CANNES 2026 Semana de la Crítica
Aina Clotet • Directora y actriz de Viva
“La película se mueve entre dos fuerzas: el miedo y el deseo"
por Alfonso Rivera
- CANNES 2026: La ganadora del premio a la revelación nos habla de su debut como directora de largometrajes, de su humor, de la ciencia y de la resiliencia

Tras ser premiada como mejor actriz en el festival Canneseries con su serie Esto no es Suecia, que también creó y dirigió, la catalana Aina Clotet ha cosechado ahora el premio a la revelación en la Semana de la Crítica del 79.° Festival de Cannes, por su actuación en su primer largometraje como directora, Viva.
Cineuropa: ¿Qué balance haces de tu paso por Cannes, que te ha acogido tanto en formato serie como película?
Aina Clotet: El paso por Cannes ha sido un sueño. Estamos muy emocionados de que una sección tan exigente como la Semana de la Crítica seleccionara la película. Solo eso ya era un premio; nos posicionaba, nos abría puertas y conectaba con el mundo. Pensar que, de más de mil películas, solo escogieran siete nos parecía imposible, así que formar parte de esa selección ya era un reconocimiento enorme. Además, haber recibido uno de los premios más importantes nos hace sentir profundamente agradecidos. Es una oportunidad maravillosa para que la película viaje y conecte con una audiencia internacional. Ahora tenemos muchísimas ganas de compartirla con el público español el 19 de junio, con el público francés el 14 de octubre y, ojalá, con muchos más espectadores en otros países próximamente.
¿Es el humor un excelente antídoto para afrontar problemas?
Sin duda, es el mejor antídoto para afrontar todos los problemas. Tanto Valentina Viso (la coguionista, conmigo, de Viva) como yo tenemos una mirada impregnada de humor; es algo natural en nuestra forma de acercarnos a la vida. Pero precisamente porque el humor es algo frágil, desde la dirección he intentado cuidarlo. He trabajado ese equilibrio en todos los procesos (desde el casting hasta el montaje) para que esa ligereza estuviera presente sin restarle profundidad a la historia. Me interesaba que el viaje de liberación de esta mujer pudiera abordarse desde un lugar luminoso, porque creo que el humor nos permite entrar de una manera más honesta y humana en temas dramáticos y complejos.
¿Cuánto de ti hay en la protagonista de Viva, aparte de ser hija de un científico también?
La película es ficción, pero hay mucho de mí en ella. La energía de Nora, resiliente y apasionada, se parece a la mía, aunque también hay mucho de Valentina Viso y de amigas nuestras. Es el retrato de una mujer de cuarenta años con sus miedos, contradicciones e imperfecciones, y creo que muchas mujeres pueden verse reflejadas en ella. También hay una parte personal en el hecho de ser hija de científicos. Me apetecía mucho acercarme al mundo de la ciencia y dialogar con investigaciones reales. Me parecía fascinante que una mujer con un miedo profundo a la muerte estuviera, al mismo tiempo, investigando cómo alargar la vida, en un mundo atravesado por la sequía y que coloca la salud mental en primer lugar. Esa contradicción nos interesaba muchísimo.
¿Por qué nos aferramos a la vida cuando vemos los cuernos a la muerte?
Cuando recibimos una noticia fuerte o sentimos la cercanía de la muerte, tomamos conciencia de algo que intentamos olvidar: la impermanencia. Creo que nos cuesta convivir con esa idea, y es uno de los temas que más me interesaba explorar. En el caso de Nora, cuando ese miedo se le instala en el cuerpo, lo que necesita desesperadamente es sentirse viva físicamente. Por eso se lanza de manera tan feroz al deseo, a la historia de amor, pero también a vivirlo todo con intensidad: en el trabajo, en sus relaciones, en cada decisión. La película se mueve entre dos fuerzas: miedo y deseo. Y esa huida hacia adelante nace de una necesidad insaciable de sentirse viva.
¿Resulta complejo equilibrar comedia y drama?
Sí, porque el equilibrio tonal era una de las cosas más delicadas del film. Desde el guion trabajamos para que la comedia y el drama convivieran de una manera orgánica, sin que uno invalidara al otro. Nos interesaba que el humor apareciera casi como una respiración dentro de situaciones muy intensas emocionalmente. Y desde la dirección fue un trabajo que intenté cuidar mucho, de calibración. El tono depende de muchísimos elementos: el ritmo, el montaje, la música, pero sobre todo de los actores y de cómo sostienen la verdad emocional de las escenas. Había secuencias que podían desplazarse muy fácilmente hacia un lugar demasiado dramático o caricaturesco, así que intentamos encontrar siempre un punto de verdad y de ligereza al mismo tiempo. Creo que el reto era conseguir que el espectador pudiera emocionarse, reírse y sentirse incómodo casi dentro de una misma escena, porque la vida muchas veces funciona así.
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