Abdallah Al-Khatib • Director de Chronicles from the Siege
“Los seres humanos son complejos en cualquier parte del mundo, y la guerra no borra esa complejidad”
por Ola Salwa
- BERLINALE 2026: El director desglosa su proceso creativo y comparte cómo el hecho de que la película se produjera de forma independiente lo liberó de expectativas externas

Hemos hablado con Abdallah Al-Khatib, director de Chronicles from the Siege [+lee también:
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ficha de la película], que tuvo su estreno mundial en la sección Perspectives de la Berlinale, donde ganó el premio a la mejor ópera prima. En su discurso de aceptación, Al-Khatib afirmó que el gobierno alemán “es cómplice del genocidio en Gaza perpetrado por Israel. Creo que son lo suficientemente inteligentes como para reconocer esta verdad”, lo que provocó que el ministro alemán de Medio Ambiente, Carsten Schneider, abandonara la ceremonia. La declaración de Al-Khatib y la foto de su equipo sosteniendo una bandera palestina junto a la directora artística de la Berlinale, Tricia Tuttle, generaron tensiones en Alemania (leer la noticia).
Antes de iniciar la conversación, el director advierte que no quiere comentar esta situación y que prefiere centrarse en la película. Nos habla de su proceso creativo y explica cómo producir la película de manera independiente le permitió liberarse de presiones externas.
Cineuropa: Tu película es, en cierto modo, una continuación de tu documental Little Palestine (Diary of a Siege) [+lee también:
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ficha de la película], que rodaste en tu ciudad natal de Yarmouk. ¿Qué te permitió explorar la ficción?
Abdallah Al-Khatib: Mientras hacía Little Palestine, había muchas historias y detalles que quería incluir, pero era imposible. En una sola película, especialmente en un documental, no puedes abarcarlo todo. Estás limitado por el material disponible y por la propia estructura de la realidad. Durante seis años tuve en mente la idea de volver al asedio, aunque no sabía de qué manera hacerlo. Dudaba entre rodar otro documental o probar algo distinto. La forma de la película fue surgiendo durante el proceso. Empecé con un cortometraje y, más tarde, junto a mi productor, decidimos ampliarlo hasta convertirlo en un largometraje compuesto por cinco historias interconectadas. Quería centrarme en aspectos de la vida bajo asedio que rara vez vemos en la televisión o en el cine, especialmente en el contexto palestino. La película podría transcurrir en Yarmouk, en Gaza, en Yenín o en Beirut (el lugar no está estrictamente definido). Lo importante era explorar temas tabú: alguien buscando cigarrillos, sexo, conversaciones sobre cine, preocupaciones amorosas. Se tiende a pensar que, durante un asedio, uno solo se preocupa por la comida, el agua y las medicinas. Y aunque todo eso es esencial, también intentamos sobrevivir mental y emocionalmente. Tratamos de preservar nuestra salud psicológica, no solo nuestros cuerpos.
Cada historia adopta un tono o un género distinto (terror, comedia, thriller). ¿Cómo lograste que esos cambios resultaran coherentes?
Intenté reflejar la vida bajo asedio tal y como la viví. A veces estábamos riendo juntos y, un segundo después, nos enterábamos de que habían matado a alguien. Todo cambia de inmediato. Esa inestabilidad forma parte de la guerra. La película se basa en historias reales y en mis propios recuerdos, especialmente las dos últimas partes (el encuentro entre Huda y Faris y la del hospital). Ocurrió exactamente así. No elegí un género concreto; las historias reflejan cómo experimento la realidad.
Muestras a personas apoyándose mutuamente, pero también robando cigarrillos y escondiendo comida, de una manera que nos hace empatizar con ellas en lugar de juzgarlas. ¿Por qué era importante incluir estos momentos moralmente ambiguos?
No buscaba provocar empatía, sino generar solidaridad y comprensión. No somos “víctimas perfectas”, ni tampoco criminales (como a veces se nos representa en el cine). Somos personas que intentan llevar una vida normal en una situación anormal como un asedio. Es importante no retratar a quienes viven en guerra de forma superficial, como hacen algunos cineastas de fuera. Mis protagonistas son complejos: la misma persona que le da pan a Arafat después come azúcar sin compartirlo con nadie. Faris quiere hacer el amor con Huda, ignora a quienes vienen a pedir ayuda y, más tarde, va al hospital a donar sangre. Cada personaje tiene varias caras. En el campamento de Yarmouk había gente radical o incluso malvada, pero nadie tenía derecho a matarnos ni a hacernos sufrir bajo el asedio. Nadie merece ser asesinado o morir de hambre por ser imperfecto. Los seres humanos son complejos en cualquier parte del mundo, y la guerra no borra esa complejidad.
En una ocasión hablaste de un posible nuevo género, “películas de la guerra”, que surge principalmente en Siria. ¿Crees que la manera en que los cineastas representan la guerra ha evolucionado en los últimos años?
Todo cambia, por supuesto. Algunos directores intentan encontrar un nuevo lenguaje cinematográfico, mientras que otros siguen atrapados en patrones moldeados por expectativas occidentales. Muchos cineastas de nuestra región están influidos por lo que el público europeo quiere ver. Cuando escribimos o desarrollamos proyectos, a menudo nos preguntamos si el público europeo los aceptará, en lugar de pensar si conectarán con nuestra propia gente. Es un gran error. En mi caso, tuve la suerte de contar con una producción pequeña e independiente. No recibimos financiación europea durante el desarrollo, así que no sentí presión para adaptar la película a expectativas externas. Mi primera pregunta siempre fue: ¿mi gente se verá reflejada en esta película? ¿Sentirá que representa su experiencia? Tras el rodaje y el primer montaje, solicitamos financiación y recibimos apoyo de Túnez, Marruecos, Argelia y Catar, todos países árabes. Eso me permitió mantener la película exactamente como yo quería. Incluso después, cuando los agentes de ventas sugirieron recortar ciertas partes porque podían resultar “demasiado duras” para el público, me negué. No se puede fragmentar una experiencia como la vida bajo asedio para hacerla más cómoda. Es una experiencia total: o la aceptas o la rechazas.
(Traducción del inglés)
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