Paweł Pawlikowski • Director de Fatherland
“Se enfrentan a una Alemania dividida que, por un lado, es muy tosca y, por el otro, también lo es, pero de forma un poco más interesante”
por Jan Lumholdt
- CANNES 2026: El director polaco comparte algunas reflexiones sobre su nuevo trabajo, centrado en el regreso de Thomas Mann de su exilio en Estados Unidos a la(s) Alemania(s) de la posguerra

Fatherland, presentada en competición en el 79.º Festival de Cannes, puede considerarse fácilmente y de forma natural la tercera entrega de las historias de Paweł Pawlikowski sobre la Europa de la Guerra Fría y las secuelas de la Segunda Guerra Mundial (tras Cold War e Ida). El director polaco compartió algunas reflexiones sobre su nueva obra, centrada en el celebrado, y también problemático, regreso del autor galardonado con el Premio Nobel Thomas Mann de su exilio en Estados Unidos a la(s) Alemania(s) de la posguerra.
Cineuropa: Thomas Mann dejó Alemania en 1933 rumbo a Estados Unidos y regresó tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Tú dejaste Polonia por el Reino Unido en 1972, en plena Guerra Fría, y ahora has vuelto. ¿Sientes que compartes con él cierto ADN en este sentido?
Paweł Pawlikowski: Sí y no. Él era un adulto exitoso, y yo era un chico de 14 años que trataba de entender el mundo y aprender inglés, ya que no sabía ni una palabra. Me sentía como un perfecto idiota. Obviamente, Mann no.
¿Entonces, por qué lo elegiste como protagonista-catalizador?
Sentí que Mann y sus hijos, Erika y Klaus, formaban una combinación poderosa, incluso una especie de pócima. Se enfrentan a una Alemania dividida que, por un lado, es muy cruda y, por el otro, es… también cruda, pero un poco más interesante. También está ese triángulo amoroso, bastante asombroso y extraño, entre padre, hijo e hija. Un triángulo simbiótico, cargado de amor, lealtad y resentimiento. Así que decidí darle forma y convertirlo en una obra.
Sin embargo, has destilado gran parte de esto hasta la esencia. ¿Cómo consigues ser tan minimalista, como se aprecia en muchas de tus películas?
Por eliminación. Creando escenas que no tengan que explicar nada y que sean simplemente potentes e interesantes. Es un proceso continuo de escritura, reescritura y reducción, mientras intentas que todo resulte comprensible, para lograr esa escena con vida interior propia. Es algo que he desarrollado con los años en mis películas: intentar que la escena resuene sin ser demasiado explicativa ni didáctica.
Como demuestras en Fatherland, Cold War e Ida, la fotografía en blanco y negro en formato académico parece casar bien con este planteamiento. ¿Recuerdas cuándo empezaste a sentirte atraído por ese concepto?
Con Ida. Mi película anterior había sido bastante convencional, donde se veía exactamente qué botones se estaban pulsando, una gramática cinematográfica que, francamente, me impacientaba. Además, en Ida no teníamos mucho dinero. "Hagamos algo totalmente fotográfico", pensé. No moveremos la cámara. Lo contuvimos todo como en una fotografía, en parte inspirado en mis propios álbumes familiares de los años sesenta en Polonia. "Intentemos recrearlo", dijimos. "Compongámoslo como quizá hicieron antaño Bergman y Bresson". Se convirtió en una especie de aprendizaje para mí, una experiencia muy grata.
Has afinado mucho cada representación, con sutiles detalles que sugieren y definen los escenarios y la época. ¿Puedes hablarnos de este proceso?
Intento mostrar las cosas de forma interesante, a veces inesperada, colocar pequeños fragmentos en el encuadre, el diálogo y la narración, con mucha sutileza. Nace de llevar ya un tiempo haciendo películas, y me encanta crear estos mundos, mucho más que el de hoy en día.
La presencia de Hans Zichler y Sandra Hüller también es central. Encajan bien con la época y el contexto.
Ambos fueron decisiones evidentes. Sandra es una personalidad atemporal, y Hans tiene una elegancia natural y un gran sentido de la ironía que aquí funcionan a la perfección. También descubrí que había grabado los diarios de Mann para un pódcast muy ambicioso. Se puede decir que se sabía la lección al dedillo. August Diehl, que interpreta a Klaus, era admirador de la literatura de Klaus Mann en la vida real. Todo encajó de manera muy orgánica.
¿Es Fatherland la tercera parte de una trilogía junto con Ida y Cold War?
Funciona como tal, ¿verdad? Aunque no era el plan inicial.
¿Tienes más historias así en mente, en blanco y negro y ambientadas en la Europa de la posguerra? ¿Quizá las suficientes para un decálogo? Siendo polaco, deberías tener cierta licencia para ello.
Uf, entonces hay que ser muy trabajador. Kieslowski hizo las diez en año y medio. Yo soy un poco perezoso. Pero espero volver a hacer algo así. De hecho, estoy trabajando en algo ahora mismo, pero es demasiado pronto para hablar de ello.
Por último, ¿por qué el título Fatherland?
Es una palabra cargada de significado, ¿verdad? Tardó un tiempo en venírseme a la cabeza, pero el diálogo del principio, entre Erika y Klaus, sugería que funcionaría bien. Y Mann la empleó en sus discursos durante este periodo; de algún modo la rescató de los nazis, que la habían usado tanto que fue impronunciable durante un tiempo. Mann consiguió que dejara de resultar embarazosa.
(Traducción del inglés)
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