Marcelo Martinessi • Director de Narciso
“Hoy el cine tiene la enorme posibilidad de ser un puente: contar lo que pasó y ayudarnos a reflexionar para no repetirlo”
por Veronica Orciari
- BERLINALE 2026: El director paraguayo habla de combinar hechos históricos y ficción en su película, explorando la sociedad y el autoritarismo en el Paraguay de finales de 1950

Hablamos con el director paraguayo Marcelo Martinessi, cuya segunda película, Narciso [+lee también:
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ficha de la película], se ha proyectado en la sección Panorama de la Berlinale. La película se basa en el libro homónimo de Guido Rodríguez Alcalá y cuenta la historia de Narciso, un hombre que intenta cambiar la forma en que la gente ve la música y la vida en el Paraguay en 1959.
Cineuropa: La película parte de hechos históricos como la muerte de Bernardo Aranda y el ‘Caso 108’. ¿Qué mantuviste fiel a la realidad y en qué tuviste libertad creativa?
Marcelo Martinessi: Mi punto de partida fue un libro de ficción, que ya decidía qué tomar de la realidad y qué no. Aunque tenía una trama muy interesante, necesité hacer cambios en la estructura y en algunos personajes para que funcionara mejor en mi adaptación al cine. Por ejemplo, en el libro apenas se menciona a Drácula, que en la película tiene una fuerte presencia narrativa, dramática. También decidí darle un lugar central a la radio, un espacio público y privado con muchos ambientes ricos para contar la historia.
Para mí hay dos temas que atraviesan la realidad, el libro y la película. El primero es el tejido social: no solo la acción del dictador, sino todo un sistema de silencio, complicidad e intereses que también dialoga con el presente. Y por otro lado, algo bastante fuerte son todas esas noticias que se escuchan en la radio, donde hay mucha homofobia y discriminación, y que son realmente noticias quitadas de la prensa de fines de los años 50. El resto de las cosas están, de alguna manera, trabajadas. Al final, no mencionamos directamente a Alfredo Stroessner y lo llamamos El Rubio (un apodo que no le gustaba) para integrarlo en la atmósfera de la película.
Muchas veces, cuando un artista decide retratar una época del pasado, especialmente si es una época dura, también está buscando decir algo sobre el presente. ¿Era tu intención establecer ese diálogo con la actualidad?
Yo creo que es muy evidente que estamos en un momento en el que, en muchos proyectos políticos, vuelve a sentirse el autoritarismo con mucha más fuerza. Personalmente, hago muy pocas películas: esta es mi segunda película después de ocho años. No haría una película que se quede en el pasado, no haría un documento histórico solamente. Por supuesto me gusta ver documentales y leer sobre el pasado, pero creo que hoy el cine tiene la enorme posibilidad de ser un puente: contar lo que pasó y ayudarnos a reflexionar para no repetirlo. Siento que hay muchos países en los que unas conquistas están en riesgo, y me parece que es importante entender que cambiaron las formas. Yo no creo que hoy pueda haber una manera de hacer desaparecer gente tirándola de los aviones, como antes, en la época de la dictadura. Pero hacen desaparecer a gente ahogándose con una salud pública miserable, con una educación pobre, recortando todos los programas sociales. Matan a la gente poco a poco, la hacen desaparecer como personas aun sin quitarles la vida.
¿Cuáles son tus esperanzas para el público de Paraguay, ya que es un trozo de su historia, y para el público que no conoce esa historia? ¿Qué esperas que saquen de ella?
Una de las cosas que más me costó durante este proceso fue lograr que la historia no se quedara solo en Paraguay, que cualquier persona pueda entender su universalidad y la razón de ser de esta historia. Yo tengo mucha expectativa de que la película pueda viajar y conectar, como sentí aquí en la Berlinale muy fuertemente, con diferentes públicos. En Paraguay, me da la impresión de que hay una gran expectativa hacia cada película nueva, porque es un país que tiene un cine emergente. En esa expectativa que tiene la gente, hay una posibilidad para que se entienda el cine como un espacio para hacernos preguntas, para reflexionar, no solamente como un lugar de entretenimiento. Ahí el cine se ha centrado principalmente en entretener por la falta de salas y público, y un cine más reflexivo aún no es común. Con películas como esta esperamos empezar a formar otro tipo de público.
La película aborda muchos temas como la política, los derechos LGBTQ+ y la música, y no encaja fácilmente en un solo género. Si tuvieras que describir Narciso a alguien que no la conoce, ¿cómo lo harías?
Empecé la película como un noir paraguayo sin usar todos los códigos del género. En vez de una “femme fatale”, Narciso es un “homme fatal” que conocemos a través de las mirada de los otros personajes. Algunos han llamado la película un thriller claustrofóbico, lo que me gusta como descripción. Siento que Las herederas [+lee también:
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ficha de la película], mi película anterior, era muy ordenada, con un solo hilo conductor, muy fácil de seguir. Funcionó muy bien para el público y los festivales y así los fondos nos dieron un cheque en blanco para experimentar. A diferencia de Europa, que tiene una industria más grande, desde Paraguay podíamos proponer algo más desordenado y libre, y me pareció necesario aceptar esa posibilidad.
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