CANNES 2026 Fuera de competición
Pierre Salvadori • Director de La Vénus électrique
"Me gusta que estos dos personajes, con sus mentiras, se pongan a construir su propia ficción"
por Aurore Engelen
- CANNES 2026: El director francés nos habla de su nueva comedia llena de brío, al tiempo que el cineasta se adentra en el cine histórico con gran modernidad

Con su nueva película, La Vénus électrique, que inaugura el 79.º Festival de Cannes, Pierre Salvadori regresa con una comedia llena de malentendidos, grandes y pequeñas mentiras que desencadenan todo un festival de cuestionamientos sentimentales y existenciales.
Cineuropa: ¿Qué dirías que está en el corazón de la película?
Pierre Salvadori: Tenía muchas ganas de abordar esta paradoja: ¿se puede amar a alguien, o querer ayudarle, y traicionarle al mismo tiempo? Eso es lo que me fascina del cine: proyectar personajes movidos por sentimientos complejos en situaciones más o menos rocambolescas; observar tanto nuestros impulsos nobles como los más mediocres. La idea inicial viene de una película de Rebecca Zlotowski, Planetarium, en la que yo interpretaba a un director de los años 30. Un día, Rebecca me dijo: “Por si te sirve, la película que estás rodando cuenta la historia de una mujer que se enamora de un hombre al que está estafando. Le hace creer que va a ponerle en contacto con su esposa fallecida; se convierte en la portavoz de su rival y, cuanto más hace aparecer a la muerta, más desaparece ella”.
La película gira en torno a traiciones y mentiras, usurpaciones de identidad que acaban creando ficción por sí mismas.
Ese embrión de guion sugerido por Rebecca me parecía brillante porque, efectivamente, tienes a dos personajes que van a fabricar su propia ficción. Es como dos pequeños núcleos nucleares girando uno alrededor del otro a toda velocidad y produciendo ficción. No son elementos externos —algo que generalmente no me gusta en el cine— los que alimentan el relato, sino personajes cuyas obsesiones y deseos generan la historia. Se mienten, sí, pero lo hacen para elevarse, para salir de una situación dolorosa, casi por un impulso vital, y no por motivos perversos o vanidosos. Esa mentira que acaba revelándolos será el comienzo de una historia entre ambos.
Entre esas dos ficciones que orbitan una alrededor de la otra (Suzanne fingiendo ser la esposa fallecida de Antoine y Antoine ocultándole los sentimientos que empieza a desarrollar por ella), se inserta además otro texto en el relato: el diario íntimo de Irène, la mujer desaparecida de Antoine, que crea un vínculo entre las épocas y enriquece esa estructura de relatos encajados.
El diario íntimo de Irène acaba imponiéndose como un ideal de existencia para Suzanne cuando lo lee. Irène es alguien que libera y revela a las personas. Cuenta cómo conoció a Antoine y cómo hizo de él un artista; ve el diamante dentro de la piedra, es una especie de efecto Pigmalión, y eso va más allá de una relación amorosa. Es una mujer libre que se convierte en una inspiración para Suzanne y la ayuda a emanciparse. Ese diario desencadena una historia de amor por delegación, por proyección. Cuanto más se enamora Irène en el diario, más se proyecta Suzanne en esa historia.
Es tu primera “película histórica”. ¿Cómo decidiste abordar la época?
Al principio la abordé con mucha inquietud. Tenía miedo de caer en algo rígido o demasiado demostrativo. Le decía al director de fotografía que nunca había que filmar los decorados por sí mismos, que siempre debía haber en primer plano un personaje atravesado por una emoción muy fuerte, atrapado por una perturbación, para que la mirada estuviera siempre sobre él y no sobre el decorado.
La modernidad también pasa por unos personajes femeninos muy decididos.
La cuestión de nuestros orígenes como cineastas es fundamental. Mis primeros grandes impactos cinematográficos fueron las películas de Lubitsch y Hawks, con mujeres que caminan rápido, que tienen deseos intensos, una energía que las lleva a conducir el relato; mujeres emancipadas y libres. Desde Comme elle respire, tengo la impresión de haber filmado siempre personajes femeninos decididos. Irène representa la dimensión novelesca de la película. Quiere escapar de su condición, siente que esa precariedad la consume y la empequeñece. Despliega una enorme energía para salvar a Antoine y salvarse a sí misma; tiene también una parte de individualismo. Suzanne, en cambio, carece de autoestima; sabe que quiere otra cosa, pero no sabe exactamente qué quiere. Será esa aliada del pasado quien la salve. Aunque para ella sea complicado, porque siente que esa mujer la eleva y, al mismo tiempo, tiene la sensación de estar traicionándola. Suzanne encarna la dimensión más romántica de la película.
(Traducción del francés)
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