Andrey Zvyagintsev • Director de Minotaur
"Era muy importante mostrar ese momento en el que no se puede eludir la responsabilidad ética"
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: El cineasta ruso en el exilio nos habla de su libre adaptación de una película de Claude Chabrol, con el telón de fondo de la guerra desencadenada en 2022 por Rusia

Minotaur, presentada en la competición oficial del 79.º Festival de Cannes, es el sexto largometraje del cineasta ruso —hoy en el exilio— Andrey Zvyagintsev.
Cineuropa: ¿Qué extraño proceso te llevó a la idea de adaptar libremente la película La mujer infiel (1969), de Claude Chabrol?
Andrey Zvyagintsev: La idea se me ocurrió en 2017 o 2018, después de terminar Sin amor. Le pedí a mi viejo amigo Joël Chapron que me hiciera una lista de las películas francesas más importantes de los años 60 y 70, para ver si había alguna de la que quisiera hacer un remake. Inicialmente, había querido hacer una nueva versión de Secretos de un matrimonio, de Ingmar Bergman, pero había un problema con los derechos. Entonces pensé: ¿por qué no otra película? Vi todas las películas francesas de la lista de Joël y me di cuenta de que La mujer infiel era la que más captaba mi atención y la que permanecía en mi memoria. Porque, más allá del título, evidentemente, uno comprende muy rápido, al cabo de apenas tres minutos de película, que la mujer es infiel. Se trata, por tanto, de una especie de antisuspense. Después, pasamos la mitad del largometraje observando, a través de los ojos del marido, a esa mujer de la que sospecha y cuya infidelidad acabará comprobando. Para mí, la observación es la materia misma del cine, algo que me fascina desde siempre. Pero esta idea del remake la tuve cuando aún no existía la guerra. Mi idea consistía en limitarme a trasladar la trama al contexto ruso. Y luego, en 2022, cuando la guerra en Ucrania llevaba ya seis meses en marcha, Nathanaël Karmitz (mk2) me confirmó su interés en trabajar conmigo. Estábamos en septiembre y, dos semanas más tarde, comenzó la famosa movilización parcial en Rusia, que fue una catástrofe absolutamente fundamental para los rusos. Así que mi coguionista, Simon Liachenko, y yo pensamos que eso era precisamente lo que podía aportar contenido y crear tensión, por lo que entrelazamos lo político y lo íntimo en la película.
¿Cómo trabajaste esa interrelación que incluso puede convertirse en una parábola completa si se considera a la esposa del protagonista como su territorio?
Podría ir incluso más lejos. Digamos que la película ofrece muchos niveles de lectura. También vemos una especie de intimidad, un paso del accidente a la barbarie si consideramos, por ejemplo, el asesinato que comete Gleb durante la película. También observamos cómo las cosas evolucionan y cómo es imposible esquivar la responsabilidad. Y está además toda esa terrible responsabilidad ética que el personaje asume y que habría preferido no asumir. Habría preferido no ver jamás los rostros de esas personas a las que, en realidad, ha condenado a muerte: esas catorce personas. Pero la vida tiene otros planes, ya que Natalia, la responsable de recursos humanos, lo lleva a la sala, orgullosa de mostrarle que había logrado lo imposible: contratar a esas catorce personas. Ella desconocía el plan que había detrás de todo aquello. Y, por culpa de ello, él ve sus rostros.
Era muy importante mostrar ese momento, porque demuestra que no se puede escapar de la responsabilidad ética. Después se fija en un joven que solo tiene 21 años y piensa que, en fin, debería salvarlo. Pero al salvarlo, condena a otra persona. En la película hay muchas cuestiones relacionadas con la responsabilidad ética y con el asesinato.
¿Cuáles eran tus principales intenciones en términos de puesta en escena?
Trabajé, como de costumbre, con muchas secuencias largas. Además, la villa que elegimos es una especie de acuario transparente. Muchas cosas suceden a través de los cristales. Observamos una escena, escuchamos el sonido desde el exterior y los acontecimientos se desarrollan tras el vidrio. Buscamos esa separación en todos los decorados. La vemos en el despacho de Gleb, en los espacios diáfanos de oficinas, en la entrada de la empresa, etc. La intención era mostrar la dificultad de los personajes para estar juntos, para compartir los mismos espacios, para convivir.
¿Con esta película has pasado de ser un cineasta exiliado a convertirte en un opositor político?
Que lo decidan ellos mismos. Yo simplemente hago cine. Soy un director ruso que vive fuera de su país. Pero incluso estando fuera, no puedo dejar de hablar de aquello que hoy constituye la preocupación de todos, de aquello que ocupa los pensamientos y las emociones de los rusos en la actualidad.
(Traducción del francés)
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