Júlia de Paz • Directora de La buena hija
“La violencia psicológica es difícil de demostrar, pero eso no significa que no exista”
por Alfonso Rivera
- La cineasta catalana aborda en su segundo largometraje asuntos como la violencia vicaria y muestra los centros de encuentros familiares con personas maltratadoras

Tras triunfar en el festival Black Nights de Tallin (leer noticia) y competir recientemente en el de Málaga se estrena el 10 de abril en España, con distribución de Avalon, La buena hija, nuevo film de Júlia de Paz tras Ama y su participación en las series Querer y Las largas sombras.
Cineuropa: Tu película aborda temas poco conocidos, llegando a momentos tensos y casi terroríficos, al hablar de asuntos como la manera en que afecta la violencia a los hijos, que crecen en circunstancias adversas, algo que ya trataste en el cortometraje Harta.
Júlia de Paz: Mi coguionista Nuria Dunjó y yo hicimos el corto como ensayo para ver si nos sentíamos cómodas tratando este tema y si éramos capaces de hacerlo con el respeto necesario. Lo proyectamos para asociaciones de víctimas de violencia machista y tuvo tan buena acogida que decidimos ampliarlo con el largo. Además, una amiga trabajaba en un Punto de Encuentro Familiar y me descubrió cómo funcionaban estos centros. Paralelamente nos entrevistamos con mujeres supervivientes de agresiones y todas sufrían miedo por sus hijos, a que pudieran sufrir violencia vicaria. Queríamos con la película ser fieles al punto de vista de los menores, pues sus derechos no son habitualmente tenidos en cuenta.
Pero la violencia psicológica sí aparece retratada en tu film.
Hay una falta de recursos brutal. En esos espacios de encuentro familiar se responsabiliza a las trabajadoras, que aguantan pocos meses, pues conviven con la frustración, porque solo pueden acompañar cinco minutos a los menores. La violencia psicológica es difícil de demostrar, pero no significa que no exista, porque no hay pruebas claras, físicas, que demuestren que se ejerce contra la infancia.
Además, en el film, la joven protagonista ha de tomar partido por su padre o madre…
A un niño le resulta complicado entender que su padre le pueda tratar así. Trabajamos mucho en guion el concepto de lealtad: el encontrarse en ese punto de tener que ser buen hijo, pues viven con una presión y ambivalencia brutales de querer cuidar a los padres sin tener herramientas para ello en edad tan temprana. Se trata de una madurez forzada.
En La buena hija las mujeres se cuidan, vigilan y protegen.
Porque hay posibilidad de apoyo, resiliencia y acompañamiento. Cuando hablábamos con las infancias, nos repetían que vivían con el estigma de convertirse en víctimas o agresores en el futuro.
Además, la víctima suele albergar sentimiento de culpa.
El tema de la culpa fue importante en la construcción de las tres generaciones que aparecen en el film: la abuela, la madre y la hija. El personaje del padre se acoge a la idea de ser una víctima: nos entrevistamos con reclusos para comprender de qué manera entendían el amor y los celos. Todos repetían la idea de que ellos eran la víctima: el personaje del padre lo construimos desde ahí.
En Ama, tu primera película, ya hablabas de madres e hijas.
El universo de la familia me genera preguntas: es un ámbito que influye mucho en la creación de la identidad. Mis films se centran en los personajes: la familia es un contexto ideal para asentarme en la evolución de los roles. Es un universo que me provoca dudas y curiosidad, por eso aparece en mis dos largometrajes.
¿Vas a seguir por ese campo o dirigirás, por ejemplo, un western?
¡Pues me gustaría! Me intrigan los géneros asociados a la mirada masculina, como es también el thriller: ¿y si le buscamos una perspectiva más femenina? A lo largo de la historia del cine hay tendencias, con la idea de que el cine intimista va más hacia las mujeres. Me apetece encontrar mi sitio también en aquel tipo de narraciones.
La buena hija triunfó en Tallin. ¿Te sorprendió?
Un montón, sobre todo el premio del público, aunque no acostumbran a aplaudir, pero ¡habían conectado con la historia!
Además, se premió a Kiara Arancibia, una actriz muy joven y aquí debutante.
Ella no fue consciente de tener el peso de la película, pues venía como a jugar y disfrutaba en el rodaje. Todo lo trabajamos desde ahí y con la música, conectando con las emociones a través de canciones. Además, ella tuvo de coach a Tamara Casellas, protagonista de Ama y que hace un pequeño papel aquí.
Y la cinta es una coproducción con Bélgica.
Parte de la postproducción la hicimos allí, teníamos como ideal Tengo sueños eléctricos y algún técnico de aquella cinta (y otro de Titane, otro título referente del proyecto) estuvo en la nuestra.
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