Carlos Saiz • Director de Lionel
“Mi trabajo consistía más en generar estados de ánimo y crear las condiciones adecuadas para que las cosas sucedieran”
por Mariana Hristova
- El cineasta español habla sobre el largo proceso de confianza detrás de su debut, donde acompaña un viaje íntimo marcado por la reconciliación y los silencios heredados

Hablamos con Carlos Saiz con motivo de la participación de su ópera prima, Lionel, presentada en la Seminci de Valladolid y proyectada ahora en la competición del Festival de Transilvania. El director comenta el origen del proyecto, su método de trabajo con personas reales y la manera en que el cine terminó convirtiéndose en un espacio de encuentro para sus personajes.
Cineuropa: Has contado en alguna ocasión que, cuando conociste a Lionel, sentiste el impulso de retratarlo. ¿Qué te atrajo de su personalidad o de su historia?
Carlos Saiz: Fue un flechazo. Lionel tenía todos los ingredientes para acabar en un lugar oscuro, pero al mismo tiempo poseía una luz y una capacidad de cautivar a quienes le rodeaban que me atrapó desde el principio. Durante mis estudios de cine recurría constantemente a él para escribir. Más tarde conocí a Lionel padre, y entendí que la relación entre ambos merecía una película.
La película retrata una intimidad muy profunda. ¿Cómo aceptaron padre e hijo convertirse en protagonistas?
Fue un proceso muy orgánico. Antes del largometraje hice con ellos el documental corto, La hoguera, que fue el inicio de todo. Nunca hubo una conversación formal para convencerlos. Durante años construimos una relación de confianza. Además, el cine terminó funcionando casi como una herramienta para comunicarse, como una terapia. Había cosas que les resultaba difícil decirse a solas y que, delante de una cámara, podían expresar.
¿Dónde se ubican Lionel y su padre en la sociedad española de hoy?
Durante la escritura hablamos mucho de ese choque entre masculinidades. Lionel rompe ciertos estereotipos. Por su aspecto con los tatuajes y todo podría encajar en una imagen muy concreta, pero en realidad es alguien extremadamente sensible, con una necesidad profunda de explorar sus emociones y comprender las heridas de su pasado. Eso fue precisamente lo que me fascinó de él.
Lionel padre, en cambio, representa una masculinidad más antigua, más cerrada emocionalmente. Es alguien que cree en ciertas estructuras tradicionales y que tiene dificultades para aceptar una forma de vida más libre. Pero también es un personaje lleno de contradicciones y de humanidad. La película intenta mirar más allá de sus defectos y encontrar el corazón que hay detrás.
El padre parece pertenecer a una generación marcada por los excesos y las contradicciones de la España posterior al franquismo.
Totalmente. Él fue la oveja negra de una familia muy estructurada, con generaciones de bomberos. Sufrió un accidente gravísimo siendo joven, pasó años hospitalizado y aquello cambió su vida. Después vinieron matrimonios, divorcios y muchos errores. Curiosamente, alguien que tuvo una vida tan caótica intenta ahora imponer disciplina a su hijo. Está lleno de contradicciones, y eso lo convierte en un personaje muy interesante.
Aunque la película parece muy espontánea, ¿trabajasteis con guion, no?
Sí, existía un guion muy detallado, pero ellos nunca lo leyeron. La película está escrita a partir de quienes son ellos realmente, así que necesitaba que reaccionaran de manera natural. Mi trabajo consistía más en generar estados de ánimo y crear las condiciones adecuadas para que las cosas sucedieran.
Además, rodamos cronológicamente –en Murcia, Francia y, al final, otra vez en Murcia– para seguir la evolución de la comunicación. Desde el punto de vista de la producción, no fue precisamente la opción más rentable a nivel logístico. Pero era fundamental, porque el viaje transforma de verdad la relación entre ellos. Antes de la película, nunca habían convivido más de unos días seguidos desde que Lionel era un niño. Esa evolución necesitaba producirse de manera real delante de la cámara.
La música tiene una presencia muy importante en la película.
Quería que funcionara como una guía emocional para el espectador y también como una forma de conectar esta historia con ciertos códigos de la road movie. Muchas canciones proceden de una lista que Lionel me compartió durante la escritura. Es música importante para él y para su padre, así que la banda sonora nace directamente de sus vidas. A medida que avanza el viaje, también evoluciona la música: pasa de momentos más ligeros a otros más dramáticos y finalmente más luminosos.
La película se presenta ahora en Transilvania, un lugar ligado a vuestra historia. Cuéntanos unos detalles, por favor.
Es algo muy emocionante. Hace diez años Lionel vivió un Erasmus en Cluj-Napoca y su padre nunca entendió realmente por qué se fue, lo pensaba como una pérdida de tiempo. Ahora los tres viajamos allí para presentar la película y, además, será la primera vez que Lionel padre tome un avión. Me gusta poner un énfasis en este vínculo, quizá porque él por fin pueda comprender que aquella experiencia tuvo sentido para su hijo. De alguna manera, la película sigue viva y continúa acompañándonos.
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