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CANNES 2026 Proyecciones especiales

Diego Luna • Director de Ceniza en la boca

“Creo que el cine por definición es político, no hay manera de evitarlo”

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- CANNES 2026: El actor y director mexicano habla de los conceptos de migración e identidad, reflexionando sobre el cine político y la construcción colectiva del trabajo actoral

Diego Luna • Director de Ceniza en la boca
(© 2026 Fabrizio de Gennaro para Cineuropa - fadege.it, @fadege.it)

Diego Luna, director de Ceniza en la boca, seleccionada entre las Proyecciones especiales del 79.° Festival de Cannes, se sentó con nosotros para hablar sobre las implicaciones políticas de la historia, basada en la novela de la escritora mexicana Brenda Navarro.

Cineuropa: ¿Te interesaba hacer una película específicamente latinoamericana o una sobre el concepto general de la migración? ¿Buscabas que tuviera una dimensión política o un sentido de responsabilidad?
Diego Luna:
La historia sí es específica a un contexto, es la historia de una migración mexicana, que no es la común, porque normalmente hay una migración al norte, a Estados Unidos. Sin embargo, esa migración ha encontrado cada vez más resistencia. La primera y muy grave es la violencia con la que los migrantes se encuentran cuando van por México viajando hacia el norte. Y después, el discurso de odio de Donald Trump y la nueva política migratoria que también es una alerta que ya se escuchó en toda Latinoamérica. Entonces, España se ha vuelto un puerto seguro para la migración de Latinoamérica. Yo creo en la especificidad de las historias para conseguir su universalidad, y lo que me parece es que la única certeza que todos tenemos es que la complejidad de la migración y el fenómeno de la migración solo va a escalar. La película para mí busca eso, poner un espejo frente a quienes reciben, espero que haga a los espectadores preguntarse: ¿Quién soy cuando recibo? ¿Cuánta ignorancia e indiferencia estamos dispuestos a aceptar? ¿Vamos a seguir sin esa curiosidad por preguntarnos por qué está el otro haciendo lo que hace? La película lo hace con paciencia y sin explicar los motivos de la madre. La hija crece sintiendo abandono y, ya adulta, entiende que quizá fue un sacrificio. Ahí empieza a reconocerse, aunque ese reconocimiento no siempre sana las heridas.

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¿Entonces es cine político?
Yo creo que el cine por definición es político, no hay manera de evitarlo. Me gusta el cine que se enfrenta a mí como espectador e intento hacer lo mismo.

Hablando de España, en la película aparece como un lugar donde buscar otra vida, pero también como un sitio difícil para integrarse. ¿Qué reacciones esperas del público europeo, y del español en particular? ¿Y qué diferencias crees que habrá con la reacción de los mexicanos?
Yo creo que va a pasar algo lindo e interesante en España, y que la película se va a sumar a algo que ya está sucediendo ahí, y en Europa en general. Ahora hay un debate y posiciones que parecen completamente polarizadas en relación al tema y espero que Ceniza en la boca encuentre algún nicho en medio. En Estados Unidos, el tema se ha vuelto una discusión maniquea, como si todo fuera blanco o negro, y Donald Trump lo ha reducido a una lógica simplista de buenos y malos: los que llegan son “malos” y hay que protegerse. Así se justifica también el uso de la fuerza del Estado. Pero las complejidades para la comunidad latinoamericana al integrarse en un país como España son mucho más profundas. Cuando no entendemos la migración correctamente, nos estamos perdiendo algo que podría ser maravilloso, un intercambio que podría ser profundamente enriquecedor. Ahí hay una oportunidad de oro y más nos vale tomarla como sociedad. En este sentido, me gusta usar el ejemplo de la música: qué hermoso es cuando se deja influenciar. Quiero pensar que habrá mucha gente dispuesta a bajar la guardia y a dejar de proteger algo que, en el fondo, es absurdo, porque de un día para otro te lo pueden quitar o te mueres y te vas sin nada. ¿Entonces qué es lo que estamos cuidando? ¿Qué puede ser más importante que esa posibilidad de reflejarnos en el otro, entendernos y recibir al otro?

¿Qué aprendiste al dirigir a Anna Díaz y Adriana Paz? ¿Hay algo que les hayas dado que no suele encontrarse en los sets donde ha trabajado como actor?
Primero, poder aclarar todas las dudas que tuviéramos. Con Anna en particular tenía que haber un entendimiento total de qué estábamos haciendo y qué estaba pasando con el personaje en cada momento. Con Adriana también, para mí era muy importante llenar toda la historia que no se cuenta en la película, todo el background. Ella tuvo una experiencia muy cercana a la película en Barcelona, tiempo atrás. Además de conocer el libro, conoció a esa comunidad y estuvo de joven en Barcelona viviendo ahí un tiempo como extranjera. Entonces ella también traía todo un bagaje y toda una experiencia que fue muy interesante escuchar y que de alguna forma nos sirvió para construir la historia. En general, es fundamental crear el espacio adecuado para actores y actrices. Muchas películas fallan porque descuidan ese momento esencial. El tono de una película lo construye todo el equipo, dentro y fuera del set. Algunas escenas salieron en una sola toma, como la del novio llegando, bailando reggaetón y sumándose a las amigas en un único plano, mientras que otras necesitaron muchísimas repeticiones. Y era importante que Anna, como actriz principal, entendiera que no se trataba de hacerlo bien o mal, sino de algo colectivo. No creo en el concepto de actor “de primera toma”: el cine es un trabajo en conjunto.

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