Manuela Martelli • Directora de El deshielo
“Tanto Chile como Alemania tienen un momento muy claro en su historia en el que empezaron a recuperar su democracia”
por Savina Petkova
- CANNES 2026: La directora de 1976 aborda las implicaciones políticas e interpersonales de su segundo largometraje

La actriz y directora Manuela Martelli regresa a Cannes con su segundo largometraje, El deshielo, presentado en la sección Un Certain Regard. La película narra un relato de iniciación ambientado en los Andes chilenos en 1992. Mientras Chile exhibe un iceberg en la Expo '92 de Sevilla, una estación de esquí familiar se convierte en el microcosmos de Inés (Maya O’Rourke), una niña de nueve años cuyos abuelos son los propietarios del complejo. Allí entabla amistad con Hanna (Maia Rae Domagala), una esquiadora alemana de competición de quince años, y esa relación marcará profundamente a Inés y a su futuro. Tras el estreno de la película, Cineuropa se ha sentado a hablar con la directora sobre el simbolismo de El deshielo.
Cineuropa: Inés tiene nueve años y Hanna quince. ¿Por qué elegiste esa diferencia de edad?
Manuela Martelli: Me gusta la idea de que un niño o una niña tenga un referente al que admire. ¿Y quién puede ser ese referente? Alguien en quien te gustaría convertirte, alguien a quien admiras o incluso alguien que despierta deseo. Las dos protagonistas están atravesando una etapa de transición. Una está dejando atrás la infancia; la otra está entrando en la edad adulta. Están relativamente cerca [en edad], pero al mismo tiempo muy lejos [en cuanto a su desarrollo]. Aun así, todavía pueden jugar juntas.
Ellas no son tan conscientes de sus respectivas nacionalidades como lo es el público. ¿Puedes hablar de ese encuentro entre Chile y Alemania en 1992 a través de estos personajes?
Creo que ambos países tienen muchas cosas en común. Los dos cuentan con un símbolo muy potente, un momento muy claro de su historia que marcó el regreso a la democracia. En Alemania fue la caída del Muro de Berlín; en Chile, el fin de la dictadura, aproximadamente en la misma época. Así que me planteé una pregunta: ¿qué estaba ocurriendo? ¿Por qué esos dos acontecimientos históricos —la caída del Muro y la recuperación de la democracia en Chile— sucedieron tan cerca en el tiempo? Hay una razón, y tiene mucho que ver con la forma en que el capitalismo se convirtió en el sistema dominante del mundo occidental y con la facilidad con la que fue aceptado. En aquel momento existía una esperanza, la promesa de que quizá ese sistema conduciría a algo positivo para todo el mundo.
En la película hay varios niveles de ocupación: España quiere invertir en el turismo y, en un principio, suponemos que acabará absorbiendo el pequeño negocio familiar, pero después descubrimos que el hotel fue construido sobre tierras indígenas y que quienes antes eran sus propietarios ahora trabajan en la recepción. ¿Qué aporta al espectador descubrir esa cadena de propiedad y de poder de forma gradual?
La cuestión de la tierra está en la esencia misma de Chile, y los terrenos donde rodamos pertenecen a la comunidad mapuche; la mayor parte de esas tierras les fueron arrebatadas. Con la película también quería rastrear el origen del terreno sobre el que se levantó el hotel, así que parecía muy plausible que anteriormente hubiera pertenecido a las personas que hoy trabajan allí. Y, con la llegada de inversiones procedentes de Europa, ¿qué cambios se producirían en la estructura social, en la sociedad y en el paisaje? ¿Y en beneficio de quién?
¿Qué significa hoy poder rodar una película en esas tierras?
La distribución de la tierra y las personas desaparecidas durante la dictadura son cuestiones de las que no hablamos lo suficiente. Les debemos mucha atención y, sin embargo, siguen rodeadas de un enorme silencio. Creo que no queremos enfrentarnos a ello, por lo que resulta aún más importante empezar a contar historias ambientadas en esos lugares y hacerlo desde distintos puntos de vista.
Inés es observadora y muy curiosa, pero es demasiado joven para cargar con la responsabilidad de todo lo que ve. Sin embargo, parece que, cuando crezca, podría convertirse en una de esas personas que se niegan a guardar silencio.
Exactamente. Creo que esa es la parte esperanzadora de la película: que Inés transforme esa experiencia en acciones cuando sea mayor. También depositamos esperanza en ella, en que logre hacer justicia consigo misma y, al mismo tiempo, contribuir a hacer justicia a la memoria.
¿Por qué era importante rodear a la protagonista de una comunidad de mujeres?
Como mujer, me surge de forma natural retratar aquello que amo del mundo que conozco. Es una manera de comprenderme mejor a mí misma y de comprender mejor a las demás mujeres. Quiero construir retratos de nosotras para que podamos mirarnos en un espejo que refleje quiénes somos. Además, el cine sigue teniendo una carencia de personajes femeninos realmente complejos. La diferencia entre la profundidad con la que suelen construirse los personajes masculinos y los femeninos continúa siendo muy grande. Yo lo considero una deuda que el cine tiene con las mujeres.
(Traducción del inglés)
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