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MÁLAGA 2026

Margherita Ferri • Directora de El chico de los pantalones rosas

“La solución al bullying está en la educación, no solo dentro de la familia, sino como sociedad”

por 

- La cineasta italiana habla sobre su segundo largo, que aborda la violencia y la homofobia, y el nuevo, que también refleja las inquietudes de la adolescencia

Margherita Ferri • Directora de El chico de los pantalones rosas

Charlamos con Margherita Ferri mientras prepara su tercera película Piercing, pero su anterior film, El chico de los pantalones rosas [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Margherita Ferri
ficha de la película
]
, que ha sido un éxito en su país desde su estreno en noviembre de 2024 con Eagle Pictures, llega el 17 de abril a los cines españoles distribuido por Filmax, tras su paso por el inminente Festival de Málaga, dentro de la sección Mosaico: Panorama internacional.

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Cineuropa: ¿Tu nuevo largometraje también está protagonizada por jóvenes?
Margherita Ferri: Sí, se titula Piercing y es la historia de tres adolescentes. Llevo años escribiéndola: ellas son de un barrio obrero de Bolonia, donde hemos rodado, y sufren problemas con sus padres y amigos. Son un poco alborotadoras, cada una a su manera, y se perforan los labios ellas mismas en el cuarto de baño, como parte de un pacto de amistad. Pero al hacerlo descubren que tienen superpoderes extraños. Es como una película de género, pero con un estilo muy natural y realista. Es una mezcla de nuevo neorrealismo y superhéroes, porque hay un elemento sobrenatural dentro de ese barrio obrero.

Pero ¿es una historia autobiográfica o ficción?
La inspiración de Piercing proviene de cuando yo rodaba documentales y conocí a muchas personas de distintas edades y experiencias. Por ejemplo a una adolescente embarazada y aquí una de las protagonistas está también en cinta. Y el elemento sobrenatural es una metáfora de esa edad, cuando te sientes invencible. En la cinta lo convierto en algo real; sientes que no tienes límites, algo con lo que todos podemos identificarnos. Cuando eres adolescente, pones a prueba los límites de tu vida y no tienes miedo a la muerte.

Sigues entonces preocupándote en tu cine por la adolescencia, un momento muy especial de nuestras vidas en el que todo se siente como un gran drama o una gran fiesta…
Sí, a esa edad las posibilidades parecen ilimitadas, pero también es aterrador, porque la relación con la muerte es completamente irreal. Es algo que aparece en las películas que dirijo. Es fascinante porque te sientes invisible y no temes las consecuencias de tus actos. En El chico de los pantalones rosas, que está basada en una historia real, la de Andrea Spezzacatena, el protagonista no dimensiona las consecuencias reales de intentar suicidarse. Podría haber sido una película más oscura, pero no quería hacer algo nihilista ni desesperanzador. Todos los personajes de esta nueva película y de la anterior comparten ese sentido mágico de la adolescencia: la exageración, la intensidad absoluta de los sentimientos. Cuando sientes algo, es total, definitivo. Como recurso narrativo resulta atractivo, porque los personajes adolescentes permiten que la historia tome giros que en roles adultos necesitarían motivaciones mucho más fuertes. Es el momento clave en el que estás llegando a ser persona. Es una etapa que todos hemos vivido y con la que podemos identificarnos. Las preguntas que te haces a los 15, 16 ó 17 años son las mismas, seas gay o heterosexual, estés embarazada o seas deportista. Las respuestas cambian, pero las preguntas sobre la identidad son las mismas.

¿Por qué decidiste dirigir una película sobre una historia real tan impactante como la de El chico de los pantalones rosas?
Leí el proyecto porque mi agente me lo envió. La productora había adquirido los derechos del libro escrito por Teresa Manes, la madre de Andrea, y ya estaban escribiendo el guion. La idea no fue mía, pero supe inmediatamente que quería dirigirla. Recuerdo cuando ocurrió, en 2012: yo vivía en Roma y formo parte del colectivo LGBTQI+, así que participé en una marcha cuando Andrea murió. Ese acontecimiento cambió mucho el movimiento por los derechos LGBTQI+ en Italia: movió conciencias. Saber que un chico tan joven decidió quitarse la vida porque era considerado “diferente” era algo demasiado doloroso e inaceptable. Para mí era importante que la dirigiera alguien con el punto de vista adecuado. Había que respetar el dolor de Teresa, que desde la muerte de Andrea lucha para sensibilizar a los jóvenes sobre el bullying y sus consecuencias. Esta es una película sobre la homofobia, pero sobre todo sobre la empatía.

¿Tuviste que cambiar algo del libro para adaptarlo al cine?
Sí. El libro empieza con Teresa descubriendo la muerte de su hijo, mientras que la película comienza con el nacimiento de Andrea, quien no dejó notas ni explicaciones, lo que añade más tragedia. La historia está contada desde su mirada. Al final de la película, cuando la vemos escribiendo el libro, la voz en off cambia de Andrea a Teresa: es su declaración de lo que cree que pasó, aunque no tenga certeza.

¿Por qué decidiste no mostrar el momento de la muerte?
Era fundamental que tratara sobre la vida de Andrea, no sobre su desaparición. Antes de entrar al cine, ya sabes cómo termina el film. Teresa quería una película vital y llena de energía, como era su hijo. Por eso esta es una película sobre la empatía: solo desarrollando empatía hacia los demás podemos construir la sociedad donde queremos vivir.

Pero el bullying persiste en nuestros días… ¿por qué?
Es violencia psicológica, física o digital. Surge de sentimientos negativos humanos. No quise mostrar al acosador como un villano de ciencia ficción, sino como alguien incapaz de gestionar sus propios sentimientos, que los convierte en violencia. La solución es la educación, no solo en la familia, sino como sociedad: es más necesaria que nunca.

¿Las redes sociales pueden agravar este problema?
Todo espacio social, digital o físico influye en la identidad de los adolescentes. Para ellos, un comentario o un “me gusta” puede ser como una bala, tiene el mismo efecto que un puñetazo en un campo de fútbol. Es importante que los adultos lo entiendan.

Andrea era un chico ultrasensible. ¿Por qué la sensibilidad es repudiada como algo exclusivamente femenino por cierta masculinidad tóxica?
La división rígida entre lo masculino y lo femenino es un sistema de opresión; no refleja quiénes somos realmente, pues somos más complejos. Trabajé este tema con los actores jóvenes, especialmente con Samuele Carrino, que interpreta a Andrea, y Andrea Arru, que encarna a Christian. Christian no acosa porque sea malo, sino porque tiene miedo de la forma en que Andrea expresa sus sentimientos y su identidad. No sabemos si Andrea era heterosexual o gay, y eso no importa. Lo importante es que rompe las expectativas de género. La película trata menos sobre la homosexualidad y más sobre romper las expectativas y normas sociales relacionadas con el género.

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