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TESALÓNICA DOCUMENTALES 2026

Adrián Silvestre • Director de Cobijo

“Estas son las personas más vulnerables con quienes he trabajado nunca”

por 

- El director español habla de limitaciones, intimidades, fraternidad y anhelo de visibilidad al presentar su nuevo film, rodado en Guatemala, en un hogar para refugiados

Adrián Silvestre • Director de Cobijo

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es el nuevo film del director español Adrián Silvestre (Mi vacío y yo [+lee también:
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), que se ha estrenado en el Festival de Documentales de Tesalónica y pronto se podrá ver en el de Guadalajara (México). De lo complejo que ha sido su gestación nos habla a continuación.

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Cineuropa: En Cobijo has sido productor, director, guionista y hasta montador.
Adrián Silvestre:
Ha sido como una vuelta a mis orígenes, cuando tuve que producir mis primeras dos películas e hice de todo. Cobijo surge de un encargo en un momento de mi vida en el que tenía el tiempo y las ganas de hacerlo. Me invitaron a rodar un documental con enfoque libre, pero que tuviera que ver con la realidad de la comunidad LGBTIQ+ en Centroamérica. Estuve investigando un tiempo a ver qué personas podían ser retratadas y descubrí en Guatemala un refugio de personas que habían dejado sus países por violencia y querían llegar a Estados Unidos. Pero allí, con las nuevas políticas migratorias de Trump, fueron automáticamente deportadas y, como no podían volver a sus países, se quedan en ese limbo. En él sigue habiendo espacio, entidades y gente con ese componente solidario que les ha dado un cobijo que va mucho más allá del simple refugio; tiene que ver con la escucha, el amor, arropar y asesorar, algo que todos los humanos necesitamos y que fue lo que a mí me ató a esa historia, la idea de que mañana nos puede pasar también a nosotros.

Éste es un largometraje coral, como Sedimentos, centrado en un grupo humano con algo común que convive.
Sí, posee lugares comunes con Sedimentos. La experiencia que tuve con aquella película me ayudó a estructurarme y organizarme en esta aventura, que ha sido la más inestable e imprevisible que he filmado en mi vida, porque yo no vivo en Guatemala. Cuando llegué allí tenía solo un mes y medio para volver a España con una película rodada. Estamos hablando de una historia con gente muy vulnerable que un día está aquí y mañana no sabe dónde va a estar, que ni me conoce como para confiar inmediatamente y contarme su vida, ni para ponerse a viajar con mi equipo. Y aquí volvimos a tener, como en Sedimentos, un equipo pequeño de cuatro técnicas y yo. Pero hasta que yo no llegara a Guatemala, no iba a ver quién vivía en ese refugio, no sabía si había 25 personas o dos, y si iban a querer participar en una película o si me iban a mandar a paseo… pero afortunadamente, cuatro personas que estaban allí quisieron participar.

¿Y cómo se consiguió ese nivel de cercanía que se observa en pantalla, con momentos de conversaciones muy íntimas?
En cuanto despertaba, a las tres o cuatro de la mañana, me iba con ellas. Yo estaba allí cocinando y comiendo como un amigo más, pues esa es la clave para realizar este tipo de películas. Y tratando de encontrar cuáles son los puntos que teníamos en común aparece la sombra del colonialismo de nuevo, aunque desde un lugar más contemporáneo. Pero esa condición no te la quitas nunca cuando estás filmando, porque se repite una y otra vez cuando las productoras de Europa, de Estados Unidos y de otras latitudes vamos a esos países a contar sus realidades ese factor de utilitarismo está presente. Para mí es importante despojarme de eso para poder trabajar en libertad. Pues si tratas de hacer algo tan íntimo, siempre tienes el sentimiento de que estás en deuda, de que tienes que pedir perdón por todo, de que no es un lugar legítimo para ti. Por eso me hubiera gustado haber tenido más tiempo. Porque con Sedimentos tuve cinco años para poder conocer a sus protagonistas, así que con Cobijo me hubiera gustado haber tenido más tiempo. Pero aún así se logró construir una relación entre todas: formamos una pequeña familia que se mantiene hasta hoy, pues sigo hablando con ellas cada semana. Es una película construida con vocación de visibilidad, para que pueda generar diálogo.

A pesar de los conflictos que han sufrido los protagonistas, hay algo de luz, humor y esperanza en este largo.
Creo que éstas son las personas con vidas más vulnerables con quienes he trabajado nunca, así que necesité encontrar un poco de esperanza y un tono de humor, la manera de pasarlo bien para luego poder llegar a otros lugares más dramáticos.

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