferentes y disonantes"
por Fabien Lemercier
- BERLINALE 2026: El director francochadiano habla sobre el origen de su nueva película, que entremezcla leyenda y realismo en el espíritu sincrético que impregna el día a día de un territorio

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entrevista: Mahamat-Saleh Haroun
ficha de la película], presentada en la competición oficial de la 76.ª Berlinale, es el noveno largometraje de Mahamat-Saleh Haroun.
Cineuropa: ¿De dónde surgió la idea de esta historia que roza lo atemporal? ¿Fue el extraordinario escenario de la meseta de Ennedi lo que te inspiró?
Mahamat-Saleh Haroun: Viví una historia algo parecida con alguien que fue rechazado por no ser practicante, pero al final conseguimos encontrarle una sepultura. Sin embargo, no sabía cómo abordar el tema. La meseta de Ennedi me abrió un camino. Allí hay muchísimas leyendas que me recordaron a los cuentos de mi infancia. Son casi relatos de los orígenes, y pensé que había que hablar de ello a través de una historia verdaderamente mítica. Ennedi es, en cierto modo, el comienzo de la humanidad: es donde se encontró el cráneo de Toumaï, el primer homínido de la Tierra. Por eso quería esa atemporalidad, para simbolizar la universalidad de nuestro origen y destino comunes.
¿Por qué elegiste a una adolescente como protagonista?
Porque es una adulta en construcción, en pleno proceso de formación, en rebeldía, pero también una mujer, ya que, en general —al menos en Chad—, a las mujeres se les asigna un lugar muy concreto. Quería introducir un desplazamiento, que el personaje de Kellou cuestionara un poco el orden establecido por el patriarcado. Pero también deseaba que existiera un vínculo de amistad entre estas dos mujeres, Kellou y Aya, algo invisible. Aya está ahí para transmitir a Kellou la posibilidad de ver, de reconciliarse con sus orígenes.
¿Cómo has trabajado en el equilibrio entre el aspecto legendario y el realismo?
Todo parte de la vida cotidiana actual en esa región de Chad. Buscaba una especie de amalgama, mostrar cómo lo invisible y lo visible conviven. Aunque la gente practique religiones reveladas, existe un sincretismo, un imaginario muy chadiano, donde conviven el realismo y una cierta magia y maravilla en lo cotidiano. Lo que me guiaba era el lado de los cuentos, y a partir de ahí fui desarrollando el resto, a base de intentar encontrar un equilibrio entre la magia de lo maravilloso y el realismo. Y es que también quería anclar esta historia en una geografía muy concreta, y era necesario recurrir a lo real para hablar de todo ello. Esa realidad también permite cuestionar la vida actual y el futuro de este mundo. Ese equilibrio lo encontramos sobre todo en el montaje, pero era la intención desde el principio.
¿Cuáles eran tus principales intenciones visuales en este decorado monumental, casi de western?
El riesgo era caer en la postal, porque el lugar es tan majestuoso y magnífico que resulta muy tentador rendirse a su belleza. Pero mi prioridad era la historia de esta adolescente. Así que también hubo que encontrar un equilibrio entre ese espacio en el que, en un momento dado, ella se pierde, y el paisaje de los rostros.
La película incluye una referencia directa a la novela Étonner les dieux, del nigeriano Ben Okri.
Eso nos remite a algo profundo, fundamentalmente africano. Hoy en día, los marcadores de identidad en África están más ligados a las religiones reveladas que a una verdadera africanidad. Hay una especie de huida hacia adelante, y creo que es necesario recordar el mundo de antaño. Llevaba años queriendo contar una historia así, con poesía. En el momento en que abordas estas leyendas, estos relatos fantásticos y maravillosos, se abren las puertas de la libertad. Y no hay nada como la libertad a la hora de crear. El realismo exige rápidamente verosimilitud, mientras que lo fantástico y lo maravilloso se liberan de todo eso.
Es un tono que va un poco a contracorriente de las tendencias del cine contemporáneo…
Cuando todo se parece, cuando todo está uniformizado, lo importante son las voces, las músicas diferentes, incluso disonantes. De donde yo vengo, de donde filmo, Chad, esa singularidad es fundamental para situarse en el mapa del mundo. Porque a veces tengo la impresión de ver películas con imaginarios dominantes rodadas al otro lado del mundo, como si fueran películas de Hollywood, aunque estén hechas en países del Sur. Es todo un imaginario que se ha adoptado simplemente por el deseo de seducir. Pero la creación también es un espacio de resistencia. Y resistir es hacer las cosas de otra manera, proponer algo distinto.
(Traducción del francés)
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